El Rey Harald V y la Princesa Mette-Marit
Realeza
Mette-Marit, ante el desafío de una nueva Corona noruega salpicada por numerosos escándalos
La nueva monarquía recibe una herencia marcada por el enorme prestigio de Harald V, pero también por una crisis de confianza que el nuevo Rey tendrá que afrontar desde el primer día
La Casa Real nórdica comparte el primer retrato de Haakon VIII, el nuevo Rey de Noruega
La llegada de Haakon VIII al trono noruego abre una etapa completamente distinta para la Familia Real. El fallecimiento de Harald V pone fin a más de tres décadas de reinado y deja al frente de la institución a un monarca que conoce bien las responsabilidades de la Corona, pero que recibe el trono en un momento especialmente complejo. La imagen de estabilidad que durante años acompañó a la monarquía noruega se ha visto debilitada por las polémicas que han rodeado a algunos de sus miembros y, especialmente, por las circunstancias personales de Mette-Marit.
Convertida oficialmente en Reina consorte tras la proclamación de su marido, la hasta ahora Princesa heredera afronta una nueva responsabilidad precisamente cuando su figura se encuentra bajo una atención pública sin precedentes. A sus problemas de salud se suman dos asuntos que han condicionado la imagen de la institución durante los últimos meses: su relación pasada con Jeffrey Epstein y el proceso judicial de su hijo, Marius Borg Høiby. Ambos episodios han obligado a la Familia Real a manejar una situación especialmente delicada en un país donde la confianza de los ciudadanos resulta esencial para la continuidad de la monarquía.
El primero de estos casos volvió a adquirir protagonismo tras la publicación de documentación relacionada con Epstein. Los archivos difundidos por las autoridades estadounidenses mostraron una relación más extensa de lo que inicialmente había trascendido y llevaron a Mette-Marit a ofrecer explicaciones públicamente. En marzo de 2026, la entonces princesa heredera reconoció que había cometido un error al no comprobar con mayor profundidad los antecedentes del financiero estadounidense y aseguró que había sido manipulada y engañada por él.
El nuevo Rey Haakon VIII con su hijastro Marius Borg
La controversia llegó en un momento especialmente sensible para la Familia Real. Mientras las revelaciones sobre Epstein ocupaban titulares, Marius Borg Høiby se enfrentaba a un proceso judicial por numerosos delitos. Finalmente, fue declarado culpable de 34 cargos y condenado a cuatro años de prisión después de ser declarado culpable, entre otros delitos, de dos violaciones y violencia doméstica. La defensa ha recurrido la sentencia.
El caso de Marius ha colocado además a Mette-Marit en una posición particularmente complicada. La relación entre una madre y su hijo se ha cruzado con las exigencias derivadas de pertenecer a la Familia Real, generando un debate sobre hasta dónde puede llegar el respaldo personal cuando una institución entera se encuentra sometida al escrutinio público.
Haakon ha intentado mantener una posición de apoyo a su esposa y, al mismo tiempo, respetar el proceso judicial de su hijastro. Durante los meses más difíciles, el ahora Rey insistió en la necesidad de proteger a su familia, pero también dejó claro que Marius debía responder ante la justicia como cualquier otro ciudadano.
Una reina en una posición inédita
El nuevo escenario cambia también las obligaciones de Mette-Marit. Durante los años en los que Haakon fue príncipe heredero, su papel estuvo ligado principalmente a acompañar al futuro monarca y representar a la Corona en determinados actos. Ahora, como Reina consorte, su presencia adquiere una dimensión institucional mucho mayor.
Sin embargo, no se trata únicamente de una cuestión de agenda oficial. La salud de Mette-Marit será otro de los factores que condicionen su actividad. La Reina ha afrontado en los últimos años una grave enfermedad pulmonar y recientemente fue sometida a un trasplante de pulmón, una circunstancia que necesariamente deberá tenerse en cuenta a la hora de determinar el ritmo de sus compromisos públicos.
Mette-Marit en un acto en el balcón del Palacio Real de Oslo, con las gomas puestas
Su nueva posición estará, por tanto, marcada por un delicado equilibrio. Mette-Marit deberá acompañar a Haakon en su primera etapa como Rey, participar en los compromisos oficiales que pueda asumir y contribuir a proyectar una imagen de estabilidad, al mismo tiempo que gestiona unas circunstancias familiares que han adquirido una enorme repercusión pública.
El reto para Haakon tampoco es menor. El nuevo monarca hereda una institución que durante años se benefició de la enorme popularidad de Harald V y que ahora necesita preservar la confianza de los noruegos. Las encuestas y los análisis publicados durante los últimos meses han reflejado un deterioro del respaldo a la institución, aunque la figura personal de Haakon mantiene una valoración considerablemente más favorable.
Ahí estará una de las claves de su reinado: conseguir que la imagen de la Corona vuelva a estar asociada a la estabilidad, la cercanía y la modernidad que caracterizaron durante años a la monarquía de Harald V. Para ello, el nuevo Rey tendrá que separar, en la medida de lo posible, la institución de las controversias familiares que han marcado el final de la anterior etapa. Y Mette-Marit será una pieza fundamental en ese proceso.
Mette-Marit en uno de sus compromisos reales con ayuda del oxígeno
La Reina consorte comienza su nueva vida institucional en unas circunstancias muy diferentes a las que imaginó cuando se convirtió en esposa del heredero. Su pasado, las decisiones tomadas en torno a Epstein, la situación de su hijo y sus propios problemas de salud forman parte ya del contexto con el que inicia esta nueva etapa.
El tiempo determinará hasta qué punto estas cuestiones condicionan su papel junto a Haakon. Lo que parece claro es que la nueva monarquía noruega no comienza desde cero: recibe una herencia marcada por el enorme prestigio de Harald V, pero también por una crisis de confianza que el nuevo Rey tendrá que afrontar desde el primer día.