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Juana la Loca y Carlos II el HechizadoIA

Juana la Loca y Carlos II, los dos reyes ‘malditos’ que gobernaron mejor de lo que creemos

Estos dos reyes comparten algo más que la fecha de nacimiento: la Historia los ha cubierto con el velo de la locura y la incapacidad. Sin embargo, un repaso detenido a sus vidas muestra que fueron monarcas más dignos y humanos de lo que dicta la leyenda negra

Se da hoy el caso curioso de dos reyes españoles que tienen muchas cosas en común, por lo menos cuatro: la primera de todas, la misma fecha de nacimiento, un 6 de noviembre, de 1479, el primero, de 1661, el segundo, 182 años, pues, de diferencia. Segundo, son los dos monarcas «malditos» de la historia de España, aunque un análisis de sus biografías nos demuestra que, después de todo, fueron bastante mejores de lo que acostumbramos a creer.

Tercero, los dos son conocidos casi más por los calificativos que adornan sus regias personas que por su nombre propio. Y cuarto, con los dos terminarán sus respectivas dinastías, dicho de otro modo, dejan de reinar sus respectivas familias: los Trastámara en un caso, los Habsburgo o Austrias, en el otro.

Y hasta una quinta que tendremos también ocasión de conocer: los dos estuvieron profundamente enamorados de sus respectivos cónyuges. Después de tantas pistas, alguno de ustedes ya se lo habrá barruntado: hablamos de Juana I de Castilla, llamada «la Loca», y de Carlos II de España, llamado «el Hechizado».

La reina 'loca'

Sí, porque en 1479, hija de los Reyes Católicos, ve la luz un 6 de noviembre Juana de Aragón y de Castilla, por el orden de sus apellidos paternos. Juana I fue reina de Castilla desde 1504 y de Aragón y de España desde 1516, reinando en ambos reinos hasta su muerte, ocurrida en 1555. Es decir: 51 años de reinado en Castilla, casi 40 en Aragón y en España, lo que la convierte en la monarca con el reinado castellano más largo de nuestra historia y en una de las soberanas con mayor duración en el trono en lo que respecta al conjunto de España.

En este sentido, es la segunda monarca que puede presumir de haberlo sido de España; el primero fue su padre, Fernando el Católico, rey de Aragón, Castilla y Navarra. Pero, como mujer, Juana es la primera reina titular de España y, hasta ahora, una de las dos únicas, junto a Isabel II. Cabe mencionar que su madre, Isabel la Católica, fue reina titular únicamente de Castilla y reina consorte de Aragón.

Declarada incapaz, digámoslo así, «prestará» su corona a nada menos que cinco hombres, que reinarán todos en su nombre o gracias a sus títulos. A saber: su marido, Felipe I, por el que profesará un amor rayano en lo antinatural —y ello a pesar de la mínima reciprocidad que él le ofreció, causa, tal vez, de los desequilibrios que afectarán a la desgraciada Juana—, quien reina apenas dos meses y medio en 1506, hasta su muerte; su padre, Fernando el Católico, que correina con ella en Castilla durante doce años, entre 1504, fecha de la muerte de Isabel, y 1516, la suya propia; el cardenal Cisneros, que reina en dos ocasiones: una como regente de Castilla, en 1504, tras la muerte de Isabel, y otra como regente de Castilla y de Aragón, en 1516, a la muerte de Fernando; Carlos I, su propio hijo, gobierna durante cuarenta años junto a ella, desde su llegada a España en 1516 hasta las abdicaciones de Bruselas en 1556; y, por último, el cardenal Adriano de Utrecht, luego Papa Adriano VI, que ejerce como regente de España durante la ausencia de Carlos, entre los años 1520 y 1522.

A los que añadir todavía una mujer: su nuera Isabel de Portugal, que reinó como regente en varias ocasiones entre los años 1526 y 1539, siempre con motivo de las ausencias de Carlos I, su marido. ¿A que no se lo habían planteado nunca así? Una mujer atormentada, pero quizás menos loca de lo que acostumbramos a creer, que tuvo a lo largo de su vida rasgos de gran sensatez, como cuando los comuneros, levantados en armas contra Carlos I, le ofrecen a ella el trono de su hijo, y ella rechaza la oferta.

El Hechizado

En 1661, y también en la misma fecha del 6 de noviembre, nace el segundo de nuestros reyes «malditos»: el pobre Carlos II, llamado «el Hechizado», último Habsburgo en el trono de España. Su muerte sin herederos, ocurrida en 1700, planteará el grave problema de la sucesión, que desembocará en una guerra de catorce largos años y, finalmente, en el advenimiento de una nueva dinastía: la de los Borbón, en la persona de Felipe V, sobrino nieto de Carlos por parte de su medio hermana María Teresa, esposa de Luis XIV de Francia, el Rey Sol, de quien Felipe era nieto.

Contrariamente a lo que suele contarse, Carlos II fue un buen rey de España. Estaba afectado por diversas incapacidades congénitas, entre las que destaca su esterilidad, así como por ciertas mermas intelectuales debidas a la consanguinidad de la que fue víctima: sus cuatro abuelos eran Austrias, y nueve de sus dieciséis tatarabuelos también lo eran.

Retrato del rey Carlos II de EspañaDominio Público

Sin embargo, recibió una excelente formación y, sobre todo, se distinguió por una notable bonhomía y por una voluntad innata de hacer bien las cosas. En un momento de su largo reinado, que se extendió durante 35 años, incluso intentó gobernar por sí mismo, en lugar de delegar en sus validos, que fueron cuatro: su madre, María Teresa de Austria, regente durante su minoría de edad, y otros tres ya durante su reinado efectivo: el austríaco Juan Everardo Nithard y los españoles Fernando de Valenzuela y don Juan José de Austria, su medio hermano bastardo.

A diferencia de su padre, Felipe IV, Carlos no perderá un solo territorio del Imperio, ni en Europa, ni en América, ni en el Pacífico, ni en Asia, ni en África. El Imperio pentacontinental será entregado, de hecho, íntegro a su sucesor, el francés Felipe V —lo cual no fue fácil, pues las potencias intentaron aprovechar la situación para repartírselo—. Felipe, entre otras cosas, quedó admirado del rigor y la bonanza que reinaban en las arcas del Estado y en la economía española, algo infrecuente en la vida del Imperio hispano.

América vivió años de paz y de esplendor político, económico y cultural. Carlos será, de hecho, el primero en proclamar la abolición de la esclavitud en lo que más tarde será el territorio de los Estados Unidos de Norteamérica. Lo hará en 1693, ofreciendo la libertad a todos los esclavos que abandonaran las colonias anglosajonas en la costa este norteamericana y se refugiaran en la Florida española.

Fue, además, un excelente marido, profundamente enamorado de su primera esposa, la francesa María Luisa de Orleans, con la que estuvo casado casi diez años. Al morir, a la temprana edad de 26 años, ella le regaló a su esposo las palabras más hermosas que pueda escuchar un rey de su real compañera en el lecho: «Muchas mujeres podrá tener Vuestra Majestad, pero ninguna que le quiera más que yo».

Dos reyes, pues, «malditos» de la historia de España: Juana «la Loca» y Carlos II «el Hechizado», cuyas biografías debemos revisar de una vez y para siempre. Ambos fueron víctimas de la más osada y descarnada Leyenda Negra antiespañola, y por ello merecen, al fin, ser situados en el lugar de la historia que en justicia les corresponde.