Manifestaciones a favor de Mosaddegh en Teherán, el 16 de agosto de 1953
Cuando la CIA derrocó al gobierno de Irán: el golpe de 1953 que aún resuena en las protestas actuales
Entonces, como ahora, crisis interna y presión exterior se entrelazaron bajo la sombra de una intervención estadounidense
Las protestas que sacuden hoy Irán reactivan una memoria incómoda: la del golpe de Estado de 1953, impulsado por Estados Unidos. Entonces, como ahora, crisis interna y presión exterior se entrelazaron bajo la sombra de una intervención estadounidense.
El pasado 28 de diciembre, la depreciación del rial y el agravamiento de la crisis económica desencadenaron en Irán una oleada de protestas. En pocos días, las movilizaciones se extendieron por casi todas las provincias y adquirieron un tono abiertamente político, con consignas que ya no apelan solo al malestar social, sino que cuestionan directamente la continuidad del régimen.
En este escenario, y tras el éxito atribuido a la operación de «extracción» del presidente venezolano Nicolás Maduro, Donald Trump ha optado por implicarse de forma explícita en la crisis iraní. El mandatario estadounidense ha manifestado públicamente su respaldo a los manifestantes, advirtiendo que Estados Unidos podría intervenir si el régimen de los ayatolás intensifica la represión contra la población movilizada.
En Teherán existe plena conciencia de que las advertencias de Washington no son retóricas. La historia reciente ofrece precedentes claros: en 1953, una operación conjunta de la CIA y el MI6 derrocó al primer ministro Mohammad Mosaddegh, demostrando que Estados Unidos ha recurrido en el pasado a la intervención directa en Irán para salvaguardar sus intereses. Hoy recordamos el golpe de Estado de 1953 en Irán.
La Segunda Guerra Mundial y la injerencia extranjera
En 1941, las fuerzas británicas y el Ejército Rojo invadieron Irán. Reza Pahlaví, Shah de Persia desde 1925, había declarado la neutralidad en la Segunda Guerra Mundial y trató de equilibrar a las dos potencias principales: Gran Bretaña y la Alemania nazi. La razón principal de la invasión fue asegurar los campos petroleros de Irán y el Ferrocarril Transiraní para entregar suministros a la Unión Soviética. La inmediata consecuencia fue la abdicación del Shah en su hijo Mohammad Reza Pahlaví, seguida de una formal declaración de guerra persa a la Alemania nazi en 1943.
Durante la década de 1940, el nuevo monarca no ejerció un poder efectivo y la política del país quedó supeditada a intereses extranjeros. El principal foco de conflicto era la gestión de los recursos petroleros locales, descubiertos en 1908 y explotados por la Anglo-Iranian Oil Company. Ante esta situación, los líderes nacionalistas ganaban cada vez más influencia al denunciar una concesión extremadamente rentable para Occidente y escasamente beneficiosa para Irán.
Un cambio de rumbo: la llegada de Mosaddegh
El primer ministro Mosaddegh con el presidente estadounidense Truman en 1951.
En abril de 1951, el líder del Frente Nacional, Mohammad Mosaddegh, contrario a las políticas prooccidentales del Shah, asumió el cargo de primer ministro. Defensor de una monarquía constitucional en la que Pahlaví reinara sin gobernar, Mosaddegh aplicó de inmediato su programa. El 1 de mayo de 1951, nacionalizó la industria petrolera, lo que enfureció al Gobierno británico, que, por mediación de Winston Churchill, solicitó a la Administración Truman alejar del poder al molesto Mosaddegh.
Truman, sin embargo, optó por mantenerse al margen. Gran Bretaña reaccionó entonces buscando asfixiar económicamente a Irán: amenazó con impulsar la independencia del Juzestán iraní, cerró dos bancos británicos y exigió la devolución de una deuda de un millón de libras, así como los créditos otorgados a los comerciantes iraníes.
La Operación Ajax
El antagonismo entre el Shah y su primer ministro no dejaba de aumentar y, en 1952, Pahlaví llegó a destituirle durante unos días, hasta que el clamor popular y la amenaza de insurrección obligaron al monarca a restituirlo.
A miles de kilómetros de Teherán, Dwight Eisenhower se asentaba en la Casa Blanca en enero de 1953. Mucho más receptivo a escuchar a Churchill (sobre todo, a raíz de los contactos de Mosaddegh con el partido comunista iraní, el Tudeh), el nuevo presidente activó a la CIA, que, junto al MI6 británico, puso en marcha la Operación Ajax. Fue el primer derrocamiento encubierto de un gobierno extranjero en tiempos de paz por parte de Estados Unidos.
Soldados iraníes rodeando el Parlamento en Teherán en 1953
La intervención combinó financiación, propaganda y la coordinación con los sectores monárquicos dentro de las fuerzas armadas iraníes. El resultado fue la restauración del control político al monarca, quien consolidó un régimen autoritario prooccidental. Mosaddegh fue detenido y, tras cumplir tres años de prisión, pasó el resto de su vida bajo arresto domiciliario hasta su muerte en 1967.
Irán se convirtió durante más de dos décadas en un aliado firme de Estados Unidos en Oriente Medio, con ayuda económica y militar significativas. Sin embargo, la asociación con Occidente y la represión política alimentaron la animadversión popular hacia la monarquía y las potencias extranjeras, que culminaría con la instauración de la República Islámica de Irán en 1979, bajo la dirección del ayatolá Ruhollah Jomeini, y cuyo último capítulo podría estar escribiéndose mientras estas líneas ven la luz.