Enlace de Martín García de Loyola con Beatriz Ñusta, muestra del mestizaje entre nobleza incaica y aristocracia española
¿Qué dicen (o han dicho) de España los himnos nacionales de los países de Hispanoamérica?
Expresiones como «el mandato imperioso del amo», «el tirano ambicioso Iberino», «el soberbio español», «los feroces íberos» o «ibérico altivo león» son algunas de las referencias más directas que podemos encontrar sobre nuestro país, más allá de las alusiones a las cadenas y la opresión
Mientras que en España estamos acostumbrados a un himno nacional carente de letra, la Marcha Real, en el resto del mundo los himnos nacionales –más allá de sus melodías– se presentan a través de los textos que los acompañan como una exaltación simbólica y profunda de sus valores, historia y tradición.
Entre la gran diversidad de letras hay algunos temas centrales que se dan con mayor frecuencia como el ensalzamiento de la belleza natural del país, la monarquía y la lealtad al soberano, el progreso y la unidad, la religión y la fe o la lucha y el sacrificio.
En torno a esta última categoría entran las referencias a España en diversos himnos nacionales hispanoamericanos que no parecen guardar más que malos recuerdos de los siglos en los que nuestra historia estuvo ligada.
Las referencias a la soberbia, la fiereza o la opresión de los españoles eclipsan las letras de muchos de estos himnos que a día de hoy se presentan fragmentados eliminando el elemento antiespañol.
Ninguno de ellos hace referencia a la prosperidad que los tres siglos de historia compartida trajeron consigo. No hay mención a las grandes hazañas que los españoles realizaron, muchos de los cuales fueron antepasados de quienes terminaron por renegar de sus orígenes, ciegos ante el odio a su patria.
Las ricas ciudades, las catedrales, las universidades o el mestizaje tan característico de la América española cayeron en el olvido a la hora de escribir los versos que representarían las emergentes naciones, nuevos estados que nacieron de lo que en su día fueron los cuatro virreinatos de América: Nueva España, Nueva Granada, Perú y Río de la Plata.
Las menciones a la patria en Nueva España
La República de Honduras careció de un himno nacional durante todo el siglo XIX a pesar de que su independencia de España se produjo en 1821. No fue hasta 1915 que su presidente declaró un cántico oficial, obra del poeta hondureño Augusto Constancio Coello con música del alemán Carlos Hartling.
En sus estrofas centrales, el texto de Coello –que sigue en vigor, aunque en actos se limita al coro y la última estrofa– habla de los tres siglos de dominación española como un periodo de opresión. En oposición a ello, presenta a Francia y su revolución como el ejemplo que les inspiró para su independencia y expulsión de la fuerza española, cuya partida se simboliza como el vuelo de «un ave de negro plumaje».
el mandato imperioso del amo;
por tres siglos tu inútil reclamo
en la atmósfera azul se perdió;
pero un día gloria tu oído
percibió, poderoso y distante
que allá lejos, por sobre el atlante
indignado rugía un león.
Era Francia, la libre, la heroica,
que en su sueño de siglos dormida
despertaba iracunda a la vida
al reclamo viril de Dantón;
era Francia que enviaba a la muerte
la cabeza del rey consagrado
y que alzaba, soberbia a su lado
el altar de la Diosa razón.
Tú también ¡Oh mi patria! te alzaste
de tu sueño servil y profundo;
tú también enseñastes al mundo
destrozado el infame eslabón.
Y en tu suelo bendito, tras la alta
cabellera de monte salvaje
como un ave de negro plumaje
la colonia fugaz se perdió.
Al igual que ocurre con Honduras, el himno de República Dominicana se ha mantenido vigente con el tiempo, pero con una versión reducida a cuatro estrofas para los actos oficiales. Aunque se remonta a 1883, no se adoptó oficialmente hasta 1934 bajo la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo. El texto, que fue redactado por el abogado Emilio Prud'Homme –quien introdujo correcciones en 1897–, contó con el arreglo musical de José Reyes.
