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Imagen de archivo de Koldo García

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La rutina de ejercicios de Koldo García en la cárcel que le hizo perder el conocimiento

Mientras el proceso judicial continúa avanzando, el gimnasio parece haberse convertido en su principal vía para ocupar las horas del día

El exasesor de José Luis Ábalos, Koldo García, sigue adaptándose a su nueva vida entre los muros de la prisión de Centro Penitenciario Madrid V (Soto del Real). Y lo está haciendo de una manera bastante particular. Según diversas informaciones, quien fuera una de las figuras más comentadas del entorno del Ministerio de Transportes ha cambiado los despachos por las mancuernas y ahora pasa buena parte del día en el gimnasio del centro.

El deporte, en realidad, nunca ha sido algo nuevo para él. Con casi 1,90 metros de altura y una complexión fuerte, García siempre ha destacado por su físico. Antes de aparecer en los titulares políticos, su trayectoria fue bastante distinta: durante años fue aizkolari, un deportista que compite cortando troncos con hacha en modalidades tradicionales vascas. Más tarde también trabajó como guardaespaldas y portero de locales nocturnos, empleos en los que la presencia física y la fuerza eran casi tan importantes como la discreción.

Ahora, lejos de aquella vida, parece haber encontrado en el gimnasio una forma de llenar las horas. Tal y como señalan varias fuentes, su dedicación al deporte dentro de la cárcel habría sido tan constante que incluso habría terminado asumiendo una especie de responsabilidad sobre el propio gimnasio. En la práctica, eso significa pasar buena parte del día entre mancuernas, barras y rutinas de fuerza, manteniendo una disciplina que algunos ya describen con ironía como la de un auténtico «gymbro» entre rejas.

Pero su nueva rutina fitness no ha estado exenta de contratiempos. Hace apenas unos días protagonizó un incidente durante una sesión de entrenamiento. Según ha trascendido, una pesa de unos 25 kilos se le habría caído encima, provocándole un golpe considerable que incluso le hizo perder el conocimiento durante unos instantes. El episodio obligó a trasladarlo rápidamente a la enfermería del centro, donde permaneció varias horas bajo observación médica.

Tras examinarlo, el médico de Instituciones Penitenciarias recomendó reposo y, por precaución, desaconsejó cualquier traslado fuera de la prisión. Este detalle ha tenido consecuencias inmediatas en el plano judicial. La abogada del investigado, Leticia de la Hoz, presentó un escrito ante el Tribunal Supremo para comunicar la «imposibilidad médica» de que su cliente pudiera desplazarse hasta el Parlamento de Navarra para comparecer.

Cárcel de Soto del Real

La defensa sostiene que el viaje sería físicamente inviable en estos momentos y podría empeorar su estado de salud. Además, en su escrito, el equipo legal también advierte de que forzar ese desplazamiento podría afectar a la preparación del juicio oral previsto para finales de abril, dada la complejidad del proceso y la necesidad de que el investigado permanezca disponible para trabajar con su defensa en las semanas previas.

Mientras tanto, el episodio de la pesa no ha pasado desapercibido. En ciertos ambientes ya circulan comentarios que sugieren una coincidencia demasiado conveniente. La pregunta, inevitablemente, empieza a aparecer en conversaciones y tertulias: ¿fue realmente un accidente fortuito o una casualidad demasiado oportuna?

Sea como fuere, la vida del exasesor transcurre ahora dentro de una prisión que, desde su inauguración en 1992, ha tenido fama de contar con instalaciones relativamente completas. El complejo fue concebido casi como una pequeña ciudad autosuficiente dentro del sistema penitenciario español. Entre sus equipamientos hay gimnasios, pistas deportivas, canchas de baloncesto, fútbol sala, squash e incluso una piscina de grandes dimensiones que fue renovada hace algunos años con inversión pública.

Estas características han contribuido a que durante años el centro arrastre la etiqueta popular de «cárcel VIP». Sin embargo, las celdas rondan los diez metros cuadrados y cuentan con lo básico: litera, mesa de estudio, silla, armario y un pequeño baño con ducha. Quien quiere televisión debe comprarla dentro del propio centro.