El fracaso de la fuerza aérea alemana en su lucha contra la británica durante la batalla de Inglaterra fue un factor clave para la cancelación de este plan
Operación León Marino: el ambicioso plan de Hitler para invadir Gran Bretaña que nunca llegó a ejecutarse
El Estado Mayor alemán consideraba que el desembarco de una fuerza compuesta por 39 divisiones sería suficiente para conseguir este objetivo político
Invadir las Islas Británicas nunca fue una tarea militarmente sencilla, ya que el archipiélago gozaba de la protección del canal de la Mancha y los bravos mares del Norte y de Irlanda. Desde operaciones de disuasión, como la Gran Armada impulsada por Felipe II (1588), hasta el fracasado intento de Napoleón, evitado con la derrota de la combinada hispano-gala en la batalla de Trafalgar (1805), poner efectivos militares sobre suelo británico no es nada fácil.
En el mes de mayo de 1940, Gran Bretaña estaba luchando sola por su supervivencia como nación, así como por el resto del continente europeo, que había caído en manos de los nazis. La situación estratégica no era nada sencilla por varios aspectos. Los alemanes dominaban toda la fachada marítima desde España y Portugal hasta Noruega. Solo sobrevivía la neutral Suecia.
Los territorios conquistados en Bélgica, Países Bajos, Francia y Noruega permitían a la Luftwaffe tener unas bases aéreas muy próximas a Gran Bretaña. Sus bombarderos ya podían ser escoltados por los cazas BF-109 durante muchas más millas, puesto que este aparato germano era famoso por su reducida autonomía.
Plan de batalla de la Operación León Marino, el plan alemán cancelado para invadir Inglaterra en 1940
Al tiempo, la Kriegsmarine, con sus eficaces submarinos U-Boot, operaba desde Francia atacando el tráfico mercante inglés. Las naciones neutrales tampoco se libraban de ataques por parte de ambos bandos; por ejemplo, causaron un enorme daño a la República de Irlanda, que dependía de su flota mercante para abastecerse de numerosos suministros industriales, alimentos o materias primas.
La intencionada invasión de Gran Bretaña por los alemanes no era otra cosa que una complicada acción anfibia que requería de unos pasos previos muy concretos y sólidamente ejecutados por las fuerzas armadas germanas. En la esfera política, para Hitler, la operación «León Marino», como se conocía internamente, buscaba sentar al premier Winston Churchill en la mesa de negociación.
Al parecer, Hitler realmente no quería invadir Inglaterra, sino cerrar ese teatro de operaciones, liberando recursos y esfuerzos para concentrarse en el frente del Este contra la Unión Soviética. El Estado Mayor alemán consideraba que el desembarco de una fuerza compuesta por 39 divisiones sería suficiente para conseguir este objetivo político.
En el contexto de la Segunda Guerra Mundial, con la importancia capital que había ganado la aviación, la derrota total y sin paliativos de la Royal Air Force era necesaria para que se pudieran alcanzar los puntos de desembarco sin contratiempos. Asimismo, la Kriegsmarine tendría que convertirse en una fuerza naval capaz de hacer frente a la Royal Navy, lo que era prácticamente imposible.
Tropas alemanas durante un ejercicio de carga con un Panzerkampfwagen III modificado anfibiamente
En torno a junio de 1940, la flota germana contaba con unas decenas de buques de superficie, siendo su herramienta más poderosa sus eficaces submarinos. Frente a una flota británica compuesta por decenas de destructores, cruceros o acorazados, entre otros muchos tipos de buques. Los almirantes alemanes eran perfectamente conscientes de esta situación: «las dificultades eran muy grandes y la Armada muy consciente de que no estaba en condiciones de llevarla a cabo», en palabras del coronel Luis Solá Bartina (Revista General de Marina, 2016, n.º 10).
Si la invasión no se produjo, fue por la eficaz resistencia de los pilotos, armeros, mecánicos y demás personal de la Royal Air Force durante la batalla de Inglaterra, de la que se han cumplido 85 años el pasado mes de octubre. Sea como fuere, desde 1939 la Kriegsmarine había empezado a trabajar en unos primerizos planes de invasión. Estos consideraban que el desembarco anfibio debía producirse en las proximidades de Yarmouth y Lowestoft, embarcando las fuerzas en puertos del mar del Norte y del Báltico. Con el avance de la contienda y la conquista de la fachada atlántica, los puertos galos, belgas, neerlandeses y nórdicos se podrían convertir en nuevos puntos de partida para esta acción anfibia.
Ya en 1940, los planes fueron evolucionando para adaptarse a esta nueva realidad. El almirante Erich Raeder seguía teniendo reservas respecto a que las fuerzas navales alemanas fueran capaces de conseguir este objetivo de máximos, proponiendo una operación de invasión mucho más reducida. Sin embargo, el Estado Mayor del Heer —el Ejército de Tierra alemán— seguía trabajando en un plano maximalista de la operación, sin encontrar el necesario punto de encuentro con los postulados navales.
La invasión de Gran Bretaña requería que las fuerzas navales, terrestres y aéreas trabajaran al unísono, perfectamente sincronizadas y compartiendo los objetivos a conseguir. Sea como fuere, las fuerzas aéreas de sir Hugh Dowding fueron capaces de parar a una poderosa Luftwaffe, forzando que los planes de invasión tuvieran que ser desechados.