Cubierta de 'Raros testigos'
'Raros testigos': la cara B de Cuba, representada por siete curiosos personajes que murieron en el exilio
Vicente Echerri rescata vidas mínimas que revelan la Cuba secreta: la historia íntima de quienes, lejos del ruido oficial, evocaron la isla desde el exilio
Tengo la sensación de que la Historia, con mayúsculas, ya ha sido contada hasta la saciedad y que hay poco margen para añadir hechos relevantes sobre conquistas, batallas, revoluciones o reinados harto conocidos. Tal vez yo esté equivocado y más de un historiador podría sacarme de mi error fácilmente, pero es lo que percibo: lo esencial de la narrativa sobre los grandes protagonistas ya ha sido divulgado.

Fulgencio Pimentel (2026). 206 páginas
Raros testigos
Donde se abre un campo fértil aún por cultivar es en la historia, con minúscula, de los pequeños hombres –entiéndase bien el uso del adjetivo «pequeños»–. Esos que, sin estar presentes en los acontecimientos señeros descritos en los libros escolares, redactaron con sus vidas, más o menos discretas, la cara B de la Historia.
Aquí entrarían libros como Bartleby y compañía, de Enrique Vila-Matas, Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, o Las máscaras del héroe, de Juan Manuel de Prada, donde el autor reconstruye la vida de escritores menores y bohemios del primer tercio del siglo XX. En esta línea incluiría también Raros testigos, de Vicente Echerri, publicado por la editorial Fulgencio Pimentel en junio de 2026.
Echerri es poeta, ensayista, narrador y articulista cubano (Trinidad, 1948), una de las voces más lúcidas y personales a la hora de contar Cuba y analizar sus mecanismos culturales, morales y políticos, no solo desde el interior de la isla (representado por el oxidado y, aun así, perenne régimen), sino también desde el exterior (ese limbo sin fronteras fijas desde donde contraatacan los opositores).
Raros testigos trae el sello inconfundible de este ilustre autor, que en esta ocasión centra su mirada y su pluma en los retratos de «siete individuos que tienen en común el haberme deslumbrado con las peripecias de sus curiosas biografías, cuyas confesiones y relatos me enriquecen sin que ellos llegaran a advertirlo. Cada uno, en su propia esfera, en algunos casos modesta y oscura, fue excepcional. Todos fueron mis compatriotas, todos tuvieron que ausentarse para siempre de Cuba, nuestro suelo natal, todos murieron en el exilio».
A todos ellos (Alberto Guigou, Manuel Rodríguez Bustamante, Jorge Oliva, Germán Puig, Adrián Montoro, Heberto Padilla; el séptimo es la ciudad de Trinidad), Echerri los trató en persona. No habla, pues, desde la sesuda investigación propia de una rata de biblioteca, sino que comparte con el lector las vivencias cercanas de un pequeño grupo de personas (y una ciudad), representantes de toda una generación de cubanos desafectos a la Revolución castrista. Personas con las que Echerri fue al cine, compartió vivienda (Jorge Oliva) y conversaciones, una comida e incluso alguna sauna licenciosa. Entrañable fue su relación con el poeta Heberto Padilla, que pasó de ser «un poeta sin rostro» a un buen amigo.
Los siete retratados forman una constelación de personajes unidos por la cultura, la disidencia y el exilio. No demasiado conocidos –exceptuando Heberto Padilla, cuyo famoso caso generó la primera represión por parte de Fidel Castro contra los intelectuales del país–, estos hombres le permiten a Echerri componer un friso memorialístico e histórico sobre los cubanos que buscaron y buscan una identidad propia en el exilio.
Se tocan en esta obra temas que afectan a varios de los personajes retratados: la homosexualidad –o «ambisexualidad», como es el caso de Alberto Guigou–, las estrecheces económicas, el rechazo al castrismo, el sida, el alcoholismo o la depresión. Todo ello con numerosas alusiones a personajes relevantes de la cultura (Jean-Claude Brialy, Ramón Gómez de la Serna, Mario Vargas Llosa, Néstor Almendros, Guillermo Cabrera Infante…), sin caer en ningún momento en el esnobismo cultural.
Raros testigos está redactado con una prosa clara, poco alambicada, llena de encanto, que nos ofrece la imagen de la Cuba que pudo ser y no fue, un país resistente, de ricas tradiciones y con un vivo legado cultural.
Quizá la Historia ya haya contado todas sus victorias. Pero todavía quedan innumerables vidas anónimas esperando a que alguien las convierta, por fin, en historia.