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El Sagrado Corazón, en lo alto de Monte Urgull

El Sagrado Corazón, en lo alto de Monte Urgull

Bildu y Podemos quieren derribar el Sagrado Corazón de San Sebastián

Lo tildan de «monumento franquista» porque se erigió en 1950, pese a que sus orígenes se remontan a 1926

Si no hay confrontación, habrá que buscarla. Ése parece ser el lema de los ediles de EH Bildu y Elkarrekin (Podemos, IU y Equo) del ayuntamiento de San Sebastián, que propusieron el pasado lunes incluir el monumento del Sagrado Corazón de Monte Urgull en en el catálogo de símbolos y elementos contrarios a la memoria democrática. «Queda probado su significado ideológico nacional-católico y de exaltación de la dictadura franquista y, en consecuencia, constituye un elemento contrario a la memoria democrática», aseveran las formaciones políticas.

Al día siguiente, el alcalde de la capital guipuzcoana, Eneko Goia, del PNV, salía al paso de los delirios demoledores de los partidos de extrema izquierda y sentenciaba que el Sagrado Corazón «está muy bien donde está». «Por supuesto no estoy de acuerdo con lo propuesto», ha añadido Goia que, además, ha recordado que la idea para la construcción del Sagrado Corazón es «anterior a la Guerra Civil».

Ayer por la tarde, el obispo de San Sebastián, monseñor Fernando Prado Ayuso, hacía pública una larga carta de ocho páginas donde lamenta que «la fiesta litúrgica [del Sagrado Corazón] ha quedado ensombrecida en nuestra ciudad por una polémica: un intento de incluir la estatua en el Catálogo de símbolos 'contrarios a la memoria democrática'». De llevarse a cabo esta iniciativa de Bildu y Elkarrekin, su demolición podría ser autorizada. De momento, ambas formaciones políticas han exigido que «se suspendan y/o no se realice ningún acto de conmemoración del 75 aniversario» del monumento, y que «no se haga ningún tipo de trabajo de remozamiento ni reparación en la escultura», dejando, en la práctica, que termine viniéndose abajo.

Motivación religiosa

«Frente a esa tesis difícil de probar desde el rigor histórico», ha respondido monseñor Prado, los investigadores e historiadores «sobre la historia del monumento han certificado que su génesis y su finalidad responden a una motivación exclusivamente religiosa y popular, ajena a cualquier propaganda político-partidista». «La idea de levantar un monumento al Sagrado Corazón en el Monte Urgull no surgió en 1950, ni tampoco se diseñó con fines ideológicos en tiempos de la dictadura», recuerda el prelado vasco. «Su origen se remonta en torno al año 1926 con ocasión de la difusión que en Guipúzcoa tuvo la entronización del Corazón de Jesús en las familias y en los pueblos, impulsada tras la encíclica Quas primas del papa Pío XI sobre la realeza social de Cristo (1925)», agrega.

Poco después, en la carta que monseñor Zacarías Martínez envía a sus feligreses como obispo diocesano, en 1928, «volvió a animar a los guipuzcoanos en ese empeño, aludiendo al desafío de levantar, como habían hecho en otros lugares del mundo y en ciudades vecinas, un 'coloso en Urgull, alzado en ese punto que domina la bella capital guipuzcoana; entre el cielo, la tierra y el mar, para que atrajese las bendiciones de lo alto sobre los hijos de vuestro católico país'».

«Eliminar la imagen»

«Resulta chocante –cuando no doloroso para muchos ciudadanos, creyentes y no creyentes– que hoy se pretenda presentar el monumento al Sagrado Corazón como un 'símbolo franquista' e 'instrumento de exaltación dictatorial', cuando la imagen del Sagrado Corazón habla más bien de amor y de paz», observa monseñor Prado. «Cuando el Consejo de Memoria Histórica del Ayuntamiento solicita 'eliminar la imagen', 'suspender actos conmemorativos' y 'no hacer obras de restauración' en la escultura, corre el serio riesgo de confundir su labor de salvaguardar la así llamada ‘memoria democrática’ con la supresión o cancelación de una herencia histórica y religiosa legítima», prosigue el obispo de San Sebastián.

Para el prelado, el Sagrado Corazón supone «un símbolo amable que ha convivido con las heridas de la guerra y con todo el sufrimiento vivido en Euskadi en general y en Guipúzcoa y San Sebastián en particular, años después, ya en democracia, debido al terrorismo», señala. «Por todo ello invito a los donostiarras, sin excepción, a valorar este monumento como un verdadero símbolo vivo de esperanza», concluye.

Los católicos ya han comenzado a movilizarse, y el portal Peticiones Católicas acaba de iniciar una campaña de firmas para impedir que se elimine esta estatua «tan querida por todos los españoles».

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