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Laurent Morel-Ruymen, en el hotel Cap Menorca Relais & ChâteauxEl Debate

Laurent Morel-Ruymen

El empresario francés que conquistó Menorca con sus hoteles de lujo descalzo: «Faltaban alojamientos donde sentir el ADN de la isla»

Bajo el sello Relais & Châteaux, atesora joyas como Faustino Gran, un conjunto de cuatro palacios en Ciudadela, o Cap Menorca, una base militar reconvertida en el paraíso

la primera vez que el empresario francés Laurent Morel-Ruymen divisó Menorca desde su velero durante una travesía por el Mediterráneo se enamoró al instante. Una isla perfectamente conservada, con unos paisajes de ensueño y calas de aguas cristalinas rodeadas de acantilados. Cuando puso un pie en ella y descubrió la importante cultura del caballo arraigada desde hace décadas, supo que este era su sitio. Eso sí, a Menorca le faltaba algo y él vio una gran oportunidad de negocio; crear una oferta hotelera donde poder sentir el ADN de la isla.

A través de su grupo Mare e Terra, transformó cuatro palacios históricos del siglo XVIII en Ciudadela en el hotel Faustino Gran que reúne 70 habitaciones, una gastronomía ligada al producto menorquín, numerosas piscinas, un spa y tres yates clásicos. Sus huéspedes también puedes disfrutar de Casa Pau, una finca privada de 15 hectáreas, con huerto ecológico donde se recolectan los ingredientes para las comidas que se sirven al aire libre, y acceso a la cala de Ses Fontanelles. Años más tarde, convirtió la base militar de Llucalari en Cap Menorca, un paraíso de 15 suites rodeado por 30 hectáreas de palmeras, buganvillas, olivos y pinos. Proyectos con el objetivo de devolver a la vida edificios olvidados, respetando el entorno y convirtiéndolos en hoteles bajo el sello de calidad de Relais & Châteaux.

¿Cómo descubrió Menorca?

–En 2007, estaba navegando a vela por todo el Mediterráneo con mi mujer y la zona de Baleares me pareció uno de los sitios más interesantes. Y dentro de Baleares, Menorca. Descubrí un lugar increíble, absolutamente preservado y me planteé que un día haría algo. Sentí que pertenecía a la isla pues existía una gran cultura del caballo y además podía navegar. Mis dos aficiones. Por aquel entonces vivía en Nueva York y me dedicaba a la moda, pero lo dejé todo. Como lo que siempre me gustó es recibir a la gente decidí trabajar en el hospitality.

¿Qué se encontró a su llegada?

–Faltaba un punto de atracción en Menorca para la gente que buscaba un sitio bonito para alojarse y pudiera sentir el ADN de la isla. Por casualidad la familia Urtasun consiguió una finca aquí y empezaron el proyecto de Torralblenc. Después yo reúno a unos socios que querían invertir conmigo y empecé el proyecto de Faustino en Ciudadela y luego el de Alaior. Esto permite a la gente venir a alojarse en sitios bien hechos y un montón de franceses se enamoran de la isla. Y así cambia el chip y empiezan a comprar fincas. Se creó un grupo de hoteles franceses que eran muy aspiracionales. El destino cambió atrayendo a gente que quiere naturaleza, mar, cultura y playa. Una tierra absolutamente preservada gracias a la actividad agrícola. Y monté el destino Menorca.

Can Faustino Relais & Chateaux

Suite de Faustino Gran Relais & Châteaux con la catedral de Menorca de fondoDaniel Schaefer

Can Faustino

Uno de los salones de Faustino GranDaniel Schaefer

–¿Cuál es la relevancia de la gastronomía dentro de los hoteles?

–Menorca cambió como destino y ahora viene mucha gente que tiene acceso a todo. Es una clientela que busca la sencillez, el respeto por el producto y mantenerse en forma. Una dieta sana, que de vez en cuando puede incluir cosas fritas, porque hay que disfrutar. Pero en general hay un conocimiento y un respeto por el producto brutal. Y en Menorca tuvimos la gran suerte de tener productos excelentes. Nuestra carta es producto, producto y producto, tratado en su esencia y con nobleza.

–¿Cómo surge la alianza con Relais & Châteaux?

–Cuando pensé en hacer un cambio en mi vida desde el mundo de la moda, de donde vengo, a la hostelería, sabía que mi sueño era que mi primer hotel fuera un Relais & Châteaux. Y esto viene del inmenso impacto que tiene su trabajo desde hace años. Evolucionó mucho y hay un compromiso mayúsculo en el mantenimiento de valores tanto hacia los huéspedes como a los equipos que trabajan con ellos, que es la esencia del grupo, y lo hace muy diferente de lo que puede ser una cadena mercantil. Somos una familia, una asociación y eso nos obliga a mantener un nivel de calidad y también nos da una dirección filosófica.

Piscina de Cap Menorca

Cap Menorca, un paraíso rodeado de palmeras, olivos y pinos, frente al mar

¿Cuál es esa filosofía?

–Transmitir el buen vivir. Que cada hotel tenga algo propio que contar, que esté ligado al lugar en el que se encuentra y que el huésped pueda descubrirlo a través de su historia, su patrimonio y su gastronomía. Al final, lo que buscamos es que cada experiencia sea única y no pueda vivirse igual en otro sitio.

Viniendo del mundo de la moda, entiendo que la decoración en los hoteles es fundamental. Y usted se ha encargado de ello.

–Para mí es ocio. El concepto de la moda es tener un imaginario y trasladar ese imaginario en un objeto. En el caso de los hoteles es lo mismo. Tener en mente cómo quiero vivir el momento. Si antes lo trasladaba a colores y materiales, ahora lo traslado en cómo estructuramos la experiencia y esto es sonido, luz, olores, velas... No solo es dormir en una habitación histórica pintada por un artista extraordinario dentro de un palacete, sino la sonrisa de la persona que te recibe en el desayuno la disponibilidad del concierge que te organiza tu día, la capacidad del chef que prepara tu comida. Y entonces todas estas cosas al final cambian tu experiencia.

Vemos que se le concede mucha importancia a la fotografía.

–Sí, yo tengo una afición absoluta por la fotografía. La mayoría de las fotografías que están aquí han sido realizadas por un gran amigo mío que se llama Nicolás, que desgraciadamente murió de un ictus hace unos años. Conocí a mi esposa, la madre de mis hijos, gracias a él. Cuando hicimos la producción de fotos de Cap Menorca, todo eran ruinas, estaba absolutamente terrible. Y esta serie de fotografías se llama Love bunkers, porque antes hubo un ejército y después la familia que originalmente tenía esta finca tuvo okupas. Y hemos querido transmitir a través de estas fotos ese cambio de energía entre una base militar y lo que es ahora. Un lugar de paz, amor y buen vivir.

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