Fundado en 1910
La conquista del Colorado por Augusto Ferrer-Dalmau

La conquista del Colorado por Augusto Ferrer-Dalmau

Desde California hasta Alaska: cuando España dominó Norteamérica en el siglo XVIII

Una investigación de 20 años rescata del olvido la expansión española en el Pacífico norte y Alaska

España ya disputaba el control de la parte sur del Ártico en el siglo XVIII y dominó el Pacífico norteamericano hasta finales del siglo XVIII. Es más, «los propios españoles no tienen ni idea de que llegamos hasta Alaska», asegura Gonzalo Bellón de Aguilar, jurista y doctor por la Universidad Rey Juan Carlos. Bellón, junto a Ignacio Ruiz Rodríguez, catedrático de historia del derecho, y Jesús María González Martín, profesor de la misma institución, han publicado La incorporación de las tierras del Pacífico norteamericano a la monarquía hispánica, una investigación de más de 20 años que rescata del olvido una de las empresas más ambiciosas de la historia de España.

José de Gálvez, el «Gran CEO» de América

Este relato no empieza en América, sino en Rusia. El catedrático Ignacio Ruiz encontró «correspondencia de los embajadores españoles en la corte de los zares, en la que se menciona la presencia de exploradores rusos que habían cruzado por Siberia hasta llegar al continente americano», explica.

Para frenar la presencia rusa y británica en el Pacífico, España emprendió a mediados del siglo una «inmensa empresa» con diferentes exploraciones y expediciones tanto militares como científicas sobre «un territorio infinito, de millones de kilómetros cuadrados que pertenecía a la monarquía hispánica, pero que no había sido explorado todavía».

La más famosa fue la expedición Malaspina, «una joya de la monarquía hispánica cuyos logros fueron enterrados durante cien años por enemistades políticas con Godoy», comenta Gonzalo Bellón. Pero varias décadas antes, entre 1760 y 1770, se emprendieron otras expediciones de asentamiento desde California hasta el sur del Ártico, todas ellas impulsadas por el ministro de Indias, José de Gálvez, que fue «la persona más importante de la historia de América a nivel de gestión. Como un gran CEO, como el 'Señor Lobo' de Pulp Fiction, va allí a arreglar problemas», comenta Bellón.

Reorganizó la administración y «gracias a él se llega a Alaska y se toma posesión de Córdoba y la bahía de Bucareli, a las que bautizan con esos nombres», expone el jurista.

De San Francisco a Alaska

Este avance comenzó en la costa de California y estuvo liderado por dos figuras: Gaspar de Portolá, gobernador de las Californias, y fray Junípero Serra. Bajo su mando, exploradores españoles como el propio Junípero o Juan Bautista de Anza avanzaron hacia el norte desde Baja California fundando misiones y presidios como San Diego, Santa Bárbara, Carmel, San Francisco y Monterrey, que sirvió como puerto de apoyo al Galeón de Manila.

Diseño de la península de California y costa del Pacífico del virreinato de la Nueva España, entre los 22 y 40 grados de latitud norte

Diseño de la península de California y costa del Pacífico del virreinato de la Nueva España, entre los 22 y 40 grados de latitud norteCedida

«Hay un nombre curioso, que es el de Palo Alto, en California. Se llama así porque los exploradores españoles se paraban allí a descansar bajo un árbol inmenso», comenta Bellón. Pero eso fue solo el principio. Hacia la década de 1780, el marino limeño Bodega y Cuadra, «una persona absolutamente fiel a lo que es la Armada y, por tanto, al monarca español; que no se iba a poder corromper como se corrompían los virreyes…», describe Ignacio Ruiz, navegó hasta el mar de Bering, en una expedición que alcanzó las islas Aleutianas y el corazón de lo que hoy conocemos como Alaska.

En estas tierras inhóspitas los españoles fundaron poblaciones como Córdoba, que todavía conserva ese nombre; Áncoras, que hoy se llama Anchorage y se cartografió la bahía de Bucareli. Por si esto fuera poco, Bodega y Cuadra llegó a la costa oeste de la zona de Vancouver y fundó el fuerte de San Miguel de Nutka para frenar a británicos y rusos. De hecho, se iba a llamar Isla de Quadra y Vancouver, pero tras la muerte del marino después del segundo tratado de Nutka, su nombre desapareció de la cartografía británica. «Allí se produjo un tenso conflicto diplomático con Inglaterra, que intentó asentarse bajo ‘falsa bandera’ portuguesa», explica Bellón, que terminó en 1795 tras cinco años de enfrentamiento y conversaciones.

Detrás de estas aventuras y exploraciones hay un componente jurídico importante que los investigadores han tratado en la obra. Ruiz es tajante al respecto: «el concepto colonia lo tenemos proscrito. No existe un solo documento jurídico que defina estas tierras como colonias; eran, por el contrario, parte integrante de la monarquía, y sus habitantes tenían la misma consideración legal que cualquier otro súbdito», explica. Era un sistema que se apoyaba en el Derecho Indiano, una normativa concreta diseñada para la protección del indígena y evitar abusos.

Los autores achacan el abandono español de Nutka y el fracaso de otras empresas al «declive de la monarquía hispánica, obra y gracia de Godoy», en un contexto marcado por el Terror revolucionario francés y los deseos expansionistas de los británicos. Un marco legal que perduraba en «una época en la que España es la gran potencia del mundo bajo el reinado de Carlos III y sus ministros», concluye Ignacio Ruiz.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas