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Abebe Bikila celebrando en las afueras del Coliseo

Abebe Bikila celebrando en las afueras del Coliseo

Picotazos de historia

Abebe Bikila, el etíope que ganó descalzo la maratón de los Juegos Olímpicos de Roma 1960

A día de hoy, el tiempo conseguido en Roma por Abebe, en los 42,195 kilómetros de distancia de la maratón moderna, en la modalidad de descalzo, permanece imbatido

El 25 de agosto de 1960 se inauguraron los XVII Juegos Olímpicos de Verano de la era moderna. Mucho tiempo después de que en el lejano año de 393 d. C. el emperador Teodosio prohibiera la celebración de los juegos por ser actividad de paganos, las calles de Roma veían cómo se congregaban en la ciudad 5.338 atletas que representaban a 83 países para competir entre ellos.

Estos serán los Juegos Olímpicos en los que el boxeador Cassius Clay ganaría una medalla de oro. El futuro rey Constantino II de Grecia lidera al equipo griego en vela y consigue la medalla de oro. También serán los juegos en los que el ciclista danés Knud Enemark se desplomará inconsciente durante la competición. Lo trasladaron a un hospital, donde falleció al poco.

Desde 1912, con el corredor portugués de la maratón Francisco Lázaro, no había ocurrido una fatalidad semejante. Los análisis posteriores demostraron que el fallecimiento se había producido a consecuencia de la elevada ingesta de anfetaminas. La noticia levantó un clamor popular que daría lugar a una legislación mucho más restrictiva en relación con el uso de sustancias con el fin de mejorar el rendimiento de los participantes.

Todo lo que les he contado antes hubiera bastado para marcar y servir de referencia a esos Juegos Olímpicos en concreto, pero no fue así. Los Juegos de Roma son y serán por siempre aquellos en los que ganó la maratón un pintoresco y completo desconocido llamado Abebe Bikila.

Abebe nació en 1932 en la población etíope de Jato, en la región de Amhara. A los veinte años ingresaría en el ejército, encuadrándolo dentro de la guardia imperial del Negus Haile Selassie.

Durante la instrucción demostró poseer unas capacidades extraordinarias para correr largas distancias y es que, desde pequeño, Abebe estaba acostumbrado a correr. Durante toda su infancia no tenía otro medio para llegar a la escuela, que estaba a diez kilómetros de su casa, que correr campo a través.

En 1956, el entrenador sueco Onni Niskanen fue contratado por el Gobierno etíope para entrenar a los atletas más destacados de la guardia imperial. Muy pronto su atención se centró en aquel soldado de 1,77 metros de altura que apenas pesaba cincuenta y tantos kilos, pero que regularmente corría todos los días veinte kilómetros sin mostrar gran esfuerzo.

Niskanen se dio cuenta del enorme potencial que tenía y bajo su dirección lo puso a competir. Ese mismo año quedó segundo en una competición de las Fuerzas Armadas.

Los resultados eran prometedores y Abebe fue seleccionado para ingresar en la pequeña representación de Etiopía en los Juegos Olímpicos de Verano de 1960. El Gobierno del Negus envió un total de diez atletas.

Abebe Bikila con el dorsal número 11

Abebe Bikila con el dorsal número 11

Onni Niskanen acompañó al equipo olímpico a Roma. Llevaba cuatro años entrenando a Abebe y preparando una estrategia para la prueba de la maratón. Ese mismo año, apenas hacía dos meses de ello, Abebe había ganado una maratón en la capital, Adís Abeba. En esa competición Abebe había mejorado el récord olímpico conseguido por el corredor checo Emil Zátopek, llamado «la locomotora humana».

En Roma la prueba de la maratón se correría el día 10 de septiembre, por lo que el corredor etíope tuvo tiempo para adaptarse y entrenarse. Imagínense lo que debieron de ser los entrenamientos: los dos pares de zapatillas que llevó quedaron destrozados.

Probaron con diferentes zapatillas compradas en las tiendas de Roma, pero todas ellas le dieron problemas y es que, después de haber pasado casi toda su vida corriendo descalzo, Abebe necesitaba zapatillas a medida. Máxime debido a lo terriblemente exigente de la competición en la que estaba a punto de participar. Al final decidió que correría descalzo sobre el duro empedrado y sobre el asfalto de Roma.

Abebe Bakila alejándose de Ben Abdesselam

Abebe Bakila alejándose de Ben Abdesselam

Abebe estaba acostumbrado a correr descalzo desde niño. Las plantas de sus pies eran duras como cuero y muchas veces había expresado que se encontraba más cómodo corriendo descalzo que con zapatillas. Niskanen tiene absoluta confianza en su pupilo y era consciente de que la noticia de un ganador de la maratón olímpica que lo hubiera conseguido descalzo haría que la noticia fuera mucho más potente a nivel mundial.

Como les mencioné antes, la carrera se celebró el día 10 de septiembre por la tarde, con la idea de que la temperatura bajaría y sería más tolerable para los participantes. Tomaron la salida sesenta y nueve corredores, entre ellos nuestro compatriota Miguel Navarro Palos, que llegaría en el puesto decimoséptimo. La meta se estableció por primera vez fuera del estadio olímpico.

La salida se realizaría junto a las gradas del Capitolio; se pasaría junto a las termas de Caracalla, la plaza de Numa Pompilio y la Vía Apia hasta el Arco de Constantino. Era todo un muestrario de las maravillas de Roma en un consciente trazado urbano de la competición olímpica, que sería la primera completamente televisada y emitida en directo de la historia.

Aunque el favorito era el corredor soviético Popov, la oscura y delgada figura que corría descalza con el dorsal número once pronto acaparó todas las miradas. Los corredores permanecieron en pelotón hasta el kilómetro quince. El corredor marroquí Rhadi Ben Abdesselam se escapó marcando un ritmo intenso. Abebe se pegó al marroquí, pero no intentó rebasarle: dejó que el otro tirase. El resto de los participantes no podían mantener el ritmo infernal que imprimían los dos corredores de cabeza. Uno de ellos descalzo.

A dos kilómetros de la meta Abebe ataca. Rebasa a su contrincante y entra el primero en la meta, haciendo un tiempo de 2 h 15 min 16 s. Terminada la prueba empieza a hacer ejercicios, mostrando que tenía reservas de energía de sobra.

Ese día Abebe Bikila hizo historia y creó leyenda: la del corredor descalzo. A día de hoy, el tiempo conseguido en Roma por Abebe, en los 42,195 kilómetros de distancia de la maratón moderna, en la modalidad de descalzo, permanece imbatible.

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