Frank Rainieri
Frank Rainieri, el magnate dominicano que niega ser la mano negra en el caso Julio Iglesias
El fundador del Grupo Puntacana se ha visto obligado a aclarar que mantiene una buena relación con el cantante
El nombre de Frank Rainieri volvió a sonar con fuerza en nuestro país no por un nuevo proyecto turístico ni por una alianza empresarial, sino por la polémica que rodea a Julio Iglesias. Las denuncias presentadas por dos antiguas empleadas del cantante, que relataron presuntos episodios de acoso y maltrato en residencias situadas en República Dominicana y Bahamas, colocaron el caso en el centro de la atención mediática. Aunque la Fiscalía española decidió no admitir las denuncias a trámite al considerar que los hechos habrían ocurrido fuera del país, el asunto siguió generando titulares y abrió la puerta a especulaciones sobre posibles intereses externos en la difusión del caso.
En ese contexto, algunas declaraciones del entorno del artista apuntaron, de forma velada, a un antiguo socio local como posible «mano negra». Esa alusión hizo que las miradas se dirigieran hacia el fundador del Grupo Puntacana, que salió al paso de los rumores para defender públicamente su relación con el cantante. «Julio es mi amigo. Si él es un gran cantante, es mejor como empresario», afirmó Rainieri en una entrevista en El Tiempo Justo, y explicó que ambas familias mantienen un trato cercano y que, además, son vecinos.
El magnate dominicano añadió que nunca ha presenciado comportamientos inapropiados en la residencia de Iglesias y que ni su entorno ha visto nada fuera de lo normal en la zona donde viven, señalando que este tipo de polémicas suelen ir acompañadas de «celos y envidia».
Julio Iglesias en una imagen de archivo
Para entender por qué esa insinuación tuvo recorrido, es necesario retroceder varias décadas y mirar más allá de la controversia. Nacido en Santo Domingo el 24 de octubre de 1945, procede de una familia con raíces italianas y tradición hotelera. Sus abuelos, emigrados desde Italia, abrieron pequeños establecimientos en el norte del país, y esa herencia de hospitalidad marcó su visión desde joven.
Ese espíritu emprendedor se concretó con apenas 24 años, cuando se asoció con el abogado estadounidense Theodore Kheel para comprar miles de hectáreas de terreno virgen en el este de la isla. Aquella apuesta, arriesgada en su momento, acabó transformándose en Punta Cana, hoy uno de los destinos turísticos más conocidos del Caribe, con aeropuerto propio, complejos hoteleros, campos de golf y una marina que atrae a embarcaciones de todo el mundo.
El crecimiento del proyecto llamó la atención de figuras de proyección internacional. En los años noventa, se sumaron nombres como Óscar de la Renta y Julio Iglesias a distintos desarrollos residenciales y hoteleros en zonas como Los Corales y Arrecife. El diseñador aportó su sello de elegancia con espacios como el hotel Tortuga Bay, mientras que el cantante invirtió en propiedades y dio al enclave una visibilidad global. Con el tiempo, la relación empresarial se fue enfriando y, en 2018, Iglesias vendió la mayor parte de su participación, manteniendo solo un porcentaje minoritario en el aeropuerto.
Fuera del ámbito de los negocios, su vida personal también ha tenido un peso importante. Está casado con Haydée Kuret de Rainieri, directiva del grupo y una figura destacada en el sector turístico nacional. Juntos han formado una familia que hoy también está integrada en la estructura del holding: su hijo Frank Elías ocupa la dirección ejecutiva, Paola lidera el área de marketing y Francesca está al frente de las finanzas. El propio patriarca ha contado en varias ocasiones que quiso educarlos lejos de los excesos asociados a la riqueza. «A mis hijos nunca les dimos Ferraris ni nada de eso», ha dicho, defendiendo una cultura de esfuerzo dentro de una empresa que hoy agrupa más de una decena de compañías y da trabajo a miles de personas en la región.
En los últimos años, ese legado ha recibido premios y reconocimientos. En 2025, el Grupo Puntacana obtuvo el Premio Nacional de Turismo de la República Dominicana por su contribución al desarrollo sostenible. Un año antes, él y su esposa fueron distinguidos en Miami por la Reina Sofía por su labor empresarial y humanitaria.