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Pedro Rico, presidente de Vithas

Pedro Rico, director general de Vithas

El médico y director de Vithas que salvó la vida al levantarse a por un café en el tren: «Era como intentar vaciar una playa con una pala»

Pedro Rico, padre de tres hijos, ha relatado su experiencia tratando de ayudar al resto de pasajeros

Una reunión más de trabajo. Un compromiso laboral que obliga a madrugar para coger un tren y llegar a tiempo. El destino, siempre caprichoso, quiso que un pasajero que viajaba en uno de los vagones del AVE más afectados en su colisión con un Iryo en Urda (Toledo) se encontrase en la cafetería del tren en ese momento. Se llama Pedro Rico, es el director del grupo Vithas, y hoy puede celebrar que sigue vivo gracias a que se levantó de su asiento para tomar un café. Padre de tres hijos y afincado en Madrid, dirige un grupo con 22 hospitales y 29 centros médicos en 14 provincias.

Rico Pérez se licenció en la Universidad de Santiago y es especialista en Medicina Interna vía MIR por el Hospital Universitario de A Coruña. Acumula una larga trayectoria profesional en el sector sanitario, tanto en la gestión asistencial y clínica como directiva. Entre 2012 y 2019 trabajó en los equipos directivos de gestión sanitaria y clínica de Quirónsalud, entre 2012 y 2019, hasta asumir la dirección general de Vithas hace 7 años.

«Haber vivido en primera persona la tragedia ferroviaria de ayer solo te sirve para una cosa: comprender en toda su crudeza qué significan las frías cifras de muertos y heridos que nos cuentan los medios en cada catástrofe. Pero no te da las palabras para expresarlo», comienza explicando en una carta en Linkedin. «Suenan huecas las palabras de condolencias, suenan huecas las palabras de solidaridad, suenan huecas las palabras de consuelo. Pero son esas las únicas palabras que puedo expresar hoy hacia las víctimas y quienes las lloran».

«Haberlo vivido como médico te da otra dimensión. Tu vocación de servicio te lleva a intentar ayudar a los que te rodean, pero el estado de conmoción y shock en el que te encuentras inmediatamente después del accidente, y el dramatismo de todo lo que te rodea, te deja inicialmente bloqueado, sin saber por dónde empezar a ayudar. La sensación es como la de intentar vaciar una playa con una pala. Impotencia».

«Y como suele ocurrir en las tragedias, la de ayer también sacó lo mejor de cientos de personas: los vecinos de las poblaciones cercanas, todos -subrayo todos- los pasajeros y tripulantes de los trenes que estaban en condiciones de ayudar, y, por supuesto, quienes todavía hoy siguen haciéndolo: servicios de emergencias, sanitarios, policías, guardias civiles, bomberos, trabajadores ferroviarios, alcaldes».

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