Francisco Vázquez de Coronado parte hacia el norte obra de Frederic Remington
Por qué los cowboys de Estados Unidos tienen raíces en España
Mucho antes del Hollywood de John Wayne, el auténtico lejano Oeste hablaba español
Antes de llamarse John, el cowboy americano se llamó Manolo y hablaba español. Esta simplificación es el punto de partida de un viaje por los orígenes del estilo de vida de los vaqueros norteamericanos, que popularizó el cine western de John Wayne y John Ford.
«Nuestros caballos, nuestros ranchos, nuestros rodeos… Todo el romanticismo alrededor del arquetipo de los vaqueros, que se convirtieron en sinónimo del Oeste americano, nació en España». No es una frase de ningún historiador, sino unas declaraciones realizadas por el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, en la Conferencia de Múnich. Unas palabras a las que respondió la congresista Alexandria Ocasio-Cortez, de ascendencia mexicana, diciendo que «los mexicanos y los descendientes de los pueblos esclavizados de África querrían decir algo al respecto».
Sin embargo, desde el punto de vista histórico, Rubio tiene razón: la figura icónica del Oeste no es un producto made in USA, sino que hunde sus raíces en las marismas del Guadalquivir.
En América no había caballos antes de la llegada de los españoles. Colón llevó algunos a partir de su segundo viaje; después, Hernán Cortés desembarcó otros tantos, marcando el inicio de un proceso muy largo que se extendió, gracias a otros conquistadores y exploradores españoles, por el Nuevo Mundo.
De hecho, la famosa raza norteamericana mustang, que aparece en series como Yellowstone o es protagonista de películas como Spirit: el corcel indomable (2002), tiene su origen en la Península Ibérica. Los caballos que cruzaron el Atlántico a partir del siglo XVI procedían en su mayoría de linajes andaluces, de la jaca burgalesa (o castellana) y de berberiscos.
En lo que hoy es Texas, Nuevo México y California, los españoles levantaron asentamientos y los franciscanos fundaron misiones de las que se escaparon numerosos caballos, que comenzaron a reproducirse en libertad, formando yeguadas salvajes. A esos caballos sin dueño y asilvestrados los españoles los llamaban mesteños, un término que proviene del famoso Concejo de la Mesta y que los colonos anglosajones transformaron en mustang.
Rodeos como legado español en Estados Unidos
Pero España no aportó solo caballos. El estilo de vida del cortijo andaluz se trasladó al Nuevo Mundo: desde el sombrero de ala ancha, las prendas y las monturas hasta el modelo de explotación ganadera, que se concentró en ranchos o haciendas a lo largo y ancho de Nueva España. Técnicas como el dally —enrollar la cuerda en el pomo de la silla— provienen de la expresión española «dar la vuelta», para enrollar la cuerda, como explica en una conferencia Michael Grauer, catedrático McCasland de Cultura Vaquera y conservador de Colecciones Vaqueras y Arte Occidental del Museo Nacional del Vaquero y del Patrimonio Occidental.
Sucede algo parecido con el término buckaroo, utilizado en Estados Unidos para referirse a los trabajadores de los ranchos y que es una deformación fonética de la palabra vaquero, al igual que «lasso» (lazo) o «rodeo», que mantiene su nombre original, como explica el experto.
Un largo etcétera de elementos que todavía perduran, que llevaron los españoles a América y que los novohispanos convirtieron en oficio, pasión, juego y forma de vida para tantas familias. Los mexicanos, al igual que los indios y los norteamericanos, recogieron el testigo y lo asimilaron como elemento cultural, olvidando por el camino su origen hispano.