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Fundadores El Ganso

Los fundadores de El Ganso, Clemente y Álvaro Cebrián (derecha), junto a su padre y su otro hermano, Alberto (izquierda)Redes sociales

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El parentesco que une el imperio de Ferrovial con los fundadores de El Ganso

La reciente operación de María del Pino con Ferrovial ha sacado a la luz un vínculo desconocido para muchos

La reciente venta de acciones de Ferrovial por parte de María del Pino ha vuelto a poner bajo el foco a una de las dinastías empresariales más poderosas de España. La operación, valorada en nada menos que 484 millones de euros, no implica la salida de la accionista de la constructora que fundó su padre, pero sí ha despertado la curiosidad por los entresijos de la familia.

Y es justo ahí donde emerge un vínculo del todo inesperado con la marca de ropa El Ganso. Aunque en el imaginario colectivo no hay relación aparente, el nexo es puramente familiar. María del Pino está casada con el empresario Clemente Cebrián, padre de Álvaro y Clemente Cebrián, los dos hermanos que fundaron la firma textil hace veinte años, lo que convierte a los creadores de la marca en hijastros de una de las principales accionistas de Ferrovial. Por si fuera poco, el hijo de María, Alberto Cebrián del Pino, ejerce desde 2023 como director financiero y de operaciones de la empresa de moda, asumiendo las riendas de la gestión interna.

Mientras Ferrovial se consolidaba como uno de los grandes nombres del IBEX 35, los hijastros de María del Pino comenzaban a escribir una historia empresarial completamente distinta, alejada del hormigón y las infraestructuras. La aventura de El Ganso empezó con mucho más entusiasmo que presupuesto. Tras varios viajes a Londres, los hermanos Cebrián detectaron que el armario del hombre español era demasiado clásico y que había hueco para una marca que mezclara la sastrería británica con un estilo más desenfadado.

El nombre de la firma tampoco fue casualidad: su abuela solía repetirles de pequeños «dejad de hacer el ganso», una expresión familiar que terminó convirtiéndose en la identidad de una de las marcas de moda más conocidas de España. Para financiar el proyecto llegaron incluso a vender sus coches, antes de inaugurar en 2006 su primera tienda en la madrileña calle Fuencarral. Su gran acierto fueron unas zapatillas de lona con cordones de colores que, casi sin proponérselo, terminaron convirtiéndose en un auténtico fenómeno.

Aquellos primeros años fueron un auténtico subidón. El éxito de las zapatillas impulsó el resto de la colección y consolidó ese estilo preppy que todavía identifica a la firma. El propio Clemente, licenciado en CUNEF, ha recordado en varias entrevistas aquella etapa con una mezcla de orgullo y vértigo: «Éramos las zapatillas de moda. Abríamos una tienda y la inversión estaba amortizada en apenas tres meses». Con esa sensación de que todo funcionaba, el siguiente paso parecía inevitable: salir al extranjero.

El diseño de sus zapatillas de lona sin cordones supuso un antes y un después para la marca

El diseño de sus zapatillas de lona sin cordones supuso un antes y un después para la marcaEl Ganso

A pesar del crecimiento y de los apellidos que rodean a la familia, los hermanos siempre han intentado separar la empresa de la vida privada. De hecho, Clemente ha contado que en las comidas familiares existe una regla casi sagrada: está prohibido hablar de El Ganso. «Si no, nunca desconectaríamos», ha explicado. Casado y padre de cuatro hijos, el empresario también ha reconocido que la crisis de la compañía le enseñó que, por encima de cualquier éxito empresarial, «lo importante es la familia y los amigos».

Además, es el hermano con mayor exposición pública: mantiene una presencia activa en redes sociales, donde comparte tanto reflexiones empresariales como momentos de su día a día. Álvaro, por el contrario, siempre ha optado por un perfil mucho más discreto y apenas concede entrevistas centradas en su vida personal.

El camino, desde luego, no fue de rosas. Tras el boom inicial llegaron las aperturas en París, Londres, Milán, Berlín o México. El crecimiento fue tan rápido que en 2015 el gigante francés del lujo LVMH adquirió el 49 % de la compañía para impulsar su expansión internacional. Parecía el socio perfecto, pero terminó convirtiéndose en una pesada carga.

Los elevados costes de las tiendas, la deuda y un crecimiento demasiado acelerado pusieron contra las cuerdas a la empresa. Con una sinceridad poco habitual, Clemente reconocería años después el error: «Creció el endeudamiento y no fuimos capaces de hacerle frente».

¿La solución? En 2018 los fundadores recompraron la participación de LVMH, cerraron los establecimientos menos rentables y cambiaron por completo la estrategia. La obsesión dejó de ser abrir tiendas para centrarse en construir un negocio rentable.

Aquella cura de humildad funcionó. Hoy El Ganso factura cerca de 77 millones de euros, suma alrededor de 180 puntos de venta y ha logrado consolidarse como una de las marcas españolas de referencia, superando incluso episodios como la investigación abierta en 2022 por la CNMC tras la aparición de sus prendas en las retransmisiones deportivas de RTVE. Lejos de conformarse con ese éxito, Clemente también ha emprendido una nueva aventura empresarial con Tintoremus Studio, una firma de alta costura sostenible creada en Madrid, desde la que apuesta por una moda más artesanal y responsable.

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