Soldados españoles vigilando una manifestación del Frente Polisario contra el Partido de Unión Nacional Saharaui (25 de agosto de 1975)
La carta con la que España comunicó a la ONU el fin de su presencia en el Sáhara Occidental
En ese mismo escrito, España declaraba que se consideraba «desligada en lo sucesivo de toda responsabilidad de carácter internacional con relación a la administración de dicho territorio»
El 26 de febrero de 1976, Jaime de Piniés, representante permanente de España ante las Naciones Unidas, entregó al secretario general de la organización un comunicado por el que el Gobierno español daba «término definitivo a su presencia en el territorio del Sáhara».
En ese mismo escrito, España declaraba que se consideraba «desligada en lo sucesivo de toda responsabilidad de carácter internacional con relación a la administración de dicho territorio, al cesar su participación en la administración temporal que se estableció para el mismo».
Y añadía una frase que hoy resuena con fuerza histórica: «la descolonización del Sáhara Occidental culminará cuando la opinión de la población saharaui se haya expresado válidamente».
Carta enviada por el Gobierno de España a la ONU el 26 de febrero de 1976 anunciando su salida del Sáhara Occidental y renunciando a toda responsabilidad sobre el territorio
Independencia de Marruecos
El 7 de abril de 1956, España reconoció la independencia de Marruecos y retrocedió la zona norte del antiguo protectorado. Pero aquel gesto no frenó las aspiraciones territoriales del monarca alauí, Mohamed V, decidido desde entonces a incorporar la totalidad del África Occidental Española, unidad administrativa creada en 1946 que comprendía Ifni, Cabo Juby y el Sáhara español.
Durante esos años, numerosas bandas armadas integradas en el Yeicht Taharir —el llamado Ejército de Liberación, brazo militar del partido nacionalista Istiqlal— comenzaron a hostigar el territorio español. Tras haber acosado con éxito a Francia, intensificaron su ofensiva cuando París concedió de forma inesperada la independencia a Marruecos el 2 de marzo de 1956. En aquel momento, Francia ya estaba inmersa en la larga y sangrienta guerra de Argelia, conflicto que duraría ocho años y que precipitaría una grave crisis política y la caída de la IV República.
Provincialización del Sáhara
A principios de 1958, España adoptó una decisión de enorme calado: Ifni y el Sáhara se convirtieron en provincias. Este gesto evidenciaba la voluntad del Gobierno español de permanecer en unas regiones que nunca habían formado parte del reino marroquí. Poco después, el capitán general de Canarias —de quien dependían ambas provincias— firmó la Directiva General n.º 1, cuyo objetivo era expulsar por la fuerza a las bandas armadas marroquíes.
Sobre esa base se ejecutó la operación Teide, coordinada con Francia. La operación constituyó un rotundo éxito; en menos de un mes se alcanzaron todos los objetivos previstos, con un número mínimo de bajas españolas y la recuperación plena del control al norte del Sáhara. Durante los siguientes quince años, ninguna fuerza armada logró desafiar la soberanía española ni la estabilidad del territorio, lo que posibilitó un prolongado periodo de paz y un notable crecimiento económico.
A pesar del éxito militar, el 1 de abril de 1958 España firmó el Acuerdo de Cintra, en virtud del cual Madrid cedió a Marruecos la zona de Cabo Juby —hoy Tarfaya—, una zona tradicionalmente saharaui situada al sur de los límites históricos del reino alauí. La cesión buscaba frenar las aspiraciones expansionistas de Mohamed V, padre del futuro Hassan II.
Aunque el general Franco llegó a barajar la entrega de Ifni en ese momento, finalmente optó por conservarlo como posible moneda de cambio en el futuro. Pero la devolución de Cabo Juby no detuvo las ambiciones de Mohamed V, decidido a impulsar su ensoñación del Gran Marruecos. El Gobierno marroquí inició entonces una ofensiva diplomática dirigida a reclamar las provincias españolas en África.
Presión marroquí y la Marcha Verde
A partir de los años setenta, Marruecos elevó la presión sobre España para forzar la entrega del Sáhara. Desde 1974, Rabat desplegó unidades de sus Fuerzas Armadas Reales en Tarfaya y endureció su retórica, con amenazas directas de Hassan II, que llegó a anunciar que «tomaría el té en El Aaiún». A la presión militar se sumaron operaciones de desestabilización, incluidas acciones terroristas del Frente de Liberación y Unidad del Sáhara, organización creada por Marruecos para erosionar el control español.
En paralelo, Rabat puso en marcha una agresiva ofensiva diplomática destinada a impedir la autodeterminación saharaui, redoblando sus esfuerzos tras la resolución 2711 de Naciones Unidas, que reafirmaba el derecho del territorio a decidir libremente su futuro. Durante el verano de 1975, la tensión alcanzó niveles críticos: España activó sus planes de defensa de su provincia, convencida de que Marruecos preparaba un movimiento decisivo.
Ese paso llegó el 6 de noviembre de 1975 con la Marcha Verde. Hassan II envió contra la frontera del Sáhara español una masa de unos 350.000 civiles para forzar una salida política sin recurrir a la guerra. El monarca alauí sabía que tenía todas las de perder en un conflicto militar contra España.
Apenas ocho días más tarde, el 14 de noviembre, se firmaron los Acuerdos de Madrid, mediante los cuales España cedió la administración del territorio a Marruecos y Mauritania, todo ello en un contexto marcado por la agonía de Franco. Pocos meses después, el 28 de febrero de 1976, España abandonaba definitivamente la que fue su provincia 53.
Desde entonces, nadie ha logrado preservar la integridad del Sáhara Occidental ni mantener la paz.