Pintura de la batalla de Hansan, pintada en 1592
Los barcos tortuga que derrotaron a la gran flota japonesa en la invasión de Corea
Corea sufrió un intento de dominación japonesa entre 1592 y 1598 que puso a prueba su tecnología naval y su alianza diplomática con China
A finales del siglo XVI, tras una larga guerra civil, Japón se unificó bajo el mando del shogun Toyotomi Hideyoshi, el cual, con la intención de dominar los mares y tierras cercanas al archipiélago japonés, ordenó la construcción de una gran flota.
Para ello trató de alquilar dos galeones holandeses, ya que los europeos tenían una tecnología naval superior. Ante el fracaso de esta maniobra, aumentó el tamaño de su propia flota a 700 navíos, a los que dotó de 158.000 soldados para conquistar la península de Corea.
La flota japonesa desembarcó en las costas de Pusan sin encontrar resistencia naval ni terrestre coreana, emprendiendo un rápido avance hacia el norte, alcanzando Seúl en 20 días. Los samuráis y los soldados —a las órdenes de Konishi Yukinaga— tomaron la ciudad el 2 de mayo de 1592. Los invasores continuaron conquistando el norte de la península, expulsando a los coreanos de Pyongyang, logrando alcanzar la frontera china en Manchuria.
Konishi Yukinaga
Pero la flota coreana no permaneció inactiva durante esas semanas y, así, al mando del almirante Yi Sun-sin, destruyó 72 navíos japoneses aislados de su principal fuerza. El 8 de julio se enfrentó en batalla naval a los japoneses, destruyendo a sus barcos en Hansan Bay. Al día siguiente, el almirante también derrotó una expedición de socorro procedente de Japón. Pero ¿cómo logró acabar con la superioridad japonesa?
En primer lugar, muchos de los soldados nipones y samuráis recelaban de sus propios mandos, al haber sido obligados a combatir por sus señores feudales, derrotados por Hideyoshi. En segundo lugar, un hecho decisivo fue la utilización de barcos tortuga por parte coreana. Con un largo de 32 metros, este tipo de nave estaba cubierto totalmente por láminas hexagonales de metal erizadas de púas. De esa manera, no podían ser abordadas por las tripulaciones japonesas y resistían mejor los disparos.
Batalla de la Isla Hansan
Fueron armados con 12 troneras de cañón más otras 22 más pequeñas en cada flanco y cuatro troneras en cada extremo. Además, los oficiales coreanos podían ordenar el lanzamiento de botes de fuego y humo tóxico sobre los barcos japoneses, provocando el caos. En ocasiones, el barco tortuga se situaba al lado del enemigo y, como si fuera un moderno torpedo, incendiaba sus costados; en otras ocasiones, utilizaba su espolón de metal para hacer un agujero al enemigo, dejando el trabajo final a otros barcos de guerra cercanos. El peso de su armamento superó al de los japoneses en una proporción de 40 a 1.
Ante estas derrotas, Hideyoshi ordenó a sus armadores que reforzaran y mejoraran su flota mediante planchas de hierro, copiando a los coreanos. En Pusan, los barcos japoneses que habían logrado sobrevivir instalaron cañones más pesados y se agruparon tras las defensas de la bahía para evitar que el almirante Yi les hiciera daño.
Ilustración del almirante Yi Sun-sin
Sin embargo, el emperador de China envió 50.000 soldados para ayudar a los coreanos, ya que sus reyes eran vasallos del Celeste Imperio y les tributaban numerosos metales y materias primas necesarias. El Hijo del Cielo no podía permitir que los japoneses se adueñaran de ese reino y tuvieran fronteras terrestres con su Imperio. Los generales chinos liberaron Pyongyang y Seúl en febrero de 1593, forzando un armisticio en la primavera tras recuperar Busan.
Durante cuatro años de paz, el shogun organizó un nuevo ejército de 140.000 hombres con los que completar la conquista de Corea, los cuales se trasladaron a la península en agosto de 1597. Al mando de Kobayakawa Hideaki, los japoneses empezaron la guerra sitiando de nuevo Busan. Sus espías lograron además convencer al rey Seonjo para que encarcelara al almirante Yi Sun-sin, acusándole de cobardía al haberse negado a sacrificar su flota enfrentándose a una muy superior japonesa.
Nuevamente, los nipones derrotaron a la infantería coreana, pero el emperador de China envió refuerzos. Los soldados chinos se enfrentaron a las fuerzas de Hideaki en el puente de Jiksan, batalla en la que el fuego de los mosquetes quedó neutralizado por grandes planchas de hierro. Forzados a luchar cuerpo a cuerpo, los samuráis cargaron bajo una lluvia de flechas hasta llegar al alcance de las espadas, decidiéndose la batalla cuando llegaron 30.000 soldados de refuerzo a favor de los nipones.
Pero los coreanos se rebelaron en la retaguardia y el almirante Yi Sun-sin logró recuperar el mando de sus barcos. Preparó una emboscada a la flota japonesa usando sus navíos como cebo en Myeongnyang. Al atraer al enemigo al combate en un estrecho de apenas 293 metros de anchura, el almirante coreano les impidió usar su clara ventaja numérica, por lo que los barcos tortuga se impusieron nuevamente con facilidad, hundiendo 31 naves.
En febrero de 1598, chinos y coreanos derrotaron en tierra a los japoneses en el asedio de Ulsan, lo cual —unido a la muerte del shogun— facilitó la llegada de la paz. Corea se había salvado de la dominación nipona, aunque Japón volvería a intentar su conquista con más éxito a finales del siglo XIX.