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El fundador de Mango Isak Andic y su hijo Jonathan, en una imagen de archivoGTRES

El futuro de la fundación de 50 millones que ideó Isak Andic y sembró la discordia con su hijo

La trágica muerte de Isak Andic en el imponente paisaje de Montserrat dejó congelada la sonrisa del imperio Mango, abriendo un capítulo negro que hoy se debate con fiereza entre los juzgados y el relato público. Tras el estallido del caso, la imagen del hijo mayor del empresario, Jonathan Andic, saliendo esposado de su casa por agentes de paisano y pagando una fianza de un millón de euros en apenas veinte minutos para recuperar la libertad, activó todas las alarmas mediáticas. Sin embargo, en mitad de este vendaval que le señala como presunto autor de un homicidio, una vieja idea de su padre ha emergido de entre los papeles familiares para convertirse en realidad: una gran fundación benéfica dotada con 50 millones de euros. Lejos de quedar huérfano, el gran proyecto personal del empresario ha sido asumido por sus hijos como una misión sagrada, poniendo el diseño de los estatutos jurídicos en manos de Roca&Junyent, uno de los despachos de abogados más influyentes del país en materia mercantil y patrimonial.

Esta organización solidaria se ha convertido, precisamente, en el corazón de la defensa legal del heredero. La investigación de los Mossos d'Esquadra y la jueza sugería que una fuerte disputa por el destino de este capital pudo ser el detonante del trágico final; y es que la policía no dispara a ciegas: los investigadores basan su acusación en un arsenal de mensajes cruzados entre padre e hijo que destapan la caja de los truenos, revelando una relación presuntamente rota, un ambiente tóxico y broncas feroces por el dinero y el control del abultado patrimonio familiar.

Elena Barraquer

Frente a esta demoledora hipótesis policial, el entorno más íntimo de la familia intenta apagar el fuego y ha confesado a Vanitatis que la entidad jamás fue motivo de discordia, sino un tierno punto de encuentro donde padre e hijos remaban en la misma dirección. Es más, las citadas fuentes quitan peso al dinero con una frase tan rotunda como reveladora: «50 millones no son demasiado para ellos», un pellizco menor para una dinastía cuyo patrimonio total supera los 4.000 millones de euros en la lista Forbes. Con estos argumentos sobre la mesa, la defensa pretende desmontar la teoría del móvil económico, intentando demostrar que Jonathan siempre caminó de la mano de su padre en sus deseos de proteger a los más desfavorecidos.

Al fin y al cabo, Isak Andic entendía la filantropía como un ejercicio silencioso, un pacto con su conciencia que rehuía de los focos, la publicidad y el aplauso corporativo. Esa misma discreción envolvía su estrecha relación con la doctora Elena Barraquer, a cuyas cenas benéficas acudía para financiar operaciones de la vista en rincones vulnerables de África. Como una muestra de esa generosidad callada que ahora sale a la luz, el empresario llenaba de ropa de temporada de Mango los percheros de la tienda solidaria que la doctora gestiona en la calle Calaf de Barcelona, permitiendo que prendas recién salidas de fábrica se vendieran a precio de saldo para recaudar fondos.

Hoy, lejos de ser la manzana de la discordia que sospecha la justicia, el sueño de la fundación sigue adelante con paso firme, transformándose en el último nexo de unión para unos hijos obligados a reorganizar el imperio familiar en su hora más oscura. Una reestructuración que ya ha cobrado su primera víctima: el propio primogénito ha anunciado mediante una carta abierta su salida del consejo de administración de la compañía, un paso al lado definitivo para volcar todas sus fuerzas en la batalla judicial. Esta renuncia temporal ha sido arropada de inmediato por el resto de la familia Andic, quienes han cerrado filas en torno a él emitiendo un comunicado conjunto para manifestarle su apoyo incondicional y proclamar, de manera rotunda, su absoluta confianza en la inocencia de Jonathan.