Fundado en 1910

El señor Canalejas en un su gabinete de estudio. Fotografía de Christian Franzen

El presidente que quiso reformar España desde dentro y fue asesinado en la Puerta del Sol

El presidente del Consejo de Ministros de Alfonso XIII, el liberal José Canalejas, fue asesinado por un anarquista en Madrid a comienzos del siglo XX

José Canalejas fue uno de los políticos más importantes de comienzos del siglo XX. Regeneracionista convencido, ambicionó convertir al Partido Liberal en una organización democrática popular, educadora y combatiente. Intentó –a semejanza de su opositor conservador, Antonio Maura– realizar una «revolución desde arriba» para evitar la revolución «desde abajo» tal y como preconizaban socialistas y anarquistas.

Su idea era insertar en el sistema político, cada vez más, a los estratos populares y atraerse a reformistas y republicanos posibilistas. La idea era que ninguna fuerza modernizadora quedara fuera de la Monarquía constitucional, abriendo más el sistema de la Restauración a su izquierda.

Alfonso XIII le encargó formar gobierno el 9 de febrero de 1910 pero, ese mismo año, se creó la Confederación Nacional del Trabajo, un sindicato anarquista, radicalizándose las protestas obreras y las acciones terroristas. Se produjo un atentado contra Maura y una oleada de huelgas al año siguiente, a lo que Canalejas contestó con el establecimiento de la jornada laboral de nueve horas en las minas y la posibilidad de contratos colectivos de trabajo, regulando el trabajo femenino.

Retrato del político español José Canalejas

También abolió el impopular impuesto de consumo, sustituyéndolo por otro directo sobre rentas urbanas. Intentó también, con su famosa Ley del Candado, impedir que aumentara el número de congregaciones religiosas con religiosos y religiosas provenientes de Francia y Portugal, donde se habían impuesto unas políticas contra la Iglesia más radicales y excluyentes. Su idea era bajar la presión anticlerical en la sociedad española.

Esta serie de medidas fueron interpretadas por los dirigentes de la extrema izquierda como peligrosas, ya que podían restar credibilidad a sus demandas, apaciguando las protestas. Además, no por ello dejó Canalejas de utilizar medios represivos contra las violencias anarquistas, ordenando la militarización para frenar la huelga de ferroviarios.

El aragonés Manuel Pardiñas Serrato, anarquista que había prometido asesinar a Alfonso XIII, había huido en 1908 a la Argentina, tras matar a un compañero accidentalmente. Tras unos años en Sudamérica, se trasladó a Francia donde fue vigilado por la policía francesa y española, pero logró pasar la frontera y presentarse en Madrid. El agente que le vigilaba en tierras francesas dejó de hacerlo porque recibió la orden de volver, ya que no había dinero para mantenerle en el extranjero.

Fotografía del anarquista español Manuel Pardiñas Serrano, autor del asesinato del presidente Canalejas

Se sospechaba de que sus jefes anarquistas le habían ordenado realizar un atentado. Pardiñas, al llegar a la capital, vigiló minuciosamente los desplazamientos del presidente del gobierno desde el 10 de noviembre de 1912.

A la mañana siguiente, Pardiñas estuvo en el Congreso de los Diputados, en la tribuna pública, ignorándose posteriormente quién le pudo proporcionar el pase. Debió de ser confundido con alguna personalidad, porque el portero le quitó el gabán a la entrada y se lo puso a la salida con amabilidad. En el hemiciclo, el terrorista observó como Canalejas realizaba su intervención durante media hora, volviendo a su alojamiento por la noche.

El 12 de noviembre, Alfonso XIII debía inaugurar una exposición de crisantemos en El Retiro y el itinerario de su carroza fue señalado por los guardias apostados para vigilar el paso del cortejo regio, colocados en trecho de la calle del Arenal, Puerta del Sol, calle de Carretas y la de San Jerónimo. La hora prevista para el paso del rey por la céntrica Puerta del Sol era las doce, por lo que se fue concentrando una gran multitud para vitorearle.

Manuel Pardiñas se apostó en la acera, esquina a la calle de Carretas, por donde debía pasar el rey. Un cómplice se le unió y fue quien vio al presidente del gobierno en la calle, delante de la librería San Martín. Señalando a Canalejas, le dijo Pardiñas que no le dejara marcharse. Pardiña apuntó al político liberal con una pistola y disparó cuatro tiros, alcanzándole uno mortalmente.

Fotografía del cadáver de José Canalejas tendido en la Puerta del SolBiblioteca Nacional de España

El terrorista corrió al centro de la Puerta del Sol intentado ponerse a salvo. La escolta del presidente, formada por tres agentes, no pudo impedir el atentado pero uno de ellos logró alcanzar a Pardiñas propinándole un estacazo en la nuca que le hizo tambalear. El anarquista ya había dicho que no le importaría suicidarse, siguiendo el ejemplo de su admirado Mateo Morral, el terrorista que lanzó una bomba sobre los reyes el día de su boda en 1906.

Y, de esta manera, viéndose perdido volvió el arma asesina sobre su sien derecha y se pegó un tiro, cayendo al suelo sin vida. También fueron heridas dos personas más por balas perdidas o de rebote de aquellas que disparó contra el presidente.

Se sospechó que Pardiñas había querido atentar contra Alfonso XIII pero, al ver a Canalejas, cambió de víctima. Sin embargo, con esa pistola no tenía posibilidades de acertar bien en el cortejo real. Por ello, se pensó que siempre su objetivo había sido el líder liberal ya que todas la mañanas, a esas horas, salía del Ministerio de Gobernación hacia su domicilio, yendo a pie por la Puerta del Sol.

Alfonso XIII presidió el cortejo fúnebre de Canalejas y le concedió el título de duque póstumamente. Su hijo, José María Canalejas Fernández, estudió Derecho y Filosofía y Letras en las Universidades de Londres y Madrid, accediendo al título nobiliario en 1919. Al estallar la guerra civil española, sintiéndose amenazada su vida por ser quien era, logró asilarse en la Embajada de Cuba.

Sin embargo, los milicianos amenazaron a su madre y exigieron que se presentara su hijo en su domicilio, el cual, al abandonar la protección diplomática de la bandera cubana, supo que su destino era acabar siendo asesinado, como su padre, por los milicianos de izquierdas. Y así ocurrió el 21 de septiembre de 1936.