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Felipe González en campaña sobre la entrada de España en la OTAN

Felipe González en campaña sobre la entrada de España en la OTAN

40 años del referéndum de la OTAN: el giro del PSOE y el debate que vuelve con las críticas de Trump

Cuatro décadas más tarde, aunque el contexto internacional ha cambiado, el debate sobre el papel de España en la OTAN sigue muy presente

Este jueves se cumplen 40 años del referéndum de la OTAN en el que los españoles acudieron a las urnas para resolver un dilema que dividía al país. Cuatro décadas más tarde, aunque el contexto internacional ha cambiado, el debate sobre el papel de España en la OTAN sigue muy presente.

La escalada de tensión en Oriente Medio tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán ha vuelto a poner el foco en las alianzas militares. A ello se suman las críticas del presidente estadounidense, Donald Trump, que ha señalado abiertamente a nuestro país por su nivel de gasto en defensa: Trump ha reprochado a España no acercarse al objetivo del 5 % del PIB destinado a defensa y ha llegado a calificar a España como un socio «perdedor» y «hostil con la OTAN».

«OTAN, de entrada no»

A comienzos de los años ochenta, el PSOE había convertido el rechazo a la OTAN en una de sus banderas políticas. En plena Guerra Fría, el partido sostenía que España debía mantenerse al margen de las alianzas militares y postulaba una política exterior más autónoma. Fue entonces cuando el lema «OTAN, de entrada no» se convirtió en una consigna ampliamente repetida en mítines, movilizaciones y documentos del partido.

Pero su discurso cambió cuando llegaron al poder. En 1982, el Gobierno presidido por Leopoldo Calvo-Sotelo había formalizado la entrada de España en la OTAN, convirtiéndose en el miembro número 16. Esta decisión fue duramente criticada por el PSOE desde la oposición; sin embargo, tras su victoria electoral, con Felipe González a la cabeza, el Ejecutivo se encontró ante un escenario internacional muy distinto al de los debates ideológicos previos, lo que le hizo modular su discurso.

España estaba inmersa en un proceso de integración con la adhesión a las Comunidades Europeas en el horizonte y con la necesidad de consolidar su credibilidad internacional. En este contexto, la salida de España de la OTAN significaría alejarse de los intereses de nuestros socios europeos.

El Gobierno socialista comenzó entonces a matizar su postura. Dentro del propio partido existían posiciones enfrentadas y buena parte de la militancia seguía siendo contraria a la alianza. Pero poco a poco el Ejecutivo fue adoptando una visión más pragmática: la permanencia en la OTAN podía convertirse en una herramienta para reforzar la posición internacional de España.

El referéndum

Para gestionar esa contradicción entre las promesas electorales y la nueva estrategia política, el Gobierno decidió convocar un referéndum. La consulta permitiría que la ciudadanía avalara la permanencia en la alianza bajo determinadas condiciones, lo que al mismo tiempo otorgaría legitimidad democrática al cambio de rumbo.

La campaña fue intensa y polarizada. Para defender el «sí» a la permanencia como opción realista que consolidaría la posición internacional de España, el Gobierno estableció un férreo control de la línea editorial de los medios de comunicación afines, especialmente RTVE, donde llegó a censurar contenidos.

Un ejemplo de aquella censura fue la emisión de un especial musical dedicado a Joaquín Sabina sin la actuación de Javier Krahe, quien había decidido cantar la canción Cuervo ingenuo, cuya letra decía: «Tú decir que si te votan / Tú sacarnos de la OTAN / Tú convencer mucha gente / Tú ganar gran elección/ Ahora tu mandar nación / Ahora tu ser presidente».

Papeleta OTAN

Papeleta OTAN

Por otro lado, las calles se llenaron de movilizaciones contra la permanencia en la Alianza Atlántica. Sectores de la izquierda, movimientos pacifistas y parte de la oposición mantuvieron su rechazo frontal a la OTAN. Madrid y Barcelona acogieron algunas de las manifestaciones más multitudinarias, con pancartas en las que se podía leer: «OTAN no, bases fuera».

La pregunta planteada a los españoles incluía tres compromisos: que España no se integrara en la estructura militar de la OTAN, que no se instalaran armas nucleares en territorio nacional y que se redujera progresivamente la presencia militar de Estados Unidos en el país. Con esas condiciones, el Ejecutivo trataba de presentar la permanencia como una fórmula intermedia entre la ruptura total y la integración plena.

El vicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra (segundo por la izquierda) comparece en rueda de prensa para dar los resultados del referéndum de la OTAN

El vicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra (segundo por la izquierda) comparece en rueda de prensa para dar los resultados del referéndum de la OTAN

El 12 de marzo de 1986, los ciudadanos acudieron finalmente a las urnas. El resultado fue ajustado, pero suficiente para el Gobierno: el «sí» obtuvo algo más del 52 % de los votos, frente a cerca del 40 % del «no». La participación se situó alrededor del 60 %, lo que otorgó al resultado un respaldo político significativo, aunque lejos de una mayoría aplastante.

La victoria del «sí» permitió al Gobierno de Felipe González consolidar su giro estratégico. España permanecía en la OTAN y el debate parecía cerrarse, al menos formalmente. Con el paso de los años, además, algunas de las condiciones planteadas en el referéndum se fueron modificando o perdiendo peso. En 1999, España terminó integrándose plenamente en la estructura militar de la alianza.

Ahora, las declaraciones de Trump han reavivado una discusión que parecía cerrada desde hace décadas y han devuelto al primer plano político un debate que ya sacudió a la sociedad española en los años previos al referéndum de 1986.

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