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Combate aéreo durante la batalla de Inglaterra en la Segunda Guerra Mundial

Combate aéreo durante la batalla de Inglaterra en la Segunda Guerra MundialWikipedia

La batalla de Inglaterra: una lucha en el aire para evitar una operación anfibia

Churchill y sus aviadores buscaban devolver a los alemanes la destrucción que estaban causando en el sur de Gran Bretaña

La Segunda Guerra Mundial fue uno de los conflictos más trascendentales del siglo XX. No sólo por los avances técnicos en la esfera militar que se trasladaron a la civil, como el motor a reacción. Sino porque, a su fin en 1945, se inauguró un nuevo mundo en el que el colonialismo quedó atrás, en favor de la división en dos bloques.

Este mes de octubre se cumplen 85 años del fin de la Batalla de Inglaterra, luchada en los cielos británicos en los meses de julio y octubre de 1940. Esta estratégica derrota nazi fue el primer paso para la victoria de los aliados en la contienda.

Después de la toma de control de los Sudetes o Austria, la Blitzkrieg de la Wermacht y la Luftwaffe había eficazmente permitido invadir Polonia, Francia, Bélgica, Países Bajos y Noruega, por lo que Gran Bretaña era el siguiente objetivo.

Los británicos, encabezados por el premier Winston S. Churchill, no estaban dispuestos a permitir que los nazis invadieran su isla sin luchar y no estaban del todo solos en esos duros meses de 1940.

Una parte de los pilotos, armeros y mecánicos de Polonia y Chequia habían podido huir de Centroeuropa y llegar a las Islas Británicas. Tenían muchas ganas de combatir a los nazis y estaban dispuestos a morir por la libertad en los cielos ingleses.

Sólo necesitaban ganarse la confianza del jefe de la Royal Air Force, el Mariscal del Aire Sir Hugh Dowding, que tenía encomendada la misión de parar el intento alemán de invasión -la operación León Marino- por el aire.

La RAF contaba con tres herramientas principales para tratar de evitar la invasión: el radar, sus aviones de caza, así como el factor humano, es decir, sus excelentes aviadores.

El RADAR, acrónimo de radio detection and ranging, era la herramienta de alerta temprana clave, puesto que las estaciones en el Canal de la Mancha permitían detectar cuando se aproximaban las formaciones de la Luftwaffe.

Para defender las islas de las escuadrillas nazis, formadas por cazas y bombarderos, los cazas británicos, fundamentalmente, el Hawker Hurricane y el Supermarine Spitfire, eran las monturas con las que los aviadores tenían que combatir a los eficaces Messerschmitt BF109. Estos aviones alemanes, diseñados por el genial ingeniero Willy Messerschmitt y propulsados por potentes motores Benz con inyección de combustible –a diferencia de los tradicionales motores Merlin carburados de Rolls Royce en los Hurricane y Spitfire–, escoltaban a bombarderos Junkers, cargados con miles de toneladas de bombas.

Los bombarderos estaban pensados para causar grandes daños en las infraestructuras militares, como fábricas, pero también en los civiles, esperando bajar la moral de combate.

Churchill y sus aviadores buscaban devolver a los alemanes la destrucción que estaban causando en el sur de Gran Bretaña, en Londres o Coventry, por ejemplo. Pero el factor humano era la herramienta más importante y la más complicada de sustituir.

Se tardaban muchos meses en formar a un piloto de caza, a un mecánico encargado de mantener los aparatos en las bases o a fabricarlos, al tiempo que los armeros y demás auxiliares de tierra también requerían de una formación específica.

Los aviadores centroeuropeos ya estaban formados, eran buenos y querían luchar, pero no lo tuvieron fácil con Sir Dowding.

Recibieron clases intensivas de inglés y asumieron la disciplina de la RAF, pero sólo cuando inspiraron confianza, se les permitió hacerse al aire en misiones de combate, convirtiéndose en una herramienta clave.

En las fuerzas áreas sirvieron 145 polacos, 88 checoslovacos, 29 belgas, 13 franceses y un austríaco, junto a los canadienses, neozelandeses, australianos, irlandeses y estadounidenses, estos dos últimos como voluntarios, cuya aportación si ha sido más conocida.

Quizá los polacos hayan sido los aviadores extranjeros que más peso en el mundo cultural de la IIGM hayan tenido, gracias a que se les permitió formar 16 escuadrones propios, volando los Hawker Hurricane.

Algo menos avanzando técnicamente que el Spitfire, pero muy capaz con un piloto habilidoso a los mandos. El escuadrón nº303, el Kosciusko, en honor al héroe polaco de la guerra de la Independencia Estadounidense, fue el que mayor número de bajas alemanas consiguió en proporción a las propias, con 126 derribos confirmados.

Estos no habrían sido posibles sin el acierto del sargento Jan Frantisek, un aviador checoslovaco encuadrado en el 303, que consiguió derribar 17 aviones nazis.

Hitler no pudo conseguir su propósito de invadir Gran Bretaña, gracias a una multinacional Royal Air Force que luchó con gran tesón para evitar la invasión. Churchill habría dicho refiriéndose a los pilotos: «nunca tantos debieron tanto a tan pocos». Sea este artículo un pequeño homenaje a su lucha por la libertad.

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