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María Galiana, en una imagen de archivo

María Galiana, en una imagen de archivoGTRES

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El motivo por el que María Galiana descarta su jubilación a los 91 años

La actriz continúa con la filosofía que siempre ha marcado su camino: el trabajo no es un castigo, sino el mayor de los privilegios

Para la gran mayoría de las personas, cumplir años es sinónimo de querer bajar el ritmo, descansar y olvidarse por fin de las obligaciones y los horarios. Sin embargo, María Galiana rompe por completo todos los moldes. A sus 91 años, la inolvidable actriz que se metió en el corazón de todos los españoles como la abuela Herminia en Cuéntame cómo pasó, sigue subiéndose cada tarde al escenario del Teatro Pavón de Madrid.

Cuando la gente se sorprende al ver su energía y le pregunta con insistencia por qué no se retira a descansar, ella responde con una naturalidad pasmosa y una lógica muy simple: «¿Por qué lo voy a dejar?». Para María, el trabajo no es un castigo, sino la mayor alegría de su vida.

El verdadero secreto de su vitalidad está en cómo entiende la vida. La veterana intérprete pertenece a una generación que se crio en una época muy dura y que fue educada bajo lo que ella llama la «mística del trabajo». No ve el empleo como una carga pesada, sino como un orgullo. «Para mí, y creo que para todos los de mi generación, trabajar es una cosa buenísima», asegura con firmeza. Por eso, no comparte la visión de muchos jóvenes de hoy en día que ven el hecho de madrugar o cumplir una jornada como un suplicio, aunque entiende perfectamente que ahora las condiciones laborales son mucho más precarias y están peor pagadas.

Toda esta bonita lección de vida la ha compartido charlando cara a cara con el periodista Aimar Bretos en el programa La Noche de Aimar. Con él, María se sinceró sobre su otra gran vocación: la enseñanza. Antes de ser la famosísima artista que es hoy, trabajó durante más de cincuenta años como profesora de Historia e Historia del Arte en varios institutos, un empleo del que se jubiló con un orgullo enorme y en el que apenas faltó nunca.

María Galiana, en el programa de Aimar Bretos

María Galiana, en el programa de Aimar Bretos

Cuando Bretos le preguntó cómo era en las aulas, ella respondió sin rodeos: «Bastante buena. Siempre he tenido mucha facilidad para la comunicación y una gran capacidad de análisis». De hecho, recordó con muchísima nostalgia la felicidad que sentía en su rutina diaria: «La sensación de coger el coche a las siete de la mañana para irme a trabajar me encantaba». Su compromiso era tal que recordó una divertida anécdota de cuando se puso enferma: «Una vez tuve que pedir la baja y no sabía que existía una especie de talonario donde se pagaba una baja. Llevaba más de 50 años sin faltar al instituto. Esa sensación de cumplimiento del deber, sin molestias».

Esta increíble fortaleza también se debe a la infancia que le tocó vivir. Nacida en Sevilla en 1935, creció en los años de la posguerra, una época marcada por la escasez y la falta de libertades. A pesar de todo, aprendió a aceptar las cartas que le daba la vida sin quejarse ni tener envidia de los que tenían más.

La actriz de Cuéntame visitó La noche de Aimar

La actriz de Cuéntame cómo pasó visitó La noche de Aimar

Su marido, Rafael –investigador del CSIC ya fallecido–, la apoyó siempre, incluso al pedir una excedencia para irse a Madrid con cinco hijos a su cargo. «He tenido una gran suerte con mi marido porque he hecho siempre lo que me ha dado la gana», confiesa agradecida. Así, pasados los cincuenta años, el cine llamó a su puerta en lo que ella define como «un chollo que le salió». Él fue quien más disfrutó de su éxito: «Solo ver la cara que puso cuando me dieron el Premio Goya ya merecía la pena», recuerda emocionada sobre el galardón a Mejor Actriz de Reparto que ganó en el año 2000 por la película Solas.

Al recordarlo, no pudo evitar las lágrimas por su ausencia: «Lo que más echo de menos es hablar con él», confesó. A lo largo de su vida también afrontó la dolorosa muerte de un hijo por muerte súbita, pero nunca se permitió romperse: «Tengo mucho aguante», resume con entereza. Hoy, prefiere vivir al margen del ruido digital. «No he entrado en la era digital. Tengo lo mínimo indispensable. WhatsApp con algunos grupos y poco más», reconoce. Para ella, el tiempo libre es sagrado: «No puedo perder el tiempo. Me gusta muchísimo leer y escribir en mi agenda pequeña, donde lo apunto todo con bolígrafo. El móvil es una cosa etérea».

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