Reinhard Heydrich
Operación Antropoide: el atentado que acabó con Reinhard Heydrich, el arquitecto del terror nazi
En 1942, dos paracaidistas checos plantaron cara al nazismo. Jozef Gabčík y Jan Kubiš, soldados entrenados por el ejército británico, lograron acabar con el más poderoso y temido de los jerarcas nazis
En el apogeo de su carrera, Reinhard Heydrich consiguió convertirse en un miembro de alto rango de las SS y, en 1939, ascendió a jefe de la Oficina Central de Seguridad del Reich, que englobaba la Gestapo, a la Policía Criminal y al SD.
Conocido en la historia por ser el «Carnicero de Praga» y la «Bestia Rubia», Heydrich se convirtió en 1941 en el protector de Bohemia y Moravia, la actual República Checa. Fueron precisamente sus acciones en la zona las que le hicieron adquirir estos apodos, por sus ejecuciones masivas en la capital de la entonces Checoslovaquia. Además, Hitler se refirió a él como «el hombre de corazón de hierro», ya que su fama se debe también a su colaboración en la conocida como «Solución Final», el exterminio en masa de los judíos en Europa.
Para conocer las causas de la Operación Antropoide, se debe prestar atención a lo que pasó en 1938 en Europa. El nazismo ya estaba consolidado en Alemania y Hitler pretendía su expansión por el resto del continente. El führer demandaba los territorios de los Sudetes, perdidos tras la Primera Guerra Mundial. Para mediar con Hitler, los primeros ministros de Reino Unido y Francia, Chamberlain y Daladier, respectivamente, celebraron una reunión en Múnich a la que Mussolini acudió como mediador. La representación del panorama europeo del momento dejó fuera al objeto de la discusión: Checoslovaquia no acudió al encuentro.
Los aliados firmaron el acuerdo de paz con Hitler en septiembre de 1938, ese que Chamberlain agitó con fuerza a su llegada al aeropuerto británico y que nunca se respetaría. Frente a esta política de apaciguamiento, la crítica de Winston Churchill fue severa: citó a Maquiavelo: «Se le dio a elegir entre la guerra y el deshonor. Elegiste el deshonor, y tendrás la guerra». Y así fue: tan solo siete meses después, el 15 de marzo de 1939, Hitler entró en Praga con las tropas.
De izquierda a derecha: Chamberlain, Daladier, Hitler, Mussolini y el conde Ciano, fotografiados antes de firmar el Acuerdo de Múnich que concedió los Sudetes a Alemania
En diciembre de 1941, Jozef Gabčík y Jan Kubiš, dos soldados checoslovacos entrenados por el ejército británico, aterrizaron en Praga para ejecutar la llamada Operación Antropoide, con Heydrich en el punto de mira. Con ayuda de otros miembros reticentes al régimen nazi y escondidos por la familia Moravec, los soldados trazaron un plan y siguieron paso a paso la rutina del dirigente nacionalsocialista. Tras meses de trabajo, un soplo les alertó: Heydrich cambiaba de destino, por lo que la operación debía adelantarse.
El día elegido para el atentado fue el 27 de mayo de 1942. Mientras el vehículo Mercedes descapotable de Heydrich reducía la velocidad en un giro, Gabčík, armado con un subfusil Sten, apuntó directamente al dirigente nazi y se preparó para disparar. En el último momento, el arma se atascó. Heydrich ordenó a su conductor parar el vehículo, sacó su pistola, salió del coche y abrió fuego contra ellos.
Al mismo tiempo, Kubiš arrojó una granada de mano modificada que explotó sobre el coche escolta, desatando un caos que permitió huir a los checos. En un principio, la operación resultó un fracaso; lo que no desconocían era que, para Heydrich, ya era tarde: resultó fatalmente herido. Murió en el hospital Bulovka de Praga una semana después, debido a una septicemia causada por la metralla o por la tapicería de los asientos.
El Mercedes-Benz 320 Cabrio B en el que Heydrich resultó mortalmente herido.
Debido al asesinato de uno de los altos cargos del Partido Nazi, Hitler enfureció y ordenó una dura represión contra el pueblo checo: ejecuciones, deportaciones masivas a campos de concentración y la destrucción de pueblos enteros. En represalia por el asesinato de Heydrich, los nazis redujeron a cenizas los pueblos de Lidice y Ležáky.
En el primero, asesinaron a los varones de más de 15 años, y a las mujeres y los niños los llevaron a campos de concentración, donde la mayoría murió en las cámaras de gas. Aquellos niños considerados susceptibles de «germanización» fueron trasladados con familias de las SS. Hoy, Lidice se puede visitar porque, de los dos, fue el único reconstruido tras la Segunda Guerra Mundial; sin embargo, Ležáky no corrió la misma suerte.
Jozef Gabčík y Jan Kubiš
Tras el atentado, la familia Moravec decidió que su hogar ya no era seguro para los checos. Por suerte, el sacerdote de la iglesia de San Cirilo y San Metodio, también miembro de la resistencia, estaba dispuesto a esconderlos en la cripta junto a otros integrantes del comando. Para dar con su paradero, los nazis ofrecían una suculenta recompensa por saber su localización. Los checos fueron traicionados por Karel Čurda, un miembro del grupo, que dio el chivatazo a las autoridades sobre la familia que los había escondido. Tras un interrogatorio lleno de palizas y vejaciones, el hijo de la familia, el único que conocía el escondite, lo declaró.
El 18 de junio de 1942, casi un mes después del atentado contra Heydrich, un dispositivo compuesto por aproximadamente 600 soldados cercó la iglesia y arremetió contra los siete checos. Tras una dura resistencia, los soldados checos fuera de la cripta perdieron la vida, pero aún quedaban los escondidos en el interior de la misma.
Los nazis volaron la entrada para poder acceder, pero el estrecho acceso dificultaba mucho el procedimiento. Para atrapar a los disidentes, los nazis echaron mano de los bomberos para inundar la cripta desde un ventanuco exterior. Tras cerca de siete horas de lucha y bajas en ambos lados a causa de las balas y los explosivos, los soldados, entre ellos Gabčík, se suicidaron para no caer vivos en manos alemanas.
Además de recordar con la ayuda de películas, como Anthropoid (2016), protagonizada por Cillian Murphy y Jamie Dornan, aún hoy se puede visitar en Praga la iglesia y la cripta de San Cirilo y San Metodio. En la fachada y en el interior se pueden apreciar los balazos en las paredes. Cada año, el 18 de junio, es un día especial para el pueblo checo. Durante esa jornada se celebran ceremonias de homenaje en esta iglesia, donde se depositan flores en la cripta para recordar a los siete paracaidistas checoslovacos que dieron su vida por la libertad.