03 de diciembre de 2022

Madrid durante la Guerra Civil

Madrid durante la Guerra CivilWikipedia

Gustavo Villapalos, agente secreto en el Madrid rojo

Uno de los mejores espías del bando nacional, que ayudó en la caída del Madrid republicano y que se dedicó a pasar gente a territorio sublevado

Gustavo Villapalos Morales se afilió en 1934 a una jovencísima Falange Española, siendo amigo de José Antonio Primo de Rivera, y participando en las acciones de la Primera Línea en los turbulentos tiempos del gobierno del Frente Popular. Fue falangista hasta el día de su muerte, el 30 de marzo de 1985, una forma rara de ser un patriota de izquierdas.
De una familia de guardias, entró a servir en la Benemérita muy joven. En julio de 1936 fue detenido acusado de ser cómplice de un tiroteo realizado contra la Casa del Pueblo de Madrid desde su coche. Fue detenido, pero finalmente puesto en libertad. Estuvo a punto de ser expulsado de la Guardia Civil.
Cuando empezó la sublevación militar era guardia de segunda. Intentó unirse a los militares y civiles sublevados en Cuartel de la Montaña, lo que resultó imposible, por lo que pudo salvar su vida. Al poco de comenzar la guerra fue destinado como conductor a los camiones que llevaban a los milicianos al frente de Guadarrama. Este destino, gracias a uno de sus mandos de la Guardia Civil contrario al Gobierno, le sirvió para librarse de entrar en combate.
En la primera etapa de la guerra intentó llegar a zona nacional junto a un numeroso grupo de guardias civiles. Bajo el mando del capitán de la Guardia Civil José Jarillo de la Reguera, Villapalos logró convencer a unos cuantos compañeros de la Benemérita para pasarse al bando de los nacionales. Más de la mitad de la columna de guardias civiles lo consiguió. La otra mitad se quedó a las puertas. Villapalos no pudo desertar ya que su camión volcó cerca del sanatorio Hispanoamericano de Guadarrama, al recibir la columna de los guardias un ataque de la artillería franquista que pensaba que el avance de los guardias era una ofensiva en toda regla.

En el Madrid rojo

Madrid era una ciudad sin ley. Podías ser asesinado por llevar sombrero, pero también cambiar de nombre y hacerte pasar, si tenéis valor y el desparpajo suficiente, por quien no eras. Sabida la ideología falangista y cualidades de Villapalos por miembros de la Quinta Columna madrileña muy pronto se vio metido en labores de espionaje. Una de sus primeras misiones fue llevar a su comandante Andrés a refugiarse en una embajada al conocerse el rumor de que un grupo de milicianos iban a pasearle a la primera oportunidad.
El 1 de agosto de 1936 era el chofer del automóvil del coronel Puig, jefe del Frente de Guadarrama, siendo su ayudante el capitán de la Guardia Civil José Jarillo de la Reguera, jefe de Villapalos. El coche en que viajaban sufrió un grave accidente en el que parece falleció Puig en extrañas circunstancias, quedando ileso Villapalos y solamente magullado Jarillo. No quedó claro si había sido un accidente o un atentado perpetrado por Jarillo y Villapalos contra Puig. En octubre, a pesar de la sospecha que provocó la extraña muerte del coronel Puig, Villapalos ascendió a sargento de la entonces Guardia Nacional Republicana.
El 13 de noviembre de 1936, durante un bombardeo de los nacionales, Villapalos resultó herido de gravedad en la calle Luchana. Sus heridas le provocaron una cojera de por vida al tiempo que le facilitaron una excusa para quedar como convaleciente lejos de los servicios en la Guardia Nacional Republicana y así poder dedicarse a sus labores de espionaje a favor de los nacionales.
En agosto de 1937 se intentó pasar a los nacionales sin suerte, momento en el que el comandante Bonel, jefe del espionaje nacional en el frente de Madrid, se une a su servicio siendo su primer trabajo informar del emplazamiento de las piezas de artillería y antiaéreas de la zona de Cuatro Camino y Delicias. En estas fechas paso a ser miembro de los Guardias de Asalto, formando parte de la 40º Compañía de los Guardias de Asalto, uniforme que le permitía moverse por Madrid con libertad, aunque sus jefes pensaban que seguía convaleciente. Se especializó en pasar gente al otro lado. Llegó a realizar 20 de estas arriesgadas misiones. Muy pronto se integró en el S.I.P.M. siendo el agente de enlace entre este servicio y la Falange Clandestina madrileña. El S.I.P.M (Servicio de Información y Policía Militar ) era la agencia de inteligencia de los nacionales durante la Guerra Civil Española y durante los primeros tiempos del gobierno de Franco. En el Madrid de Largo Caballero y de Negrín Villapalos se puso a las órdenes del teniente coronel Centaño, responsable de la unidad de agentes infiltrados en Madrid en la que también estaba el teniente Gutiérrez Mellado y el alférez Antonio Rodríguez Huerta.
En septiembre de 1938 tuvo que dejar Madrid. Ya en zona nacional, fue destinado al aeropuerto militar de Tablada para convertirse en piloto, pero sabida sus habilidades pasó al poco tiempo a formar parte de un grupo de agentes que estaba reclutando el comandante Rodríguez y Díaz de Lecea con la misión de sacar aviadores de zona roja.
En un informe del Ministerio de Defensa Nacional de la República, del S.I.M., de 4 de mayo de 1938, refiriéndose a Villapalos decía: «… teniente de Asalto (posiblemente dado de baja por enfermo), alto, grueso, de unos treinta y cinco años, prestancia de «flamenco», pistola grande en bandolera, viste jersey grueso de color gris, pantalón breech y botas altas, gorro cuartelero de Asalto (gris), suele conducir en las expediciones un Hupmóvile y recientemente le ha sido incautado un coche (tal vez un Ford gris que quedó averiado en la calle de Alcalá en el mes de abril del 15 al 26). Perteneció al 4º Tercio de la Guardia Civil y cuando empezó el movimiento tenía la categoría de cabo. Debe ser el JEFE DE LAS EXPEDICIONES y aprovechar algunas de estas para pasar al enemigo y regreso. Tal vez se le localizase por la calle Alberto Aguilera». Sus andanzas por el Madrid rojo hizo que el Tribunal Especial de Guardia número 3, en juicio celebrado los días 2 y 3 de febrero de 1939, le buscase por el delito de alta traición, dado que estaba, como era lógico, en paradero desconocido.

