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Antonio Naranjo, junto a una periodista con niqab

Antonio Naranjo, junto a una periodista con niqab

Televisión

Antonio Naranjo denuncia la hipocresía del Gobierno con el burka con una mujer sentada a su mesa

El presentador de Telemadrid asegura: «No sé qué tipo de delirio puede llevar a nadie a defender que un credo puede estar por encima de los valores democráticos»

El periodista Antonio Naranjo despidió la noche del 17 de febrero su programa en Telemadrid con un editorial centrado en la reciente decisión del Congreso de los Diputados de rechazar la iniciativa que proponía prohibir el uso del burka en espacios públicos.

Durante su intervención final, Naranjo realizó un análisis crítico del posicionamiento de los grupos parlamentarios que votaron en contra de la medida. El periodista cuestionó lo que considera una contradicción en los argumentos de determinadas formaciones políticas respecto a la defensa de los derechos de las mujeres y la libertad individual.

En un momento del programa, introdujo una escena en plató para ilustrar su reflexión. «Señoras y señores, según todos los partidos de España que dicen ser progresistas y otros que se asocian con ellos, como el de Puigdemont, esta imagen que ustedes están viendo aquí a mi lado no debe ser prohibida en ningún espacio público. Ella es Ana, una estupenda periodista, pero no la pueden ver porque hoy, durante un ratito, nos está ayudando a entender cómo se puede sentir una mujer obligada por su marido a ir tapada con un niqab o con un burka».

A partir de esa escenificación, el comunicador sostuvo que existe, a su juicio, una doble vara de medir en determinadas decisiones políticas relacionadas con la imagen de la mujer en el espacio público. «Y claro, es curioso que los mismos partidos políticos que, por ejemplo, prohibieron a mujeres libres trabajar como azafatas en la Fórmula 1 o en las motos GP porque decían que las cosificaban, a pesar de que todas ellas estaban encantadas. No crean ahora que nada cosifica más que tener que esconderse para que solo una persona, el hombre que manda en su vida, pueda verla. La minifaldas voluntarias hay que prohibirlas, pero los burkas impuestos hay que tolerarlos».

En su análisis, Naranjo enmarcó el debate en una discusión más amplia sobre los límites entre la libertad religiosa, la diversidad cultural y los valores democráticos. «En fin, no sé qué tipo de delirio puede llevar a nadie a defender que cualquier costumbre, credo o cultura puede estar por encima de los valores democráticos de un país occidental. Tanto sospechar del hombre caucásico, heterosexual y católico, por ejemplo, como si llevara el mal original dentro. Y tanto hablar del heteropatriarcado occidental. Y vaya, cuando tienen delante un heteropatriarcado de verdad, van y condenan a las mujeres a cubrirse el rostro y a cerrar la boca. En fin, qué locura».

La votación en el Congreso ha reabierto el debate político y social sobre el uso de prendas como el burka o el niqab en España, una cuestión que en otros países europeos ha derivado en restricciones legales. Mientras tanto, el editorial de despedida de Naranjo ha añadido una nueva voz a una discusión que sigue dividiendo a la opinión pública.

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