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El piloto alemán que salvó la vida a una tripulación americana

El piloto alemán que salvó la vida a una tripulación americana en la Segunda Guerra Mundial

En lugar de abrir fuego, Stigler se posicionó junto al bombardero e intentó comunicar a Brown que debía aterrizar en Alemania para rendirse y recibir atención médica

En tiempos de guerra, la última palabra que alguien esperaría escuchar es «clemencia». Sin embargo, para el piloto alemán Franz Stigler, aquel 20 de diciembre de 1943, esa palabra se convirtió en su prioridad. En un conflicto dominado por la brutalidad y la destrucción, su historia destaca como un ejemplo de humanidad en medio del caos.

La Segunda Guerra Mundial estaba en su punto álgido cuando un bombardero estadounidense B-17 Flying Fortress, conocido como «Ye Olde Pub» y comandado por el teniente segundo Charlie Brown, emprendió su regreso a territorio aliado tras completar una peligrosa misión sobre Alemania. Su objetivo había sido una fábrica de armamento en Bremen, pero el precio que pagó la tripulación fue casi fatal.

El avión regresaba en condiciones catastróficas: un motor había sido destruido, la sección de la cola estaba prácticamente inexistente y varios tripulantes habían resultado heridos, incluido un artillero que murió en el acto debido al fuego enemigo. Para empeorar la situación, casi todas las ametralladoras de defensa estaban fuera de servicio, dejando a la aeronave vulnerable a cualquier ataque final de la Luftwaffe.

Charlie Brown (izq.) y Franz Stigler (dcha.)

Desde una base en tierra, el experimentado piloto alemán Franz Stigler observó la escena. Un veterano de la Luftwaffe con múltiples victorias en combate, Stigler acababa de repostar su caza Messerschmitt Bf 109 y estaba listo para volver al aire, armado con dos cañones 20 mm y varias ametralladoras, no había forma de que el bombardero resistiese tal castigo, lo habría desintegrado en el aire. Cuando divisó al solitario bombardero estadounidense, vio en él un objetivo fácil. Siguiendo el protocolo, despegó y se dispuso a derribarlo.

No obstante, al acercarse lo suficiente, Stigler pudo ver con claridad el estado en el que se encontraba el B-17. A través de los agujeros en el fuselaje pudo distinguir a los tripulantes heridos, el desastre interno y la fragilidad de la nave. Fue entonces cuando recordó una enseñanza de su antiguo comandante: «Si alguna vez veo que disparas a un hombre en paracaídas, te dispararé yo mismo». Aquel código de honor pesó más que su entrenamiento como piloto de combate.

En lugar de abrir fuego, Stigler se posicionó junto al bombardero e intentó comunicar a Brown que debía aterrizar en Alemania para rendirse y recibir atención médica. Sin embargo, Brown se mantuvo firme en su intento de alcanzar territorio aliado.

Foto de grupo de la tripulación del Ye Olde Pub (Brown está arrodillado en el extremo izquierdo)

Tomando una decisión que pudo costarle la vida, Stigler decidió escoltar al B-17 hasta la costa, volando junto a la aeronave para evitar que las baterías antiaéreas alemanas abrieran fuego. Durante varios minutos, el piloto alemán protegió a aquellos que minutos antes habían lanzado bombas sobre su país.

Finalmente, al llegar al límite del espacio aéreo alemán, Stigler realizó un saludo militar a Brown y giró su avión, regresando a su base sin haber cumplido su misión. Aquel gesto de honor se mantuvo en secreto durante años, pues de haber sido descubierto, Stigler podría haber sido fusilado por insubordinación.

Por su parte, Charlie Brown y su tripulación lograron regresar a salvo a Inglaterra, aunque nunca hablaron públicamente sobre lo sucedido, temiendo que un acto de compasión hacia un enemigo pudiera ser malinterpretado.

Años después, ya concluida la guerra, Brown nunca pudo olvidar el rostro de aquel piloto alemán que les había dado una oportunidad de vivir. En 1990, tras una larga búsqueda, Brown logró localizar a Franz Stigler en Canadá. Cuando se encontraron, Brown le dijo con emoción: «Gracias por despedirte en la costa». A lo que Stigler, sin dudar, respondió: «Charlie, escoltar tu avión fue el honor de mi vida».

Charlie Brown y Franz Stigler en un encuentro ya cuando eran ancianosFlickr

Lo que comenzó como un encuentro improbable en los cielos de Europa se convirtió en una profunda amistad. Durante años, ambos hombres viajaron juntos para contar su historia en conferencias y eventos sobre la Segunda Guerra Mundial.

Ambos fallecieron en 2008, con solo unos meses de diferencia. Pero su legado quedó marcado en la historia, no solo como pilotos de bandos opuestos, sino como símbolos de que incluso en los momentos más oscuros de la humanidad, el honor puede prevalecer. Su historia ha sido retratada por múltiples libros y también en el Museo del Ejército del Aire de EE.UU., donde una exposición permanente, titulada A Higher Call reconoce esta increíble hazaña. Hoy, ambos descansan en el Cielo, el mismo lugar donde se conocieron, aquel día de finales de 1943.