Llegada de Dorando Pietri en la Maratón de los Juegos Olímpicos de Londres
Picotazos de historia
Los Juegos Olímpicos de 1908: la angustiosa hazaña de Dorando Pietri que conmovió al mundo
Vencidos por la tensión y el dramatismo del momento, el juez John Andrew y el jefe del personal médico, Michael J. Bulger, ayudaron a levantarse al corredor italiano y le acompañaron hasta que cruza la línea de meta
Año de gracia de 1908. En esta fecha se celebrarán los IV Juegos Olímpicos de la era moderna y la sede elegida para su celebración fue Londres. El gran acontecimiento deportivo tendrá lugar entre el 27 de abril y el 31 de octubre.
La elección tuvo mucho de casual, ya que no fue la sede inicialmente seleccionada. En un principio, el Comité Olímpico Internacional había seleccionado a la ciudad de Roma para la celebración de estos juegos, pero la erupción del volcán Vesubio (7 de abril de 1907) obligó al Gobierno italiano a centrar los gastos en la reconstrucción de los daños, teniendo que abandonar el proyecto en favor de Londres.
Con un total de 187 días de duración, o lo que es lo mismo, seis meses y cuatro días, estos han sido los juegos más largos de la historia. En total, competirán 2.008 atletas, entre ellos 37 mujeres, en 22 disciplinas olímpicas y varias más de demostración o especialidad.
Estos fueron los juegos en los que se decidió que los jueces fueran elegidos por el Comité Internacional, entre los países participantes. Hasta entonces, el país anfitrión nombraba a los jueces. Este año, durante la celebración de la carrera de 400 metros lisos, se produjo una importante disputa por la aplicación de la normativa norteamericana —nacionalidad del infractor— cuando el juez debería haber aplicado la normativa británica o, al menos, la internacional.
También estos fueron los juegos que vieron competiciones curiosas como la glima (tipo de lucha de los países nórdicos), el duelo a pistola (del que les hablé en un artículo anterior), la caza al ciervo en movimiento (que ganó un sueco que ostenta el récord de participante de mayor edad), lacrosse (juego de origen indio típico de Canadá), competiciones lírico-literarias, etc.
Estos juegos también afectaron de manera decisiva a la maratón. Esta competición, considerada la más representativa de los JJ. OO., consistía en correr una distancia de 40 kilómetros, pero, por expreso deseo de la princesa María, única hija de los reyes-emperadores del Reino Unido y la India, la salida se situó frente al castillo de Windsor. El motivo era que pudiera ser contemplada desde las ventanas de la guardería real del castillo. Esto hizo que la distancia se alargara hasta alcanzar los 42 kilómetros y 195 metros, que es, al día de hoy, la distancia oficial de la competición.
El día 24 de julio se celebró la maratón. El pistoletazo de salida se dio a las 14:30 horas. El día era húmedo y se alcanzó una temperatura máxima de 26 °C. En total, 56 competidores, que representaban a 16 países, iniciaron la carrera.
Dorando Pietri durante la maratón de Londres de 1908
Nada más iniciarse la prueba, se hace evidente que el calor y la humedad afectarán a los corredores. El gran favorito de la competición es un indio de la tribu Onondaga del Canadá. En el kilómetro 20, tuvo que ser retirado en camilla al sufrir convulsiones. En cabeza queda el sudafricano Charles Hefferon, que comete el error de beber una bebida que le da un espectador. La bebida está helada, lo que le provocará dolorosos retortijones. Al bajar el ritmo, acaba siendo adelantado por el norteamericano Hayes, lo que provocará un colapso al sudafricano, que terminará abandonando la competición.
Entre tanto, la atención de los jueces y del público se ha trasladado hacia el competidor con el dorsal 19. Se trata del italiano Dorando Pietri, un panadero que mide 1,58 metros de altura y que pronto será conocido mundialmente como el pequeño italiano. Dorando, mientras todo lo anterior sucedía, había estado realizando una espectacular remontada.
Imprimiendo una velocidad tremenda, el pequeño italiano va alcanzando a un corredor tras otro. Sobrepasa a Hefferon, lo que representa la puntilla moral para este atleta. Alcanza y sobrepasa a Hayes y continúa dejando a todos los corredores muy atrás.
Estadio White City
Frente al estadio de White City, Pietri empieza a mostrar signos evidentes de agotamiento y confusión. La entrada en el estadio —está grabada— es impactante. Todo el público se pone en pie cuando aparece. La grandiosidad del estadio, abarrotado con 70.000 espectadores, contrasta con el individuo bajito, desorientado y de movimientos desincronizados que aparece.
Dorando se equivoca de dirección y son los jueces quienes tienen que indicarle el error y redirigirle. El corredor está agotado, al borde del desfallecimiento.
Pietri cae al suelo. Trabajosamente se levanta y avanza con torpeza para volver a caer. Es un espectáculo agónico que se hace eterno para todos. Pietri tardará diez minutos en recorrer los últimos 500 metros.
Cuando se encuentra a apenas 20 metros de la meta, vuelve a caer desplomado. En ese instante, un rumor, un extraño sonido brota desde las gradas: ha entrado en el estadio el norteamericano Hayes, a quien Pietri había sacado diez minutos de ventaja. Vencidos por la tensión y el dramatismo del momento, el juez John Andrew y el jefe del personal médico, Michael J. Bulger, ayudan a levantarse al corredor italiano y le acompañan hasta que cruza la línea de meta.
Por supuesto, Dorando Pietri fue descalificado. Primero lo ingresaron en el hospital más próximo, donde se apreció que se encontraba deshidratado y en un estado de total agotamiento físico. Debido al esfuerzo, el corazón se le había desplazado dos centímetros.
Pietri sosteniendo la copa de plata dorada de la reina Alexandra en 1908.
Curiosamente, la descalificación dio más fama y gloria al pequeño italiano que si hubiera ganado la maratón olímpica. El público británico, y después el de todo el mundo, se emocionó con su esfuerzo, su lucha y su trágica mala suerte. La reina Alejandra, después de que se hubiera recuperado y dado el alta hospitalaria, le hizo entrega de una copa especialmente hecha para él. El escritor y periodista sir Arthur Conan Doyle, autor de Sherlock Holmes, y que estuvo presente en el estadio siendo testigo de la agónica final de la competición, abrió una suscripción pública para reunir dinero con el que poder comprarle a Dorando una panadería.
En Italia se transformó en un héroe nacional de la noche a la mañana. Levantaron estatuas en su honor, dieron su nombre a calles y estadios de deporte y, al día de hoy, sigue siendo recordado con cariño y admiración. Un ejemplo de humildad, entrega, sacrificio y coraje en el deporte.