Antonio Tejero: el hombre que no quiso adaptarse a los nuevos tiempos
Fue consciente de que si la intentona golpista fracasaba, cosa probable, le supondría muchos años en prisión y la ruina de su familia. Le ofrecieron salir de España si dejaba salir vivos a los diputados y se negó, argumentando que no era un delincuente
El teniente coronel Antonio Tejero irrumpe, pistola en mano, en el Congreso de los Diputados
Las personas que conocieron al teniente coronel Tejero cuando ya había perdido su graduación militar, detenido en una prisión militar, quedaban sorprendidas por su tono pausado de voz, su aire tranquilo y su calma remarcada por un suave acento andaluz.
Su fotografía en el Congreso de Diputados, empuñando una pistola en la mano derecha, dio la vuelta al mundo, transmitiendo una imagen de Tejero que poco tenía que ver con el templado oficial de la Guardia Civil que había protagonizado el último golpe de estado de la turbulenta historia contemporánea de España.
Nació en Alhaurín el Grande, 30 de abril de 1932, antes del comienzo de la Guerra Civil, ingresó en la academia militar de Zaragoza a los 19 años, para luego ir a la Academia de la Guardia Civil donde obtuvo el despacho de teniente en 1955. Entre los diversos destinos en que prestó servicio durante su carrera militar en la Benemérita su paso por Guipúzcoa le marcó.
El teniente coronel Tejero irrumpe en el Congreso de los Diputados durante la investidura de Calvo Sotelo
Antonio Tejero siempre demostró, a lo largo de sus años de servicio, unas fuertes convicciones morales y políticas, aprendidas en sus años de cadete, durante el franquismo, que con la muerte del general Franco empezaron a ser cuestionadas cuando no despreciadas.
Su negativa a adaptarse a los nuevos tiempos que traía la Transición le llevaron a enfrentarse varias veces con sus superiores, lo que le supuso diversos arrestos. Uno de ellos cuando exigió órdenes al, entonces, ministro Martín Villa sobre los honores que debía dispensar a la ikurriña.
Fue, nuevamente, arrestado por causa del traslado a Málaga del cadáver de un guardia civil malagueño asesinado en Barcelona, cuando «se me ordenó que el entierro fuera a la hora de comer, en una furgoneta y por las calles menos transitadas. Y por mi orden, el cadáver del guardia civil salió a las doce de la mañana, a pie y por las principales calles y a hombros de su teniente coronel y otros compañeros».
Los años de plomo llevaron al teniente coronel Tejero a pensar que la única forma de terminar con el terrorismo etarra, del GRAPO y del FRAP e impedir la partición de España era la toma del poder por los militares.
Junto al capitán de la Policía Armada Ricardo Sáenz de Ynestrilla iniciaron conversaciones para un golpe de estado, la conocida como Operación Galaxia. Ambos fueron detenidos y pasaron algún tiempo en prisión. Ricardo Sáenz de Ynestrillas fue asesinado por ETA en Madrid el 17 de junio de 1986.
Antonio Tejero, el 23-F
Los problemas que le acarrearon al, todavía, teniente coronel Tejero el nuevo arresto no le amedrentaron.
En 1980 un grupo de militares del Ejército de Tierra liderados por el teniente general Milans del Bosch y el general Armada comenzaron a planificar una sublevación militar, al estilo del golpe de Primo de Rivera, para reconducir el futuro de España bajo el supuesto apoyo de la monarquía.
Aquel año hubo un muerto por terrorismo cada 60 horas. España vivía agazapada. La tensión iba en aumento y tocó techo cuando el 4 de febrero de 1981 el rey Juan Carlos I, durante una visita al parlamento vasco, fue abucheado por los diputados de Herri Batasuna en un ambiente de enorme tensión y violencia.
García Carrés puso en contacto a Tejero con los militares que conspiraban contra el Gobierno
El teniente coronel Tejero había entrado en contacto con el falangista Juan García Carrés, el único civil procesado por el golpe de estado del 23-F, cuando éste organizaba los homenajes a la Guardia Civil por toda España con objeto de impedir la desmilitarización de la Benemérita.
García Carrés puso en contacto a Tejero con los militares que conspiraban contra el Gobierno. En las reuniones previas al golpe se decidió que fuese el templado y ya probado teniente coronel Tejero el que liderase el grupo de guardias civiles que debía tomar el Congreso de Diputados por la fuerza, aunque sin derramamiento de sangre, para imponer un gobierno de salvación nacional presidido por un militar.
La unidad que, inicialmente, debía tomar el Congreso no resultará disponible y Tejero sacará a los guardias civiles del parque móvil de la calle Príncipe de Vergara, montados en varios autobuses comprados por García Carrés, para tomar el Parlamento español por la fuerza.
Su condena suponía la pérdida de su graduación militar y de todos los derechos adquiridos
Antonio Tejero será condenado por «rebelión militar» a 30 años de prisión a cumplir en establecimientos penitenciarios militares, a pesar de perder su condición de militar. Cumplirá 15 años en diversas prisiones.
En 1993 se le concede el tercer grado y en 1996 sale de la cárcel en libertad condicional. Su condena suponía la pérdida de su graduación militar y de todos los derechos adquiridos en su tiempo de servicio.
Padre de seis hijos, tres chicos y tres chicas, y sin bienes de fortuna los Tejero son expulsados de la vivienda militar en la que vivían y se ven obligados a sobrevivir con su padre en prisión del sueldo de maestra de su esposa Carmen, hija de guardia civil.
Le ofrecieron salir de España
Tejero siempre fue consciente que sumarse a la intentona golpista del 23-F, si fracasaba, cosa muy probable, y, como de hecho ocurrió, supondría su ingreso por muchos años en prisión y la ruina de su familia. Le ofrecieron salir de España si dejaba salir vivos a los diputados que tenía retenidos y se negó argumentando que no era un delincuente.
Hoy sabemos que los implicados en la trama golpista eran muchos más de los que finalmente fueron procesados. Pero en 1981 el ruido de sables era una realidad en muchos cuartos de banderas y nuestros políticos optaron por procesar solo a los implicados a los que era imposible no condenar.
Tenía 64 años cuando salió de prisión. Optó por una vida tranquila rodeado de su numerosa familia. Hizo pocas apariciones públicas, siendo casi la única conocida su asistencia en el año 2019 al cementerio de Mingorrubio al entierro del general Franco tras la forzada salida del cadáver del Generalísimo del Valle de los Caídos. Toda una declaración de principios.