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Monumento al Sagrado Corazón en el monte Urgull (San Sebatián)Turismo San Sebastián

¿Un símbolo franquista? El Sagrado Corazón de Urgull nació antes de la Guerra Civil

Bildu y Podemos quieren derribar este monumento que se erigió en 1950, pero que sus orígenes se remontan a 1926

La izquierda radical vasca (con Bildu y Elkarrekin Donostia a la cabeza) ha puesto en su punto de mira el monumento del Sagrado Corazón del monte Urgull, en San Sebastián. Consideran que se trata de un monumento que «exalta la dictadura franquista» y, en consecuencia, «constituye un elemento contrario a la memoria democrática», según aseveran las formaciones políticas.

Sin embargo, la construcción del Sagrado Corazón es «anterior a la Guerra Civil», advertía el alcalde de la capital guipuzcoana, Eneko Goia (del PNV). Asimismo, el obispo de San Sebastián, Fernando Prado Ayuso, defendió que «su génesis y su finalidad responden a una motivación exclusivamente religiosa y popular, ajena a cualquier propaganda».

Pese a todo, desde ese Grupo de Trabajo de Simbología Franquista del Consejo de Memoria Histórica de San Sebastián han insistido en su idea.

El monumento fue levantado en 1950 por suscripción popular, en la cima del monte Urgull, sobre el macho del entonces ruinoso castillo de Santa Cruz de la Mota. Está formado por una pirámide truncada de 16 metros de altura, en cuyo interior alberga una pequeña capilla, sobre la que se alza, apoyada en una peana de planta octogonal, una estatua colosal de 12,5 metros de altura del Sagrado Corazón de Jesús, bendiciendo con su mano derecha a la ciudad y señalando con la otra su corazón, tal y como recoge la plataforma geoEuskadi, un portal que facilita la información geográfica de la comunidad autónoma.

En las primeras décadas del siglo XX, la devoción al Corazón de Jesús crecía en el País Vasco de tal manera que, en 1920, arrancó el proyecto de la imagen, que comenzó en 1924 y se terminó en 1927, según detalla la asociación Sagrado Corazón del Monte Urgull y Santo Cristo de la Mota.

Colocación de la estatua del Sagrado Corazón en el monte Urgull en 1950Paco Marí / Archivo Kutxa Fototeka

«Su origen se remonta en torno al año 1926, con ocasión de la difusión que en Guipúzcoa tuvo la entronización del Corazón de Jesús en las familias y en los pueblos, impulsada tras la encíclica 'Quas primas', del Papa Pío XI, sobre la realeza social de Cristo (1925)», ha recordado monseñor Prado ante la petición de los ediles de EH Bildu y Elkarrekin (Podemos, IU y Equo) en el Ayuntamiento de San Sebastián.

Poco después, en una carta que monseñor Zacarías Martínez envió a sus feligreses como obispo diocesano, en 1928, «volvió a animar a los guipuzcoanos en ese empeño, aludiendo al desafío de levantar –como habían hecho en otros lugares del mundo y en ciudades vecinas– un coloso en Urgull, alzado en ese punto que domina la bella capital guipuzcoana; entre el cielo, la tierra y el mar, para que atrajese las bendiciones de lo alto sobre los hijos de vuestro católico país».

Pero el proceso para levantar el monumento en San Sebastián fue largo y laborioso. Según explica la asociación Sagrado Corazón del Monte Urgull, en marzo de 1943 se retomó la iniciativa del monumento «después de una paralización de varios años» debido a las discusiones religiosas durante la República, la disolución de los jesuitas y diversos problemas con el emplazamiento.

El obispo de San Sebastián Font y Andreu durante el acto de bendición del monumento al «Sagrado Corazón»Paco Marí / Archivo Kutxa Fototeka

Finalmente, la inauguración de esta colosal estatua, diseño que realizaron el escultor Federico Coullaut y del arquitecto Pedro Muguruza, tuvo lugar el 19 de noviembre de 1950, con actos que comenzaron a las once de la mañana, con la bendición de la estatua y una misa oficiada por el obispo. A la una del mediodía, por medio de los altavoces instalados y a través de Radio Vaticano —según comenta Gerardo Manresa Presas en la revista Cristiandad—, el Papa Pío XII envió su bendición apostólica al pueblo guipuzcoano.

No es un monumento franquista ni de exaltación a la dictadura, sino un acto de devoción del pueblo que reconoció el Santo Padre en su discurso: «Habéis deseado que sea magnífico [el monumento], acaso para darle una prueba tangible de la generosidad que le reserva vuestro amor; lo habéis puesto bien en lo alto como para profesar, con gesto muy expresivo, franca y abiertamente, vuestra fe», dijo.

Además, aquel acto no contó con la presencia de Franco, «ni ningún otro miembro del gobierno o de la Falange, a diferencia de lo que sucedía en ocasiones similares cuando se inauguraron muchos otras edificaciones y obras públicas en San Sebastián», recuerda monseñor Prado.

Con ello, más allá de su inauguración en época franquista, el monumento del monte Urgull responde a una tradición devocional arraigada en la sociedad vasca mucho antes de la Guerra Civil, y su lectura actual exige distinguir entre el origen espiritual de la obra y cualquier interpretación ideológica posterior.