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La Reina Letizia y Margarida Maldonado, este lunes, en el Palacio de la ZarzuelaGTRES

El duelo de estilo entre Margarida Maldonado, primera dama de Portugal, y la Reina Letizia

La esposa del presidente de Portugal ha tomado una decisión que la acerca a la Reina Letizia

Los Reyes Felipe VI y Letizia Ortiz han recibido en el Palacio Real al nuevo presidente de la República Portuguesa, Antonio José Seguro, elegido a principios de año. Se trata de su primera visita institucional al extranjero tras asumir el cargo, en una cita que refuerza los lazos históricos y diplomáticos entre ambos países. El mandatario llegó acompañado de su esposa, Margarida Maldonado Freitas, en la que es también su primera aparición oficial en nuestro país y que ha despertado una curiosidad especial por su perfil alejado de los focos.

Doña Letizia ha sorprendido con un vestido midi de manga francesa en color rosa pastel, mientras que Margarida Maldonado Freitas ha optado también por un tono pastel, en su caso un delicado verde agua.

La Reina Letizia y Margarida MaldonadoGTRES

La jornada arrancó con honores militares, posado oficial y un almuerzo ofrecido por los monarcas, pero más allá del protocolo, este encuentro supone el primer contacto cercano entre doña Letizia y la esposa del presidente portugués, una figura que ha querido marcar diferencias desde el inicio. En Portugal no existe un estatuto jurídico para la figura de primera dama, algo que ella misma ha querido dejar claro, prefiriendo ser definida como «esposa del presidente» y limitando su presencia pública a los actos estrictamente necesarios. Una decisión que define bien el papel que quiere ocupar.

Nacida el 24 de octubre de 1971 en Caldas da Rainha, farmacéutica de profesión y vinculada a una tradición familiar en el sector, gestiona dos boticas heredadas que han pasado de generación en generación. A sus 54 años, ha insistido en mantener su vida tal y como era antes de la llegada de su marido a la jefatura del Estado, continuando con su trabajo y preservando su privacidad. Su residencia habitual sigue siendo la casa familiar en su ciudad natal y solo recurre al Palacio de Belém cuando la agenda institucional así lo exige, en un intento de conciliar su vida personal con las obligaciones públicas.

La Reina Letizia y Margarida Maldonado FreitasGTRES

Quienes la conocen destacan precisamente esa coherencia entre su discurso y su forma de vida. Mantiene sus rutinas de siempre, frecuenta los mismos lugares y conserva un círculo cercano que no ha cambiado con el nuevo estatus. También su historia personal refuerza esa idea de sencillez: se conocieron en 1995 en una discoteca de Figueira da Foz, cuando él ya tenía una trayectoria política en ascenso, y se casaron en 2001. Desde entonces han formado una familia con dos hijos, María y António, siempre alejados del foco mediático.

Las canas

En ese contexto de discreción, hay un detalle que ha empezado a llamar especialmente la atención. Según ha podido saber la revista The Mag, uno de los aspectos más comentados en su entorno cercano tiene que ver con su imagen personal. Lejos de los estándares habituales en figuras públicas, Margarida Maldonado Freitas apuesta por la naturalidad hasta el punto de no teñirse el cabello. «No se tiñe el pelo, apuesta por lo natural», explica su peluquera de confianza, Adelina Fernandes, conocida como Lina.

«Nos hicimos amigas hace muchos años, ella y su madre, doña Odete. Hay mucha afinidad, la considero parte de mi familia», cuenta. Y añade: «No tengo canas porque lo cuido bien, y Margarida hace lo mismo. No es lo habitual, porque a muchos peluqueros les gusta teñir, pero a mí me gustan mis raíces, igual que a ella».

Una elección que, con matices, también se empieza a ver en otras figuras públicas. Es el caso de la propia Reina Letizia, que en los últimos años ha optado por lucir su cabello al natural, demostrando que es posible mantener una imagen cuidada sin recurrir constantemente a cambios estéticos.

Esa coherencia también se refleja en su día a día. Sigue confiando en profesionales de su entorno, como el modisto de su barrio, que se encarga de pequeños arreglos para ella y su familia. «Son cosas sencillas, pequeños ajustes, como algún dobladillo o retoques básicos, nada especial», explica, aunque reconoce que lleva tiempo sin verla.

Desde que su marido fue elegido presidente, su vida apenas ha cambiado. «Aquí todo sigue igual, salvo que ahora hay más seguridad y gente preguntando», comentan vecinos de la zona, sorprendidos por la atención que ha despertado la familia.