Felipe VI, en una imagen de archivo
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Boda y flamenco: el lado más personal de Felipe VI en Málaga
El monarca asistió a una boda andaluza donde no dudó en subirse al escenario
El sábado 11 de abril fue uno de esos días en los que la familia real volvió a dividirse en dos escenarios muy distintos. Mientras en París varios miembros del entorno de la realeza se engalanaban para acompañar al Rey Juan Carlos en un acto tan simbólico como la entrega del Premio Especial del Libro Político por Reconciliación, el libro que ha escrito junto a Laurence Debray, Felipe VI optaba por un plan completamente diferente. Y no, no estuvo con su padre. El Rey se quedó en España y puso rumbo al sur, concretamente a Casares, en Málaga, donde tenía una cita mucho más personal: la boda de unos amigos.
Lejos del protocolo, de los discursos y del foco institucional, el monarca apareció en este enclave andaluz en solitario, sin la Reina Letizia. Una ausencia que no sorprende en absoluto, porque en este tipo de celebraciones privadas ella suele dar un paso atrás para no restar protagonismo a los anfitriones y permitir que todo fluya con normalidad. Así, Felipe VI se movió con total comodidad en un ambiente mucho más relajado, rodeado de invitados y con ese aire de «uno más» que tanto llama la atención cuando se le ve fuera de agenda oficial.
Los que estuvieron allí lo tienen claro: el Rey se mostró cercano, amable y muy participativo. Saludó, conversó y se mezcló con los invitados sin necesidad de llamar la atención, algo que, paradójicamente, hizo que destacara aún más. Pero si hubo un momento que acaparó todos los comentarios fue, sin duda, cuando decidió subirse al escenario junto al grupo sevillano Los Alpresa, liderado por Jaime Alpresa, todo un referente en los eventos de la alta sociedad andaluza.
Curiosamente, la semana pasada también fueron noticia porque Morante de la Puebla celebró su reaparición en el restaurante sevillano del vocalista del grupo. En esta ocasión, fueron los encargados de poner banda sonora a la boda, con rumbas, sevillanas y mucho ritmo. Entre aplausos y móviles grabando, el clásico «¡Que vivan los novios!» sonó con fuerza. Y allí estaba el padre de la Princesa Leonor, sonriente, cómodo y dejándose llevar por el momento. Acudió con traje oscuro, camisa azul y corbata morada.
Porque si hay algo que ya no es ningún secreto es su gusto por el flamenco. Le tira, y mucho. No es la primera vez que se le ve disfrutar de este tipo de música, y aquel episodio en el que se animó con el cajón flamenco sigue muy presente para muchos. En Casares no hizo falta más que la música para que volviera a soltarse. Según contó Cristóbal Soria en Espejo Público, «estuvo bailando con todo el mundo», una escena que confirma esa faceta más distendida que rara vez asoma en los actos oficiales.
El Rey Felipe VI
Eso sí, como es habitual en él, todo con medida. El Rey no se quedó a dormir y regresó a Madrid ese mismo sábado, en una escapada rápida que encaja perfectamente con su manera de estar en este tipo de eventos: disfrutar, compartir y retirarse a tiempo. Siempre, además, con ese dispositivo de seguridad que apenas se percibe, con escoltas perfectamente integrados entre los invitados.
Y todo esto con Casares como escenario, que no es precisamente un lugar cualquiera. Cuna de Blas Infante, este pueblo blanco mantiene intacto su encanto, con las casas escalonadas hasta lo alto, coronadas por un castillo de origen árabe y con unas vistas que, en días claros, alcanzan Gibraltar e incluso la costa africana. Muy cerca, además, se encuentra Finca Cortesín, uno de los enclaves más exclusivos del país y habitual en bodas de alto nivel.