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De izquierda a derecha, Juan Negrín (de blanco), Indalecio Prieto y el general Vicente Rojo

Dinastías y poder

Negrín frente a Vicente Rojo: dos destinos opuestos tras la derrota de la República en la Guerra Civil

El final de la Guerra Civil Española en 1939 transformó el destino de quienes ocuparon posiciones de responsabilidad en la República. Juan Negrín y Vicente Rojo representan dos perfiles distintos entre los perdedores: el del dirigente político que alcanzó la presidencia del Gobierno y el del militar profesional encargado de la organización del Ejército Republicano.

Juan Negrín (1892–1956), de origen canario, era un médico y fisiólogo, formado en Alemania. En España desarrolló una destacada carrera universitaria y científica promovida, entre otros, por Santiago Ramón y Cajal. Dirigió el Laboratorio de Fisiología de la Residencia de Estudiantes, cuando esta institución, dependiente de la Junta de Ampliación de Estudios, tenía un importante influjo sobre la sociedad del primer tercio de siglo. La incorporación de Negrín a la política se produjo poco antes de la proclamación de la Segunda República, dentro de un PSOE en el que Largo Caballero e Indalecio Prieto rivalizaban por el liderazgo.

Negrín junto a varios combatientes

Fue elegido diputado a Cortes y, tras el comienzo de la Guerra Civil, asumió el Ministerio de Hacienda, con decisiones de fatales consecuencias como las referidas al envío a la URSS de las reservas de oro del Banco de España. Poco después de los sucesos de mayo de 1937, de infausto recuerdo en Barcelona, fue nombrado presidente del Consejo de Ministros, cargo que ocupó hasta el final de la guerra. Entre sus tareas estaba tratar de encargar la reconstrucción del Ejército Republicano, donde la indisciplina de la milicia y el desorden hacían poco viable la posibilidad de terminar la guerra en un estado desmantelado.

La figura de Negrín generó controversia política dentro del campo republicano. Su estilo de gobierno, centralizador y apoyado en pocos colaboradores, provocó tensiones con muchos sectores socialistas prietistas, nacionalistas y, por supuesto, anarquistas. A ello se sumaron sus vínculos políticos con el Partido Comunista, que no dejó de crecer y dominar la guerra, entre otros motivos a causa de su papel en la organización militar y el armamento procedente de la Unión Soviética. Hasta Azaña, que inicialmente había aupado a Negrín, terminó cuestionándolo por su negativa a un final negociado en su «política de resistencia» y sus iniciativas exteriores.

Negrín se había casado en Alemania poco antes de comenzar la Primera Guerra Mundial con María Fidelman Brodsky, hija de una familia acomodada de rusos exiliados de origen ucraniano, con quien tuvo varios hijos y de quien terminó separado. Derrotado en la guerra civil, pese a sus intentos por alargar el conflicto en la idea de internacionalización, se marchó junto a su segunda mujer a Londres primero y después a México y Francia. En 1946 lo expulsaron del PSOE. Los bienes de la familia Negrín han sido también objeto de debate, con frecuentes reclamaciones patrimoniales.

En el campo militar nos encontramos con un oficial. Vicente Rojo (1894–1966) fue un general formado en la Academia de Infantería y con una carrera en el ejército español durante la guerra del Rif. Junto a él, Franco, Varela o Yagüe. Al iniciarse la Guerra Civil, como comandante de Estado Mayor de servicio en el Ministerio de Guerra, permaneció fiel al gobierno de la República. Lo hizo no tanto por identidad sino por cierta idea de «legalidad» castrense; a las órdenes, aunque quizá no de acuerdo. De ahí las referencias a su personalidad atípica, para algunos contradictoria, en las filas republicanas. Rojo y Moscardó, por ejemplo, eran amigos y, quizá por ello, fue el encargado de acudir al Alcázar para pedir su rendición, aunque no lo consiguiese. Pero respondía a las funciones de responsabilidad que le encomendaron. Fue, para muchos, el mejor general de la República.

Vicente Rojo (izquierda), jefe del Estado Mayor Central del ejército republicano, durante la Guerra Civil

Rojo se volcó en la estructuración de un Ejército en el que los líderes sindicales y las milicias populares habían causado estragos, entre otros motivos, por sus nulos conocimientos en el «arte» de la guerra. Él era un estratega que tuvo que organizar un Ejército Popular capaz de hacer frente al orden y la disciplina de los nacionales. Para entender su papel en esos años, trabajos como los de Martínez Reverte.

Tras 1939, Vicente Rojo se trasladó a Francia y luego a Argentina y Bolivia, donde vivió varios años y dio clase en la Escuela Superior de Guerra. Estaba casado desde 1920 y tuvo varios hijos. Uno de ellos, Francisco, había permanecido en zona franquista durante la guerra, pues se encontraba en Galicia en julio del 36. En 1957, Vicente Rojo regresó a España gracias a la intermediación de Muñoz Grandes, que era todavía ministro del Ejército. Vivió en Madrid hasta su fallecimiento en 1966.