Hombres lobo en una litografía de Maurice Sand de 1858
Picotazos de historia
El insólito juicio de Thiess, el anciano que afirmó ser un «hombre lobo al servicio de Dios»
En la Livonia del siglo XVII, un anciano curandero desafió a sus jueces al proclamarse hombre lobo al servicio de Dios y no del diablo
Livonia es un territorio histórico, conocido como Tierra Mariana, que fue propiedad y conquista de la Orden de los Hermanos Livonios de la Espada. Esta orden acabó siendo integrada en la de los Caballeros Teutónicos, en 1237, después de que la Orden de los Hermanos de Livonia quedara gravemente diezmada tras la batalla de Saule (1236) contra los paganos samogitios.
El territorio de Livonia se extendía a lo largo de la costa oriental del mar Báltico, ocupando la mayor parte de las actuales repúblicas de Letonia y Estonia. El suceso, que a continuación voy a narrarles a ustedes, aconteció en el año 1692 en una pequeña población llamada Jürgensburg —hoy absorbida por la ciudad de Tallín, actual capital de Estonia y antiguamente llamada Reval—, en el condado de Harju.
La población pertenecía y debía su nombre a una vieja familia que se remontaba a los Caballeros Teutónicos: los Clodt von Jürgensburg. Hoy la población se conoce como Zaube y es parte de la ciudad de Tallín.
Como les estaba contando, en 1692 se llamó a declarar ante el tribunal del señor a un anciano de cerca de ochenta años de edad. Este era un jornalero que vivía en las afueras de la población, antiguo conocido por todos. Se llamaba Thiess de Kaltenbrun —una pequeña aldea perteneciente al municipio de Paide, en el condado de Parva (Estonia)—, y su padre, que fue jornalero como él, vino de esa población a instalarse en Jürgensburg, llevando a Thiess cuando aún era niño.
El viejo Thiess, denominación por la que era conocido por todos, llevaba una vida moderada. Por todos era sabido que el enjuto anciano era curandero, lo mismo que lo fue su padre, y que utilizaba amuletos y oraciones para aliviar a personas y animales de sus dolencias.
El viejo Thiess era una figura respetada dentro de la pequeña comunidad, ya que representaba el conocimiento y la memoria ancestral mezclados con las prácticas cristianas. Existe poca documentación previa a 1692, pero de lo poco que se ha encontrado sabemos que Thiess casó con una joven del lugar llamada Annika. Tuvieron dos hijos, pero durante una epidemia, y posterior hambruna, Thiess perdió a su esposa e hijos. Quedó solo.
En 1681 tenemos la primera declaración oficial sobre el tema que nos interesa. Thiess acusó al granjero Jurgen Hausen de Lemburg de ser un brujo. Afirmó que el granjero había robado grano de una granja vecina para entregárselo a Satanás en el mismo infierno. Él —Thiess—, como hombre lobo al servicio de Dios, le había perseguido hasta el infierno —del que da descripción— y había peleado contra Hausen, quien le había roto la nariz durante la pelea.
El juez desestimó el caso, a pesar de la evidente hinchazón de la nariz del viejo Thiess, pero la población quedó muy impresionada por lo que se había declarado delante del magistrado. Tanto, que el párroco local Johann Bucholtz aconsejó a los habitantes de la aldea que dejaran de consultar al viejo Thiess.
A finales de 1691, Thiess fue nuevamente llamado a declarar ante los jueces. Esta vez fue con motivo de un robo perpetrado en una iglesia cercana. Espontáneamente, Thiess declaró ser un hombre lobo, lo que le valió que se le abriera una investigación por herejía. En febrero del siguiente año, y tras haber declarado bajo juramento que era un hombre lobo dedicado al servicio de Dios, fue detenido y encarcelado.
Los interrogatorios se iniciaron en marzo bajo la supervisión de los jueces Bengt Ackerstaff y Herman Georg von Trautrotter. Evitando la tortura en atención a la edad del viejo Thiess, este declaró que se transformaba en lobo con el fin de proteger el ganado y las cosechas de las acechanzas del maligno, velando así por la prosperidad de la comunidad.
Que la habilidad de transformarse le había sido dada por un pícaro con el que compartió unas cuantas jarras de cerveza y que él podía hacer lo mismo con quien bebiera con él. Como hombre lobo al servicio de Dios, frecuentemente había tenido que combatir contra servidores del diablo, y puso como ejemplo a una bruja llamada Liesma Vanags, que acostumbraba a robar la cebada de una finca próxima.
Los jueces, nada contentos con las declaraciones del investigado, ordenaron que se le aplicara una tortura en grado leve, a ver si entraba en razón y dejaba de contar tonterías.
Thiess fue atado a una armazón de madera y le azotaron las plantas de los pies. Durante la ejecución de los azotes, el viejo no dejó de gritar: «No soy siervo del diablo, sino el perro de Dios, que salva a la tierra de la ruina».
Como porfiara con este cuento, los jueces ordenaron que se le aplicara el tratamiento completo, sin consideración alguna. El 15 de marzo le aplicaron cuerdas en los dedos, que apretaron hasta que le salió sangre por las uñas. Thiess se mantuvo firme en todo cuanto había declarado. Afirmó ser miembro de una manada de ocho y dio el nombre del granjero Maliss de Lemburg, al que no se pudo interrogar porque se había reunido con el Altísimo el año anterior.
Se llamó a testigos dentro de la población y todos dieron testimonio de las habilidades curativas del viejo Thiess y de las extrañas historias que le habían oído en relación con los hombres lobo. El granjero Hausen, antiguo conocido, fue llamado como testigo y declaró que Thiess era «un viejo loco», lo que no era delito ni herejía alguna. Al final se declaró que no existía causa penal, pero sí había una posible herejía en sus afirmaciones.
El juicio se inició el 10 de octubre de ese año en la ciudad de Venden, siendo los jueces los mismos que llevaron a cabo las diligencias anteriores. El fiscal Peter Olafsson abrió las acusaciones por blasfemia y brujería. El abogado del reo, Sven Larson, señaló que no se había producido violencia alguna y que la causa debía ser tomada con prudencia y especial atención a la avanzada edad del acusado.
Por su parte, un Thiess frágil, andrajoso y desnutrido tras meses de confinamiento en una celda se alzó patéticamente para reafirmarse en todo lo dicho y aportar más detalles sobre el infierno e insistir en que las almas de los hombres lobo van al cielo, pues hacen el bien a la humanidad en nombre de Dios.
El 31 de octubre se dictó sentencia y esta fue sorprendentemente benigna: veinte latigazos y destierro a perpetuidad. Piensen que todos los casos en los que había aparecido la acusación de licantropía habían terminado con penas de muerte. Del tribunal fue conducido a la picota, donde recibió los latigazos. Al día siguiente, el alguacil Lars Eriksson, junto con dos de sus guardias, le acompañó hasta la frontera con el ducado de Curlandia. Nada más se supo del viejo Thiess. Se supone que murió al poco tiempo debido a los padecimientos y a la inanición.
Las actas del proceso se encontraron durante el periodo de entreguerras del siglo XX y fueron publicadas en diferentes revistas académicas. Después de la Segunda Guerra Mundial, investigadores señalaron las semejanzas entre «el hombre lobo de Dios» y el fenómeno de los benandanti de la zona del Friuli, en Italia. Estos son los únicos casos que nos encontramos en la cultura popular en que se vincula la licantropía como benéfica y con la labor de Dios.