La alusión más directa a España se encuentra en la octava estrofa y hace referencia a la Guerra de la Restauración, el conflicto con España posterior a su reintegración voluntaria como provincia tras su independencia de Haití.
de Castilla al soberbio León,
de las playas gloriosas le aleja
donde flota el cruzado pendón.
La Catedral Primada de América, en Santo Domingo, la más antigua del continente
El himno salvadoreño, compuesto en 1879 por el general Juan José Cañas y el músico italiano Juan Aberle, presenta en su primera estrofa una referencia velada a España sin necesidad de buscar el conflicto. La pieza, que no fue adoptada de forma legal hasta 1954, arranca con una breve alusión a su emancipación que se puede entender tanto de España en 1821 como de la República Federal de Centroamérica en 1841.
siempre noble soñó El Salvador;
fue obtenerla su eterno problema,
conservarla es su gloria mayor.
La Bayamesa, el himno nacional de la República de Cuba, nació durante el dominio español –en 1868– como un acto de rebeldía de la mano de Pedro Figueredo, quien pretendía con ella emular a La Marsellesa.
La parte más combativa del cántico –las últimas cuatro estrofas– fue suprimida en 1902, tras su independencia de Estados Unidos, para no herir el orgullo de los españoles tras la normalización de las relaciones diplomáticas. La letra original era, sin duda, de las que atacaba a España de forma más directa.
son cobardes cual todo tirano
no resiste al brazo cubano
para siempre su imperio cayó.
Cuba libre; ya España murió
su poder y orgullo do es ido
¡Del clarín escuchad el sonido,
a las armas valientes corred!
Contemplad nuestras huestes triunfantes
contempladlos a ellos caídos,
por cobardes huyeron vencidos
por valientes supimos triunfar.
¡Cuba libre! Podemos gritar
del cañón al terrible estampido
¡Del clarín escuchad el sonido,
a las armas valientes corred!
El Gran Teatro de La Habana, inaugurado oficialmente en 1838
El rencor a España en Nueva Granada
El himno colombiano, escrito por el presidente Rafael Núñez como un poema en 1850, se presentó al público en 1887 con música de Oreste Síndici. El inicio de su primera estrofa, «¡Cesó la horrible noche!», es una clara declaración de intenciones de lo que es el resto del texto, con multitud de alusiones al proceso de emancipación de España.
el mundo americano;
se baña en sangre de héroes
la tierra de Colón.
Pero este gran principio:
«El rey no es soberano»,
resuena, y los que sufren
bendicen su pasión.
Asimismo, son constantes las referencias a batallas decisivas del proceso de independencia que se entrelazan con el resto de la campaña de Bolívar.
el genio de la gloria
con cada espiga un héroe
invicto coronó.
Soldados sin coraza
ganaron la victoria;
su varonil aliento
de escudo les sirvió.
Bolívar cruza el Ande
que riega dos océanos;
espadas cual centellas
fulguran en Junín.
Centauros indomables
descienden a los llanos,
y empieza a presentirse
de la epopeya el fin.
La trompa victoriosa
que en Ayacucho truena,
en cada triunfo crece
su formidable son.
Castillo de San Felipe de Barajas, en Cartagena de Indias, desde donde Blas de Lezo lideró la heroica defensa
Gloria al Bravo Pueblo, el himno de la República Bolivariana de Venezuela, es menos conflictivo que el de su país vecino. La letra, cuya autoría sigue siendo objeto de debate y se remonta al año 1810 –con modificaciones posteriores– habla de la libertad y el fin del «yugo» y las «cadenas».
que el yugo lanzó
la Ley respetando
la virtud y honor.
¡Abajo cadenas!
gritaba el señor
y el pobre en su choza
Libertad pidió:
A este santo nombre
tembló de pavor
el vil egoísmo
que otra vez triunfó.
¡Gritemos con brío!
¡Muera la opresión!
Compatriotas fieles,
la fuerza es la unión;
y desde el Empíreo
el Supremo Autor,
un sublime aliento
al pueblo infundió.
Como antecedente tuvo cierto éxito la Carmañola Americana, un cántico más extenso y resentido de 1797 –cuando gobernaba Carlos IV– con estrofas como:
son igualmente tiranos
y uno de los mayores
es ese infame Carlos.