Los últimos días de la guerra

Estaba en Madrid en marzo de 1939, en los últimos días de la guerra, con la misión de ayudar a la caída de la ciudad. Con una veintena de falangistas acudió al Ministerio de Hacienda, uno de los últimos reductos frentepopulistas de la ciudad, tomó el edificio y allí encontró muy enfermo al líder socialista Julián Besteiro protegido por Antonio Luna, un destacado miembro de la Quinta Columna.
Su vida, sin duda aventurera, está cargada de misterio y posiblemente de mitos. Algunos autores le sitúan al mando de una bandera de Falange con la que tomó la posición del cerro de la Estrella, en el frente de Toledo, por lo que fue propuesto para una Laureada. Su misión más importante fue entregar unos documentos secretos del Ejército Popular de la República, en octubre de 1938, cruzando por el Frente de Extremadura. Dos de sus compañeros resultaron muertos y Villapalos llegó a las líneas nacionales con cinco balas en el cuerpo. Fue nuevamente propuesto para una Laureada, pero no la ganó «por determinadas actuaciones de tipo personal en su vida particular de hombre soltero y más bien divertido», según el eufemismo oficial que disimulaba sus resonantes aventuras. Dicen que el mismísimo Franco dijo: «Habría que darle la Laureada como militar y fusilarle como civil». El mito y la realidad se mezclan de forma difícil de separar en su vida. Falangista hasta las cachas y hombre de acción. Logró sobrevivir a la Guerra Civil obteniendo dos cruces rojas, una medalla de campaña y dos cruces de guerra.
Su vida de aventura terminó al enfermar su mujer de tuberculosis y tener que dedicarse a su cuidado. Su mujer sobrevivió a la terrible enfermedad, tuvieron tres hijos, Esther, Paloma y Gustavo, el que luego fue rector de la Universidad Complutense de Madrid.
Gustavo Villapalos

Gustavo VillapalosEl Debate

Como muchos azules, fue muy crítico con Franco por frustrar la revolución nacional con la que soñaban los falangistas (cosa que lograron sin darse casi cuenta pues la España del 36 poco o nada se parecía a la del 75) y por el trato que dio el Generalísimo a la Falange. Pero con la aprobación de la constitución de 1978, volvió a llenar su casa de retratos del Caudillo. Mantuvo su amistad de guerra con Manuel Gutiérrez Mellado, que estuvo a punto de ser padrino del bautizo de Paloma Villapalos, aunque nunca le perdonó su entrega a Suárez. Diría «no comprendo cómo se puede jugar a distintas barajas». Nunca sabremos si se refería a «El Guti», nombre de guerra del teniente general Gutiérrez Mellado durante la guerra, o a su hijo Gustavo.
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