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Ana Milán

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Ana Milán: de su pisazo en Madrid a sus conquistas amorosas

La actriz alicantina visita El Hormiguero para presentar en primicia su primera novela, Bailando lo quitao

Ana Milán vive como habla: con carácter, sin filtros y sin miedo a mostrarse tal cual es. Su piso en el madrileño barrio de Argüelles es un reflejo exacto de esa personalidad rotunda. Una vivienda de 120 metros cuadrados situada en el distrito de Moncloa-Aravaca, en pleno Ensanche histórico, delimitado por Plaza de España y las calles Ferraz y Princesa. Una zona señorial donde aún sobreviven palacios como el de la Infanta Isabel de Borbón y edificios de gran valor arquitectónico. El precio medio en el barrio ronda los 690.000 euros.

Piso Ana Millán

Piso de Ana Millán

Para reformar y vestir su casa confió en el interiorista Fabián Ñíguez, con una idea muy clara desde el principio: «Quiero una casa donde mis amigos estén a gusto, donde sean felices».

La distribución se diseñó potenciando la luz natural, uno de sus principales deseos. Las ventanas con cristales acanalados filtran la claridad y aportan intimidad. La cocina actúa como eje vertebrador que separa la zona pública de la privada, pero sin imponerse visualmente. La actriz quería que la entrada tuviera una estética más cercana a una boutique que a una cocina tradicional, evitando esa sensación inmediata de espacio doméstico.

Ana Milan

Casa de Ana Milán

El salón es el corazón de la casa. Lo preside una chimenea original del siglo XIX, tallada a mano en mármol de Carrara. Frente a ella descansa un sofá diseñado en exclusiva para la actriz, tapizado con un estampado geométrico que marca carácter. Dos pufs funcionan como mesas centrales y aportan versatilidad.

La decoración mezcla piezas clásicas y contemporáneas con naturalidad. Destacan esculturas como una cabeza de toro en tono turquesa colgada en la pared, bustos clásicos apoyados sobre libros (entre ellos uno dedicado a Coco Chanel) y jarrones escultóricos con detalles dorados. El contraste entre molduras oscuras y paredes blancas aporta profundidad y equilibrio.

Ana Milán

Detalle decorativo de la casa de Ana Milán

En el comedor, el gran protagonista es el papel pintado diseñado por Juan Gatti para Coordonné, inspirado en Yves Saint Laurent y con claras referencias a la estética de los años setenta. El mural, con motivos vegetales y animales en tonos dorados y negros, crea un ambiente sofisticado que se completa con sillas tapizadas en terciopelo naranja. Es, sin duda, uno de los espacios más llamativos del piso.

También ha reservado un rincón dedicado a la lectura, con una librería integrada en la pared del salón. Para Milán, llegar a casa es un ritual esencial. Ha confesado que su vivienda es el lugar que conoce «sus risas, alguna lágrima, amigos y amantes».

Ana Milán

Ana Milán

Su vida

En paralelo a esta etapa personal estable, la actriz atraviesa un momento profesional intenso. Acaba de publicar su primera novela, Bailando lo quitao (Planeta), un proyecto en el que ha trabajado durante cinco años. El libro narra la vida de una mujer de casi 80 años con una voz directa, sin concesiones y sin maquillaje emocional. Un estilo que inevitablemente recuerda a la propia Ana Milán.

Si su casa refleja estabilidad y su libro desnuda emociones sin adornos, su vida sentimental siempre ha estado marcada por la libertad. Nunca ha ocultado su forma directa de entender las relaciones. «El éxito en el amor es conocer muchas almas; no verle la cara al mismo pavo durante 30 años», ha dicho con su habitual ironía.

Fue pareja del actor y cantante Paco Morales, padre de su hijo Marco, con quien mantiene una excelente relación. Más tarde vivió una mediática historia con el exjugador de baloncesto Juan Antonio Corbalán, cuya boda prevista nunca llegó a celebrarse. En 2011 se casó con el realizador Jorge Juan Pérez en una ceremonia privada. También mantuvo una relación con Fernando Guillén Cuervo y, en los últimos años, se la vinculó al empresario gallego Luis Gestal, aunque en 2024 confesó estar soltera.

Sobre lo que busca en un hombre, ha sido igual de clara: «Uno guapo me gusta. ¿Pero para todo el rato? No lo sé, lo tengo que comprobar. Desde luego, sin una buena conversación, sin que sea cortés, sin que sea caballero y sin que yo note que sabe tratar a una mujer con poder, no». Y también ha reflexionado sin dramatismos sobre el paso del tiempo: «A mí envejecer me parece una tragedia. Me parece que está mal hecho».

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