Salve, oh patria es otro de los himnos más explícitos hacia España con multitud de alusiones con un marcado carácter despectivo. Escrito por Juan León Mera en 1865 con música compuesta por el francés Antonio Neumane, el himno se ha limitado desde hace más de un siglo en actos oficiales al coro y a su única estrofa que no es antiespañola para evitar tensiones diplomáticas.
que te impuso la ibérica audacia,
de la injusta y horrenda desgracia
que pesaba fatal sobre ti,
santa voz a los cielos alzaron,
voz de noble y sin par juramento,
de vengarte del monstruo sangriento,
de romper ese yugo servil.
[...]
Tras la lid, la victoria volaba,
libertad tras el triunfo venía,
y al león destrozado se oía
de impotencia y despecho rugir.
Cedió al fin la fiereza española,
y hoy, oh Patria, tu libre existencia
es la noble y magnífica herencia
que nos dio el heroísmo feliz.
[...]
Venga el hierro y el plomo fulmíneo,
que a la idea de guerra y venganza
se despierta la heroica pujanza
que hizo al fiero español sucumbir.
Iglesia de San Francisco, en Quito, construida en el siglo XVI bajo el dominio español
El recuerdo de España en el Virreinato del Perú
El texto peruano es de los más agresivos hacia España debido a que su redacción tuvo lugar en pleno conflicto armado tras un concurso convocado en 1821 por José de San Martín. Al igual que en los más despectivos, el himno de José de la Torre se ha reducido en actos oficiales para evitar tanto posibles conflictos diplomáticos como la proyección de una imagen constante de sometimiento de su país.
la ominosa cadena arrastró;
condenado a una cruel servidumbre
largo tiempo en silencio gimió.
[...]
Todos juran romper el enlace
que natura a ambos mundos negó,
y quebrar ese cetro que España,
reclinaba orgullosa en los dos.
Excitemos los celos de España
pues presiente con mengua y furor
que en concurso de grandes naciones
nuestra patria entrará en parangón.
En la lista que de éstas se forme
llenaremos primero el renglón,
que el tirano ambicioso Iberino,
que la América toda asoló.
Catedral Basílica de la Virgen de la Asunción, Cuzco, Perú
El himno nacional de Chile sigue la tendencia de otros países del continente de recortar la letra para sortear tensiones. A pesar de ello, cabe resaltar que el texto original sufrió una transformación radical en la década de 1840 por un motivo estrictamente diplomático: hacer las paces con España.
Aunque en esa intervención se quitaron las referencias más provocativas, pervivieron otras mucho más matizadas. La versión que estuvo vigente entre 1820 y 1847 incluía versos como:
os presenta el soberbio español:
arrancad el puñal al tirano
quebrantad ese cuello feroz.
Habituarnos quisieron tres siglos
del esclavo a la suerte infeliz
que al sonar de sus propias cadenas
más aprende a cantar que a gemir.
[...]
Ciudadanos mirad en el campo
el cadáver del vil invasor...;
que perezca ese cruel que el sepulcro
tan lejano a su cuna buscó.
[...]
y empeñad el coraje en las fieras
que la España a extinguirnos mandó.
Esos monstruos que cargan consigo
el carácter infame y servil,
¿cómo pueden jamás compararse
con los héroes del Cinco de Abril?
Ellos sirven al mismo tirano
que su ley y su sangre burló
En cambio, la versión suavizada, que más tarde sería recortada en uso oficial eliminando cualquier referencia bélica, introdujo frases más elegantes como «los hijos del Cid».
ya es hermano el que ayer opresor;
de tres siglos lavamos la afrenta
combatiendo en el campo de honor.
[...]
Alza, Chile, sin mancha la frente;
conquistaste tu nombre en la lid;
siempre noble, constante y valiente
te encontraron los hijos del Cid.
Que tus libres tranquilos coronen
a las artes, la industria y la paz,
y de triunfos cantares entonen
que amedrenten al déspota audaz.
