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Avión Horsa de la Royal Air Force

Avión Horsa de la Royal Air Force

La misión secreta que frustró la bomba atómica de Hitler en Noruega

En febrero de 1943, trescientos bombarderos de la Royal Air Force lanzaron casi mil bombas sobre Vemork

La meseta de Telemark, al suroeste de Noruega, se convirtió en un objetivo clave para aliados durante la Segunda Guerra Mundial. ¿Por qué? A principios de la década de 1930 se instaló en Vemork la única fábrica de Europa que producía agua pesada (D₂O), esencial para la moderación de neutrones en reactores nucleares, es decir, esencial para la fabricación de una bomba atómica.

En 1940, Hitler invadió Noruega y el control de aquellas instalaciones supuso un avance en su proyecto atómico que los aliados no estaban dispuestos a pasar por alto. Durante la contienda, aliados y nazis emprendieron una carrera para desarrollar antes que su enemigo un arma nuclear, y para evitar que los nazis se adelantasen pusieron el foco militar en Vermork.

Vista de la fábrica de agua pesada de Vermork

Vista de la fábrica de agua pesada de VermorkMuseo Noruego del Trabajo Industrial

Bajo el nombre en clave Freshman, los británicos organizaron una operación de sabotaje secreta para desmantelar la fábrica. El primer paso fue crear, en colaboración con los noruegos, un comando de seis noruegos que habían huido de su país antes de la invasión, que tomaría el nombre de Grupo Grouse.

Serían la avanzadilla de la misión, tendrían que contactar con la resistencia y preparar todo para el aterrizaje en tierras noruegas de un contingente de los Royal Engineers, que sería el encargado de la incursión y el sabotaje. Al mando de la misión estarían la famosa Special Operations Executive (SOE), una unidad de élite británica planteada por el propio Winston Churchill en 1940.

Los primeros en llegar a la meseta de Telemark fueron los seis noruegos, que pasaron varios días escondidos y a la espera de los militares británicos. La operación estaba programada para realizarse entre en el 19 y el 27 de noviembre de 1942, pero todo salió mal. El invierno noruego no perdona. Malas condiciones meteorológicas, hielo en las alas y errores de navegación provocaron el desastre.

Los pilotos de los dos planeadores Horsa en los que iba el comando no llegaron nunca a su destino. Se estrellaron por culpa del mal tiempo en algún lugar de Noruega, y los pocos que sobrevivieron al accidente aéreo fueron capturados por la Gestapo. Pocos días después los nazis los ejecutaron.

Un sabotaje casi perfecto

Tras el fracaso de la operación, los alemanes reforzaron sus defensas y los noruegos del Grupo Grouse permanecieron en la zona de la fábrica a la espera de nuevas órdenes. Vivieron ocultos, enfrentados más a la inclemencia del tiempo que a los nazis, hasta que en enero de 1943 los británicos pusieron en marcha un segundo intento de sabotaje. Enviaron un pequeño comando de la SOE, que se lanzó en paracaídas sobre una zona remota y recorrieron varios kilómetros sobre la nieve hasta encontrarse con el grupo de noruegos.

Interior de las instalaciones

Interior de las instalacionesMuseo Noruego del Trabajo Industrial

A finales de febrero del mismo año, el comando aliado pensó que el mejor camino para llegar al complejo de Vermork era escalar un barranco y atravesar un río helado. Enseguida emprendieron la marcha vestidos con sus uniformes británicos para evitar represalias contra la población local si les capturaban. A pesar de las dificultades, consiguieron llegar con éxito hasta las instalaciones.

Dos miembros del equipo entraron en la fábrica por los conductos de ventilación y colocaron las cargas explosivas, se dieron la vuelta y regresaron con sus compañeros. Instantes después los artefactos estallaron destrozando parte de los depósitos y maquinaria del interior.

Los alemanes tardaron tiempo en darse cuenta de lo que había sucedido porque las frecuentes explosiones de los equipos de combustión camuflaron el estruendo de los artefactos. Mientras, los miembros del SOE aprovecharon la confusión inicial para huir en dos grupos diferentes a Suecia y Oslo, respectivamente, donde contactarían con la resistencia de la ciudad noruega.

Pero los alemanes no tardaron en recuperar la producción de la fábrica, porque las explosiones habían causado menos daño del esperado. Entonces, los británicos decidieron aplicar un método más contundente que habían descartado hasta entonces para evitar víctimas civiles: el bombardeo masivo de las instalaciones. En febrero de 1943, trescientos bombarderos de la Royal Air Force lanzaron casi mil bombas sobre Vemork.

Sin embargo, tal despliegue de medios no causó grandes daños, solo un par de bombas cayeron sobre las instalaciones. Fue un fracaso absoluto. Aunque esa fábrica se había convertido en una obsesión para los británicos, varias investigaciones realizadas poco después de la guerra demostraron que Alemania estaba lejos de lograr la bomba. Hoy, en el Museo Industrial de Noruega se conserva parte de las instalaciones y una placa recuerda a los comandos noruegos y británicos que participaron en las operaciones.

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