Fundado en 1910

04 de marzo de 2024

La fundación de Santiago, óleo de Pedro Lira (1888)

La fundación de Santiago, óleo de Pedro Lira (1888)Museo Historico Nacional, Santiago

Pedro de Valdivia, el conquistador extremeño que fundó Santiago de Chile

Al frente de un puñado de soldados, el 12 de febrero de 1541 Valdivia conquistó el territorio del actual Chile, pero 13 años después sucumbió a una emboscada de los mapuches

El 12 de febrero de 1541 quedó formalmente fundada la ciudad de Santiago del Nuevo Extremo. Levantada el acta, se procedió a delimitar las cuadras siguiendo el modelo de urbanismo señalado en las leyes para Indias, que era el de Vitrubio y que sistematizaría Felipe II en las Ordenanzas de 1553.
Todo presidio por una plaza mayor donde estarían situadas la catedral, el cabildo, la cárcel y la casa de gobierno. Los solares fueron adjudicados a los conquistadores colonos que comenzaron a construir las casas de barro y paja, como era lo habitual hasta la llegada de canteros y alarifes. Era un lugar fértil, con mucha agua dulce, con población abundante y pacífica que toleraron la presencia española. Pedro de Valdivia solo le dedica a esta fundación unas líneas en su carta al emperador de 4 de septiembre de 1545. Y en el acta del Cabildo, conservada desde entonces, se refiere que la fundación no se hace en nombre del Rey sino de Francisco Pizarro.
Pedro de Valdivia

Pedro de Valdivia

Pedro de Valdivia, extremeño, posiblemente de Castuera, nacido en 1521, responde al perfil de aventurero en la mejor extensión de la palabra. Hidalgo, con algunos estudios pues redactaba sus cartas de relación, optó por la vida militar y combatió en Flandes e Italia.
Era un hombre de acción. R. B. Cunninghame Graham lo describe, en la biografía que le dedicó, como «arquetipo de todas las cualidades elementales que la naturaleza imprime en el hombre. Valiente a toda prueba, tolerante y paciente hasta un límite increíble para las penurias bajo las cuales los más valerosos habrían sucumbido, leal al rey y a su patria, soldado vigoroso, tenía gran capacidad como administrador».
Regresó a su tierra como capitán pero la vida extremeña no le presentaba alicientes y decidió embarcarse rumbo a América que era el lugar donde la aventura se podía coronar con gloria y fortuna, dejando atrás familia y recuerdos.
Chile había pertenecido a Almagro, que abandonó fracasado la empresa de conquista. Valdivia, que había llegado a Perú con Almagro pero que luego se pasó al partido de los Pizarro, partió de Cuzco en 1540, con unos doce españoles y su amada Inés Sanz (novelada por Isabel Allende en Inés del alma mía). Su viaje estuvo lleno de dificultades y su vida corrió riesgo en varias ocasiones, unas veces por los indios enemigos y otras por los socios de expedición.
Tenía intención de hacer una fundación para que fuera sede de su poder de gobernador. Tenía algunas noticias de los indios de Cuzco pues, al cabo, estaba en territorios que pertenecieron al Imperio inca. El valle del Mapocho era un lugar idóneo para la ciudad. Había restos de edificaciones incas y los habitantes picunches lo señalaron. Valdivia prefirió el acuerdo a la guerra. «Hombre de armas, Valdivia sabe por experiencia que la guerra es en sí un mal», escribe Rosa Arciniega en Don Pedro de Valdivia, conquistador de Chile (Santiago 1943). Valdivia reunió a los caciques, les habló del poder del Emperador Carlos y de que las tierras pasaban a ser españolas con el nombre de Nueva Extremadura.
Gerónimo de Vivar en su Crónica y relación copiosa y verdadera de los reinos de Chile (1558), narra la fundación comenzando por la iglesia. Después de la misa, los españoles explicaron a los caciques quien fue Jesús. Y ellos les respondieron con una leyenda. En palabras de Vivar: «Por esta tierra anduvo antiguamente un hombre de vuestra estatura y con la barba crecida como algunos de vosotros y que lo que este hombre hacía era curar y sanar los enfermos, lavándolos con agua que hacía llover y criar los maíces y sementeras y que cuando caminaba por las sierras nevadas, encendía lumbre con solo el soplo y hablaba generalmente en sus lenguas y lenguajes a todos y les daba a entender como en lo alto de los cielos estaba el creador de todas las cosas».
La fundación de esta ciudad, hoy capital de la República de Chile, no ocupa mucho espacio en sus biografías, puesto que fue algo fácil en comparación con lo que vendría después. Las noticias dadas por el propio Valvidia en sus cartas son las que encontramos en la Historia de Chile desde su descubrimiento hasta el año de 1575 de Góngora Marmolejo, capitán que sirvió a Valdivia en la conquista. Los indios del lugar ya estaban advertidos por Manco Inca de que los españoles iban a llegar y les conminaba a esconder todo el oro, el grano guardado y los ganados.
La vida en los primeros tiempos no fue fácil. Los españoles sabían que los picunches pagaban un tributo anula en oro a los incas, y se esforzaron en saber de donde procedía. No estaban allí solo para ser agricultores, necesitaban el oro que justificara sus fatigas y sus ansias. Procedía de los yacimientos de Marga-Marga. Valdivia consiguió indios para trabajar las minas, construyó un embarcadero y un bergantín que los comunicara por mar con Perú.
Después consiguió que el cabildo lo nombrara gobernador para así romper la dependencia con Perú y responder solo ante el Rey, que tardó en ratificar ese nombramiento. La presión sobre los habitantes locales acabó con la paz inicial y el 11 de septiembre fue asaltado el yacimiento aurífero y la ciudad de Santiago que, aunque no fue tomada, ardió por completo debido a la endeblez de las construcciones y los materiales usados. Perdieron víveres y animales y sufrieron el hambre.
Valdivia no abandonó el lugar. Reinició la construcción y mandó emisarios a Perú para que enviaran refuerzos. La llegada de tropas de refresco dos años después de la destrucción supuso un alivio para la ciudad y facilitó a Valdivia nuevos viajes y la fundación de otras ciudades, verdadera pasión del extremeño, como La Serena, Concepción o Valdivia.
Los nativos emigraron de las tierras cercanas a Santiago y se dirigieron al sur. Los españoles necesitaban trabajadores, lo que les obligó a seguir conquistando tierras. Valdivia nunca descansó, nunca se paró a disfrutar de la conquista hasta que Lautaro, un caudillo araucano que aprendió la manera de hacer la guerra de los españoles por haber sido paje de Valdivia, acabó con la vida del conquistador después de haberlo torturado.
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