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Marcel Marceau en la estación central antes de su actuación en los Países Bajos en 1962Wikimedia Commons

Picotazos de historia

Marcel Marceau, el mimo que salvó a cientos de niños judíos durante la ocupación nazi de Francia

Creó en Sèvres, ese mismo año de 1941, un centro para acoger a los niños desplazados por culpa de la guerra. Muy pronto, este centro de acogida se convertiría en el refugio de los niños víctimas de las persecuciones religiosas, políticas y raciales

Hoy me gustaría, contando con su benevolente permiso, hablarles de un joven francés. Este muchacho, de nombre Marcel Mangel (1923-2007), fue el segundo hijo de un matrimonio de emigrantes polacos que se habían establecido en la ciudad de Estrasburgo.

El padre de Marcel hubiera querido ser cantante, un artista lírico. Pero —¡cosas de la vida!— había acabado trabajando de carnicero para mantener a su familia. Un carnicero kosher, ya que los Mangel eran judíos.

La familia vivió un breve tiempo en la ciudad de Lille, y fue allí donde el pequeño Marcel tuvo dos revelaciones que le marcarían toda la vida. La primera fue descubrir el Arte, así, con mayúsculas. La belleza de la música, la danza, la expresión corporal... Esto sucedió el día que su padre le llevó, por primera vez en su vida, a ver una representación operística.

La segunda experiencia, igual de importante que la primera, fue de la mano de una tía de su madre —la buena tía Fanny— que vivía en Lille: la tía le llevó al cine a ver una película de Charlot. Desde ese día, Charles Chaplin sería su gran modelo a imitar y el personaje de Charlot, su aspiración.

Marcel Marceau en 1974

La familia Mangel regresó a Estrasburgo y Marcel retomó los estudios en su ciudad natal.

Cuando estalla la guerra, Marcel tiene dieciséis años. La familia Mangel es evacuada, lo mismo que todos aquellos que viven en los alrededores de la estratégica línea Maginot.

Como sucede con los refugiados, la familia fue rebotando en diferentes localidades. No son circunstancias fáciles, son tiempos de guerra. Por fin —en 1941— los Mangel consiguen establecerse en Limoges, donde Marcel puede retomar los estudios e ingresa en la Escuela de Artes Decorativas de la ciudad. Al año siguiente, no solo había demostrado ser un buen alumno, también había creado un grupo de aficionados al teatro en la población de Château-Chervix y organizaba representaciones por los alrededores de Limoges. Él era el director del grupo. Precisamente en el desarrollo de estas actividades de aficionado conoció y se ganó el aprecio del matrimonio Hagnauer, de Sèvres.

Yvonne y Roger —o Gaviota y Pingüino, como se hacían llamar por los niños— crearon en Sèvres, ese mismo año de 1941, un centro para acoger a los niños desplazados por culpa de la guerra. Muy pronto, este centro de acogida se convertiría en el refugio de los niños víctimas de las persecuciones religiosas, políticas y raciales.

La cosa se estaba poniendo complicada: tener un apellido judío era un estigma, y Marcel y su hermano decidieron cambiarlo. El nuevo se inspiró en un general y héroe de la Revolución francesa. Los padres se negaron a abandonar el nombre de la familia y lo siguieron llevando con orgullo. De todas maneras, su acento les hubiera delatado como polacos.

Marcel se involucró cada vez más en ayudar al matrimonio Hagnauer en el cuidado de los niños. Más de quinientos pasaron por el hogar.

Marcel daba clases de teatro a los niños, les organizaba representaciones, les contaba cuentos e historias que los dejaban embobados y con los ojos brillantes de emoción... Les entretenía, los cuidaba y les enseñaba. Años más tarde confesaría que el amor que recibía de los niños fue lo que le dio valor para hacer las cosas que hizo. Y es que este mozalbete —de ninguna manera una persona valerosa, como él mismo afirmaría numerosas veces—, por amor a estos niños, ingresó en una unidad de la Resistencia francesa vinculada a la Œuvre de secours aux enfants.

La unidad estaba compuesta por judíos clandestinos —como el propio Marcel y su hermano— y su función era organizar el traslado de grupos de niños judíos hasta las fronteras de Suiza o de España. El jefe de la unidad era un primo del propio Marcel llamado Georges Loinger.

Marcel, a quien los niños del hogar del matrimonio Hagnauer bautizaron como «Canguro», acompañó a varios grupos de niños durante la peligrosa travesía hasta la frontera. Durante el largo y peligroso trayecto, de días e incluso semanas de duración, Marcel cuidaba de los pequeños. Les organizaba juegos cuyo objetivo era desplazarse en silencio o permanecer callados, o simplemente les entretenía para evitar que se asustaran, o les confortaba cuando tenían miedo. Se calcula que directamente ayudó a poner a salvo a unos doscientos niños y cuidó de otros trescientos.

El año de 1944 fue de dolor y de esperanza. Dolor, porque los padres de Marcel fueron detenidos y deportados. El 7 de marzo, el anciano matrimonio subió al tren número 69 con destino a Auschwitz, de donde jamás regresarían. De esperanza, porque la invasión aliada —tantas veces prometida y tan anhelada— por fin se produjo en el mes de junio. ¡La liberación había llegado!

Marcel se unió al Primer Ejército del general de Lattre de Tassigny, en donde combatiría hasta el fin de la guerra.

Terminado el conflicto, Marcel pudo retomar los estudios que había interrumpido la guerra y, el día 22 de marzo de 1947, en el teatro Poche-Montparnasse, por primera vez presentó al personaje que le daría fama mundial: Bip, el mimo.

Así es: durante todo el rato he estado hablando de Marcel Marceau, el famoso mimo que, en una película muda —La última locura (1976), de Mel Brooks—, fue el único personaje que habló.