Retrato de Luis XIV de Hyacinthe Rigaud expuesto en el Louvre
Picotazos de historia
La victoria pírrica de François Vatel que le costó la vida a un ministro de Luis XIV
Auge y caída de François Vatel en el ámbito cortesano francés del siglo XVII
El maitre de hotel antiguamente era la persona que tenía a su cargo –en un establecimiento o en una residencia– coordinar las funciones de los diferentes miembros del personal.
Es una figura más en la línea de un mayordomo de palacio, con ciertas atribuciones de intendente. Pues bien, el artículo de hoy versa sobre un individuo –un francés– que está considerado una leyenda en la cocina y en la organización de entretenimientos «de boca y placer», que se decía entonces. Ahora los llaman «eventos».
François Vatel nació en la ciudad de Tournai en el año de 1631, hijo de padres labradores. A los 15 años empezó a trabajar con el repostero Johann Heverard. A los 22, como pinche de cocina, al servicio del poderoso superintendente de Finanzas del reino de Francia.
Este era Nicolas Fouquet, quien había sido creado vizconde de Melun y de Vaux. En esta última población se estaba construyendo un palacio que era la comidilla de toda Francia. Monsieur Fouquet inmediatamente se dio cuenta de la habilidad del joven, tanto en la cocina como en la organización y gestión. Pronto empezó a ascender dentro de la jerarquía de la casa del vizconde de Vaux.
En 1661 François Vatel es convocado por su señor. Este se ha gastado una fortuna en la construcción de su residencia en Vaux. Nicolas Poussin fue encargado de diseñar las puertas, Puget y Aiguier esculpieron las esculturas que adornaban jardines y salas. El arquitecto responsable de su construcción fue Louis Le Vau, el pintor de la corte Charles Le Brun se encargó de decorar los techos y las paredes y el paisajista André Le Nôtre diseñaría los jardines que alegrarán los alrededores del imponente edificio.
Y, aunque dos años antes Luis XIV ya había disfrutado de la hospitalidad del chateau de Vaux, ahora Fouquet quería deslumbrar al Rey en la inauguración oficial de su nueva residencia.
Durante los años al servicio del señor vizconde, últimamente ascendido a marqués del Belle Isle, Vatel ha ido ganando fama y notoriedad, convirtiéndose en un importante miembro de la casa de su señor y siendo sus servicios codiciados y envidiados por otros grandes miembros de la corte. Ahora se le encarga que organice una cena sin precedentes. La bolsa de su señor está a su entera disposición. No tiene límites.
Vatel empieza a organizar la jornada. Encargará a Moliere el libreto de una opera ballet de cuya música se encargará el maestro Jean Baptiste Lully. Esta obra se estrenará especialmente para el entretenimiento de Luis XIV. Se encargaron fuegos artificiales y se dispusieron de la más ingeniosa manera. Listos para ser disparados de manera coordinada en las horas de oscuridad. En total se quemarían unos 250 kilos de pólvora. En términos pirotécnicos: una barbaridad.
El banquete sería el momento de más especial lucimiento para el dueño de la casa y su humilde servidor François Vatel. Para la ocasión elaboraron más de 80 platos diferentes, muchos de ellos creaciones del propio Vatel para la ocasión. Los invitados tendrían a su disposición 30 mesas de bufé y cinco servicios distintos con diferentes carnes de caza y volatería.
Al Rey y los miembros de su familia se les serviría en vajilla de oro expresamente encargada para la ocasión; a los principales miembros de la corte y del gobierno, en vajilla de plata. El resto usaría platos de la más fina porcelana. La cena estaría amenizada por cuatro orquestas con un total de 80 violines, el propio Lully estaría allí para dirigir sus composiciones y asegurarse de que el resto se ejecutara correctamente.
Tras la representación de la obra de Moliere surgió un grupo de bailarines disfrazados de elfos y hadas, que repartieron diamantes entre las invitadas. Jean de la Fontaine, el autor de la inmortales Fábulas, declamó ante el propio Luis XIV un poema épico que le habían encargado (y pagado) para la ocasión.
La cena fue un éxito glorioso y rotundo para François Vatel, elevado al puesto y grado de Maitre du Bouche e du Plaisir... y un desastre absoluto para el superintendente general del reino, vizconde de Vaux y Melun y marqués de Belle Isle.
El Rey Luis XIV abandonó el chateau de Vaux furioso por lo que consideraba una humillación. Y es que para un megalómano narcisista de su categoría–sólo inferior a Ramsés II–, el despliegue de sofisticación, elegancia, riqueza y orgullo le había sentado como una patada, a aquel joven de 22 años, que jamás soportaría a nadie que pudiera arrojar algún tipo de sombra sobre él.
Inmediatamente se procedió a una investigación sobre las financias del superintendente y, como no podía esperarse de otra manera, se encontraron irregularidades, favoritismos y corrupción. Las principales pruebas las aportaría un personaje que alcanzaría mucho poder durante el reinado de Luis XIV: Jean Baptiste Colbert.
El famoso D’Artagnan fue el encargado de su arresto. Ambos eran amigos y se dice que el heroico mosquetero moqueaba que era un primor mientras arrestaba al desdichado Nicolas Fouquet. Una vez preso, D’Artagnan no dejó de visitar a su amigo hasta su fallecimiento.
Nicolas Fouquet moriría en prisión a los 46 años, la severidad de su encarcelamiento fue tal que se le consideró uno de los candidatos probables a la identidad del famoso prisionero de la máscara de hierro.
Cuanto a Vatel, tuvo que emigrar por motivos de salud. Pero no terminan aquí sus andanzas, que relataré en el próximo artículo. Muchas gracias por su atención.