Agustín Gregori, CEO de Grefusa
La historia de Grefusa, la marca de snacks que hace caja con la guerra entre Kiko Rivera e Irene Rosales
La familia Gregori, una saga empresarial valenciana de Alzira, rentabiliza la mala relación entre el hijo de Isabel Pantoja y su ex
Shakira dejó claro hace tiempo que las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan. Irene Rosales ha decidido aplicarse al dedillo la lección y rentabilizar su historia de amor fallida con Kiko Rivera protagonizando una campaña de Grefusa de frutos secos. «Un mix con un mal kiko es un mal mix. Elige Grefusa Mix, elige el mejor kiko», puede leerse en una lona gigante en el centro de Madrid.
Tras más de una década de relación y dos hijas en común, el matrimonio anunció en 2025 su separación, a priori amistosa, aunque acabó derivando en acusaciones públicas cruzadas y disputas legales. En medio de su guerra, ella ha decido prestar su imagen a la compañía valenciana de snacks. Según ha contado la propia Irene Rosales en Telecinco, quiere emprender su propio camino, comprarse «una casita» y conseguir un «colchón» económico que le permita vivir tranquila.
Irene Rosales anunciado kikos en Madrid
La historia de Grefusa comenzó en 1929 gracias a José Gregori Furió, quien abrió un local en Alzira (Valencia) especializado en frutos secos que enseguida empezó a recibir buenas valoraciones. Sin embargo, la llegada de la Guerra Civil obligó al empresario a realizar una serie de cambios para adaptarse a las nuevas necesidades del mercado. La materia prima se disparó y esto obligó a que Gregori tuviera que buscar una alternativa para sacar un mayor rendimiento. El negocio empezó a ir mal, no podían hacer frente a las deudas con los proveedores, tal y como explicó Agustín Gregori, actual CEO de la compañía y nieto del fundador.
Ante esta situación los hijos de José Gregori dejaron sus trabajos, rehipotecaron sus casas y se volcaron en cuerpo y alma en la empresa. En 1962, el negocio ya estaba en manos de la segunda generación. Una etapa clave en la consolidación de la marca, que llegó a sobrevivir gracias al esfuerzo familiar y a las decisiones importantes.
El hijo de José Gregori se dio cuenta de que necesitaban ofrecer un producto distinto al de la competencia, así que comenzaron a tostar los frutos secos. Al principio consiguieron resultados que les animaron a ser optimistas, pero Alfredo, el otro hijo del fundador, se dio cuenta de que este modelo de negocio no tenía una vida demasiado larga, así que no paró hasta dar un paso más. «No sé cómo lo hizo pero convenció a mi padre y a los bancos para cambiar de negocio y comenzar con los snacks», explicó Agustín Gregori. «Si entonces facturábamos 400 millones de pesetas, la inversión en máquinas era de 600 millones». Es decir, era una inversión muy arriesgada que podía echarlo todo a perder, pero siguieron adelante con su sueño y el plan resultó ser todo un éxito.
En los años 90, Agustín vivía en Londres y la empresa de su familia ya era una de las más importantes de España. Fue entonces cuando su tío le invitó a formar parte del proyecto, pero él no quería porque no se sentía cómodo siendo 'hijo de'. De esta forma, Alfredo le propuso trabajar en la zona de Gibraltar para marcar distancias y que sus compañeros no le relacionasen con la cúpula directiva. Le hizo caso y hoy en día es el consejero delegado, con la responsabilidad que esto conlleva.
Según los últimos datos disponibles, Grefusa alcanzó una facturación de alrededor de 166 millones de euros gracias a productos tan icónicos como Gublins, Papa Delta o Grefusitos, por no hablar de sus famosas pipas Tijuana.