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21 de junio de 2024

La tumba del faraón Tutankamón en el Valle de Los Reyes en Luxor

La tumba del faraón Tutankamón en el Valle de Los Reyes en LuxorGtresOnline | ©RADIALPRESS

Un estudio revela el motivo científico que hay detrás de la «maldición de Tutankamón»

El estudio explica que también se documentaron altos niveles de radiación en las ruinas de tumbas del Reino Antiguo, en dos lugares de Giza y en varias tumbas subterráneas en Saqqara

Después de seis temporadas y haber gastado 25.000 libras esterlinas, Lord Carnarvon junto con Howard Carter localizaron la tumba del faraón Tutankamón, de la dinastía XVIII, en el Valle de los Reyes.

Una vez descombrado el corredor y creado un pequeño orificio en la puerta sellada que les cerraba el paso, Howard Carter, conteniendo la emoción del momento, se asomó para vislumbrar el interior de la cámara funeraria. Fue entonces cuando Lord Carnarvon preguntó: «¿Ve usted algo?», y aquel pronunció unas palabras que han devenido icónicas: «Sí, cosas maravillosas».

Tras su descubrimiento se produjeron algunas extrañas muertes de personas que trabajaron en el hallazgo lo que disparó las hipótesis sobre una maldición sobre natural; sin embargo un estudio científico, publicado en el Journal of Scientific Exploration, aporta algunas claves de lo que pudo ocurrir.

Para Ross Fellowes, autor del estudio, la causa de las muertes de los descubridores fue el envenenamiento por radiación que desprendían algunos elementos naturales que contenían uranio y desechos tóxicos que se colocaron deliberadamente dentro de la bóveda sellada.

La exposición a estas sustancias podría haber provocado ciertos cánceres, como el que acabó con la vida del arqueólogo Howard Carter, la primera persona que entró en la tumba de Tutankamón hace más de 100 años. Éste murió en 1939, probablemente de un ataque cardíaco tras haber luchado una larga batalla contra el linfoma de Hodgkin, que afecta el sistema inmunológico del cuerpo, y el envenenamiento por radiación se ha relacionado como una causa del cáncer.

Lord Carnarvon, como patrocinador de la expedición, también fue uno de los primeros hombres en entrar en la tumba. Al poco tiempo de entrar en la cámara sepulcral, cayó enfermo y murió por envenenamiento de la sangre cinco meses después del descubrimiento.

También hubo otras personas que participaron en la excavación y murieron por asfixia, derrames cerebrales, diabetes, insuficiencia cardíaca, neumonía, envenenamiento, malaria y exposición a rayos X; todos tenían más de 50 años.

Altos niveles de radiación

El estudio explica que también se documentaron altos niveles de radiación en las ruinas de tumbas del Reino Antiguo, en dos lugares de Giza y en varias tumbas subterráneas en Saqqara. Fellowes señala que «se asoció una intensa radiactividad con dos cofres de piedra, especialmente en el interior».

Por su parte, el profesor Robert Temple señala que los cofres estaban hechos de basalto, que «eran una fuente puntual de radiación, a diferencia de los niveles naturales (de radón) del han documentado los niveles de gas radón en varios lugares de las tumbas de Saqqara. El gas radón es un producto intermedio de la desintegración del uranio, con una vida media de 3,8 días.

Así, se identificaron concentraciones ambientales de radón en seis lugares a lo largo de las ruinas de Saqqara: la Tumba Sur, los almacenes de la pirámide de Zoser y los túneles de la tumba del Serapeum.

Asimismo se encontraron miles de vasijas bajo la pirámide escalonada en la década de 1960 que contenían hasta 200 toneladas de sustancias no identificadas, lo que sugiere que las toxinas fueron enterradas con restos momificados. «La fuerte radiación (como radón) reportada en las ruinas de las tumbas se ha atribuido vagamente al fondo natural del lecho de roca madre», explica Fellowes.

«Sin embargo, los niveles son inusualmente altos y localizados, lo que no concuerda con las características del lecho de piedra caliza pero implica alguna otra fuente no natural», concluye.

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