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Atracado de popa en Santa Isabel de Fernando Poo. 15 de octubre de 1936

Sin combates ni trincheras, así fue la Guerra Civil en la Guinea Española

Se podría decir que Guinea se convirtió en un oasis de paz en una guerra fratricida entre compatriotas

El 18 de julio de 1936, cuando estalló la sublevación militar que dio paso a la Guerra Civil en España, el caos inicial y la incertidumbre se extendieron por todo el territorio español, también por Canarias y África. Pero hubo un territorio africano en el que no hubo trincheras, combates ni muertos, pero tuvo una importancia estratégica y económica esencial para España, ya fuese nacional o republicana: Guinea Ecuatorial, por entonces conocida como la Guinea española. ¿Qué pasó en aquel territorio durante la guerra civil española?

Formada por la isla de Fernando Poo (actual Bioko), Río Muni y varios islotes menores, Guinea era un territorio periférico al que la noticia del levantamiento nacional tardó unos días en llegar. Su importancia estratégica, como puerto comercial internacional, quedó eclipsado por la guerra y los frentes peninsulares.

El gobernador republicano Ángel Barrera Morcillo declaró —como era de esperar— la fidelidad al gobierno y «se declara el estado de guerra preventiva en todo el territorio de la Guinea Española y se ordena la vigilancia estricta de puertos, almacenes y edificios públicos», como reflejó el Boletín Oficial de la Guinea Española publicado el 2 de agosto de 1936. Se podría decir que Guinea se convirtió en un oasis de paz en una guerra fratricida entre compatriotas.

La administración republicana contaba con un millar de soldados, en su mayoría indígenas de la Guardia Colonial, y un mínimo número de oficiales peninsulares, divididos por su fidelidad política a la República o los sublevados. A pesar de la tensión creciente, la vida en Fernando Poo y Río Muni fue una mezcla de calma y pequeños focos de tensión. Durante toda la contienda, el enclave español se convirtió en un «conflicto de vigilancia, propaganda y control social extremo».

Guardia ColonialPicasa

Una guerra civil económica

«Queda suspendida toda expedición de cacao, café y maderas a puertos extranjeros mientras no se reciba autorización expresa del Gobierno central», fue una de las órdenes que llegaron a Guinea tras el levantamiento. Es decir, se produjo un bloqueo marítimo autoimpuesto de un enclave esencial para España. Esto provocó incertidumbre en los comerciantes extranjeros del territorio. La primera baja fue económica, pero enseguida le siguió la libertad de información.

Los partes de guerra que llegaban de la península, así como los avisos y las hojas informativas, estuvieron sometidas a la censura previa de la autoridad gobernativa. A esto se sumó la imagen de normalidad que trataron de plasmar algunos medios locales como el periódico La Guinea Española: «La ciudad continúa con normalidad aparente, sin incidentes dignos de reseña. Se ha exhortado a la población indígena a la calma y a que prosiga en sus faenas agrícolas, mientras se refuerzan los destacamentos de la Guardia Colonial», según apareció en una crónica publicada el dos de septiembre de 1936.

A nivel social, se pasaron penurias, la vigilancia se intensificó, algunos oficiales afines a Franco se marcharon a Canarias. La Guinea Española vivió, casi como espectadora, los combates de la Guerra Civil, pero sufrió sus consecuencias.

La sublevación tardó en llegar, aunque lo hizo sin pegar un tiro. Entre el 18 y 19 de septiembre de 1936, la Guardia Colonial se sublevó y tomó el control de la isla de Fernando Poo. La zona continental de Bata permaneció fiel a la Republica hasta que la región fue controlada por las tropas franquistas que habían desembarcado en la zona. A mediados de octubre de 1936, Guinea Española ya estaba bajo control de los sublevados.