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Bombardeo de Tokio 1945

Bombardeo de Tokio 1945Library of Congress

Picotazos de historia

9 de marzo de 1945: la noche que Tokio fue arrasada por el bombardeo no nuclear más mortífero de la historia

LeMay organizó un bombardeo escalonado con ochenta y cuatro B-29, que lanzaron bombas incendiarias en lugar de explosivas. El resultado fue devastado

Curtis Emerson LeMay (1906-1990), en 1944, siendo entonces general de división, fue destinado desde el frente europeo al del Pacífico para hacerse cargo de la 20.ª Fuerza Aérea de los Estados Unidos de Norteamérica. Durante su tiempo en Europa, demostró ser un brillante táctico y estratega, además de crear nuevos conceptos para los bombarderos, como la caja de combate (formación defensiva/ofensiva) y las formaciones escalonadas.

En agosto de 1944, asumió el mando de esta unidad, cuya principal base estaba en la ciudad china de Chengdu, en la provincia de Sichuan. Esta base se encontraba a más de 2.300 kilómetros del sureste de Japón y a más de 3.000 de la ciudad de Tokio, lo que hacía que los bombardeos sobre Japón fueran costosos en combustible, escasos e imprecisos al realizarse a gran altitud. Tokio quedaba fuera del radio de acción de los bombarderos B-29 «Superfortaleza Volante».

Un padre y su hijo huyen a través del puente Sukiyabashi durante un ataque aéreo el 27 de enero de 1945

Un padre y su hijo huyen a través del puente Sukiyabashi durante un ataque aéreo el 27 de enero de 1945

A finales de ese año, el Estado Imperial japonés desató una ofensiva contra las fuerzas chinas, conocida como Operación Ichi-Go. LeMay, quien había hecho hincapié en el entrenamiento y la disciplina del personal en su conjunto (pilotos, mecánicos, personal de suministro, etc.), con el objetivo de mejorar su rendimiento, recibió la orden de destruir la principal base de suministros del Ejército Imperial Japonés durante la ofensiva. Esta se encontraba en la ciudad de Hankow (una de las tres ciudades que se fusionaron para formar la gran conurbación de Wuchang, actual capital de la provincia de Hubei).

LeMay organizó un bombardeo escalonado con ochenta y cuatro B-29, que lanzaron bombas incendiarias en lugar de explosivas. El resultado fue devastador: Hankow ardió durante tres días y sus noches, dejando a dos ejércitos japoneses con graves problemas de suministro.

Tras demostrar la efectividad de las bombas de racimo incendiarias modelo M69, que fueron utilizadas por primera vez de manera masiva en Hankow, se le ordenó planear las incursiones aéreas sobre Japón, a medida que se capturaban islas que permitían establecer una cadena de bases aéreas.

La zona residencial fue destruida

La zona residencial fue destruida

El primer bombardeo incendiario efectivo –ya que anteriormente se habían realizado varios, pero de forma aislada y sin tanto éxito– fue el que se llevó a cabo sobre Kobe el 4 de febrero de 1945. Sesenta y nueve Superfortalezas destruyeron más de mil edificios y multitud de viviendas. El 19 de febrero, la 20.ª Fuerza Aérea y el propio general LeMay recibieron la orden de que el XXI Mando de Bombardeos (unidad que, junto con el XX Mando, formaba la 20.ª Fuerza Aérea) se dedicara exclusivamente al bombardeo de ciudades japonesas, en especial Tokio.

Siguiendo las directrices establecidas, se llevó a cabo el bombardeo de Tokio el 25 de febrero de ese año. Se ordenó que el ataque se realizara a gran altitud para evitar la artillería antiaérea, y fue ejecutado por 172 B-29. Al finalizar, se calculó que unos 28.000 edificios habían sido destruidos o gravemente dañados.

No obstante, LeMay consideró que esta no era la táctica adecuada y que los bombardeos serían más efectivos si se realizaban a baja altitud. Aunque esto expondría a los aviones a la defensa de la ciudad, permitiría ataques más precisos y permitiría a los bombarderos cargar con una mayor cantidad de bombas. Además, ordenó que los bombardeos se llevaran a cabo durante la noche y que se utilizara el nuevo sistema de navegación LORAN, con el que estaban equipados los B-29, lo que proporcionaba mayor precisión y fiabilidad en la navegación nocturna.

Atacar de noche impedía mantener formaciones durante mucho tiempo, por lo que se animó a los pilotos a realizar ataques individuales sobre los objetivos.

LeMay se hizo conocido por sus ataques incendiarios masivos contra ciudades japonesas

LeMay se hizo conocido por sus ataques incendiarios masivos contra ciudades japonesas

El 8 de marzo, LeMay dio la orden de llevar a cabo una incursión sobre Tokio al día siguiente. El área designada para el ataque tenía una extensión de 6,5 x 4,8 kilómetros y abarcaba la zona de Shitamachi (ciudad baja), habitada principalmente por la clase trabajadora y los artesanos.

A las 17:35 comenzaron a despegar los primeros B-29 de los 325 que participaron en la misión. A las 00:08 se inició el ataque sobre Tokio. Cada avión lanzó su carga completa sobre la ciudad. En total, doce bombarderos norteamericanos fueron derribados por la artillería antiaérea y otros cuarenta y dos sufrieron daños de diversa consideración. Las bajas estadounidenses fueron 98 muertos y seis heridos.

El resultado del bombardeo fue catastrófico para los japoneses. Sus casas, construidas principalmente de madera y papel, ardieron con facilidad. Más de un millón de personas perdieron su hogar esa noche. Este bombardeo es considerado el más mortífero de la historia. El último recuento, realizado en 2011, arrojó la cifra atroz de 105.400 muertos.

Nakamise y sus alrededores vistos desde la azotea de Matsuya Asakusa después del ataque aéreo del amanecer del 10 de marzo

Nakamise y sus alrededores vistos desde la azotea de Matsuya Asakusa después del ataque aéreo del amanecer del 10 de marzo

El número de heridos es imposible de evaluar debido a la emigración inmediata de los supervivientes traumatizados a los distritos limítrofes. La policía local registró la destrucción de 267.171 edificios. Siete distritos de la ciudad fueron completamente arrasados, otros ocho sufrieron daños de al menos el 50 %, y catorce más fueron afectados en diversos grados.

El Estado Mayor de la 20.ª Fuerza Aérea analizó las fotografías y mapas de la evolución de los incendios, elaborados por los cartógrafos que volaban en los aviones de observación que acompañaron al ataque. El resultado se consideró satisfactorio, por lo que se organizó una campaña de bombardeos masivos sobre las principales ciudades japonesas. Dos meses después, se tuvo que recurrir nuevamente a las bombas explosivas, ya que la poderosa industria norteamericana no podía sostener el ritmo de fabricación y consumo de las bombas incendiarias, agotando sus reservas.

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