Irene Montero, en el programa presentado por Alba Carrillo, El Sótano
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Irene Montero desvela sus relaciones sentimentales con personas de derechas: «He tenido alguna caída»
La exministra de Igualdad visitó El sótano, donde también defendió su chalet de Galapagar y lanzó varios dardos contra Ana Rosa Quintana
El debate ideológico ha abandonado definitivamente las bancadas del Parlamento para instalarse, con una naturalidad pasmosa, en el siempre resbaladizo terreno de las sábanas. Irene Montero, actual eurodiputada de Podemos y exministra de Igualdad, ha vuelto a demostrar su innegable capacidad para facturar titulares que saltan limpiamente de la crónica parlamentaria al chascarrillo de bar.
Ocurrió durante una charla muy relajada en El Sótano, el espacio conducido por Alba Carrillo, donde la política madrileña apareció despojada del encorsetado tono institucional y con un estilismo que ya de por sí mandaba un mensaje de frescura: decidió prescindir del sujetador y de la ropa interior tradicional para sumarse a esa tendencia tan actual que prioriza la comodidad y la libertad frente al protocolo de toda la vida.
Entre risas y confidencias sobre las largas jornadas en Estrasburgo, Montero desveló que tras los plenos se esconde un ecosistema humano propicio al roce y al «salseo». Dejó claro que pasar tantas horas juntos hace que los políticos, al fin y al cabo, terminen por aliñar la rutina con alguna que otra aventura sentimental. Fue entonces cuando lanzó una de las declaraciones más comentadas de la entrevista: «A un nazi no te lo puedes tirar. Aunque tengas una mala racha, no te lías con un facha». Con esa broma, Irene Montero volvió a asociar a la derecha con el nazismo.
La propia Alba Carrillo, que de tropiezos amorosos sabe un rato, encajó el comentario con humor al admitir sus propias «malas rachas». Eso dio pie a que la eurodiputada confesara que ella también ha tenido «alguna caída» en el pasado. Eso sí, se apresuró a puntualizar que nunca fue con cargos del Partido Popular, aunque sí reconoció, con total naturalidad, haber mantenido relaciones con «gente de derechas, obviamente».
Una confesión cuanto menos llamativa viniendo de quien viene. Y es que, aunque desde 2016 Montero comparte vida con el exlíder de Podemos Pablo Iglesias, padre de sus tres hijos y compañero inseparable también en lo ideológico, la exministra no tuvo inconveniente en echar la vista atrás para recordar que su historial sentimental no siempre estuvo tan alineado con sus convicciones políticas.
Pero la conversación no se quedó en las confesiones sentimentales. La entrevista también sirvió para repasar algunos de los episodios que más controversia han acompañado a la dirigente de Podemos. La política recordó sus comienzos como cajera en una tienda de electrodomésticos de San Sebastián de los Reyes y volvió a defender el chalet de Galapagar que comparte con Pablo Iglesias.
Una vez más rechazó cualquier contradicción entre residir en una vivienda de alto nivel y defender políticas de izquierdas. «La contradicción sería tener una casa bonita y querer que los demás vivan en la mierda», afirmó, insistiendo en que su objetivo es que cualquier ciudadano pueda acceder a una vivienda digna.
La conversación también derivó hacia otra de sus dianas habituales: Ana Rosa Quintana. Montero aseguró que le gustaría que presentadores como ella hicieran públicas sus declaraciones de bienes para que los ciudadanos conocieran los intereses económicos que, a su juicio, pueden existir detrás de determinados discursos sobre la vivienda o la okupación.
Más allá de ese nuevo dardo a la presentadora y de la defensa de su chalet de Galapagar, la entrevista será recordada por sus confesiones sentimentales. Porque, al final, Irene Montero terminó trasladando el debate ideológico al terreno más personal, dejando claro que, para ella, incluso el amor tiene líneas ‘rojas’ políticas.