Vuestros nombres, valientes soldados,
que habéis sido de Chile el sostén,
nuestros pechos los llevan grabados;
los sabrán nuestros hijos también.
Sean ellos el grito de muerte
que lancemos marchando a lidiar,
y sonando en la boca del fuerte
hagan siempre al tirano temblar.
Si pretende el cañón extranjero
nuestros pueblos, osado, invadir;
desnudemos al punto el acero
y sepamos vencer o morir.
Con su sangre el altivo araucano
nos legó, por herencia, el valor;
y no tiembla la espada en la mano
defendiendo, de Chile, el honor.
Catedral Metropolitana de Santiago de Chile, construida entre 1748 y 1800
Las heridas abiertas en el Río de la Plata
El himno original de 1813 nació como algunos otros en el fulgor del conflicto bélico, por lo que su carácter antiespañol era muy evidente. Ante la llegada constante de inmigrantes españoles a Argentina a finales del siglo XIX se decidió recortar el himno –por decreto en el año 1900– para no herir su dignidad, al mismo tiempo que se buscaba mejorar las relaciones con España.
El texto original presentaba la recurrente exaltación de la libertad y el fin del sometimiento ante la fuerza extranjera con referencias simbólicas como el león.
¡libertad!, ¡libertad!, ¡libertad!
Oíd el ruido de rotas cadenas
ved en trono a la noble igualdad.
Se levanta en la faz de la tierra
una nueva gloriosa nación.
Coronada su sien de laureles,
y a sus plantas rendido un león.
[...]
Mas los bravos que unidos juraron
su feliz libertad sostener
a estos tigres sedientos de sangre
fuertes pechos sabrán oponer.
[...]
Buenos Aires se pone a la frente
de los pueblos de la ínclita unión.
Y con brazos robustos desgarran
al ibérico altivo león.
[...]
La Victoria al guerrero argentino
con sus alas brillantes cubrió.
Y azorado a su vista el tirano
con infamia a la fuga se dio.
Sus banderas, sus armas, se rinden
por trofeos a la libertad.
La Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, fundada en 1613
Francisco Acuña de Figueroa fue el autor del himno uruguayo –y del de Paraguay–, oficializado en 1833, cuando los eventos de su independencia definitiva del Imperio de Brasil estaban aún muy presentes. Debido a su pasado ligado a España y a la posterior ocupación de Portugal y Brasil, el texto se dirige abiertamente a las tres potencias que dominaron su territorio con expresiones como las «tres diademas».
La letra fue revisada por el autor en 1845 y, aunque eliminó los comentarios más agresivos, mantuvo numerosas referencias que han perdurado hasta hoy. Como muchos otros, se recorta en actos oficiales.
ostentaba su altivo poder,
y a sus plantas cautivo yacía
el Oriente sin nombre ni ser:
mas, repente sus hierros trozando
ante el dogma que Mayo inspiró,
entre libres y déspotas fieros,
un abismo sin puente se vio.
Su trozada cadena por armas,
por escudo su pecho en la lid,
de su arrojo soberbio temblaron
los feudales campeones del Cid.
[...]
La justicia, por último, vence
domeñando las iras de un Rey;
[...]
Porque fuese más alta tu gloria,
y brillasen tu precio y poder,
tres diademas, ¡oh, Patria!, se vieron
tu dominio gozar, y perder.
Libertad, libertad adorada,
¡mucho cuestas, tesoro sin par!
Tras haber compuesto y revisado el himno uruguayo, Francisco Acuña de Figueroa asumió el reto de dar un cántico oficial al Estado de Paraguay en 1846. Al igual que en el anterior, se repite la referencia a la diadema como símbolo de la monarquía y otros rasgos como el cetro opresor presente en el peruano.
tres centurias un cetro oprimió,
mas un día soberbia surgiendo,
¡basta! dijo…., y el cetro rompió.
Nuestros padres, lidiando grandiosos,
ilustraron su gloria marcial;
y trozada la augusta diadema,
enalzaron el gorro triunfal.
[…]
De la tumba del vil feudalismo
se alza libre la Patria deidad;
opresores, ¡doblad rodilla!
Compatriotas, ¡el Himno entonad!