Juan Luis Beigbeder (derecha)
Juan Luis Beigbeder, el misterioso ministro de Franco vinculado a una supuesta espía británica
De simple militar a ministro de Asuntos Exteriores, Beigbeder es uno de los personajes olvidados de los primeros años del régimen, cuya labor e historia son tan pintorescas como desconocidas
Para cualquier ávido lector, o simplemente quien haya entrado en contacto con la conocida obra de María Dueñas, El Tiempo entre Costuras, el nombre de Juan Luis Beigbeder y Atienza nos remite a algo mucho mayor que un simple personaje de novela. Misteriosa figura de la época franquista, frecuentemente olvidada u omitida, en torno a él circulan todo tipo de informaciones sobre sus inclinaciones internacionales y personales en la turbulenta época del III Reich.
Nacido en 1888, Juan Luis dedicó el primer tercio de su vida a formarse como militar, estudiando primeramente en la Academia de Ingenieros de Guadalajara. Poco después de terminar sus estudios participó activamente en algunos de los conflictos más relevantes de la primera mitad del siglo XX español. Entre ellos encontramos su labor como teniente en la Guerra de Melilla en 1909 y su servicio como capitán del Estado Mayo bajo el liderazgo de Dámaso Berenguer, de quien llegaría a ser ayudante cuando ocupó la cartera del Ministerio de Guerra.
Poco después, entre 1919 y 1921 tuvo su primer contacto con Marruecos, territorio que marca profundamente en su trayectoria vital. La historia, cultura y lengua árabes, así como la mezcla hispano-marroquí existente en el protectorado despertaron su curiosidad, que le llevó a estudiar activamente todos estos elementos.
Hasta 1936 y durante la etapa republicana sirvió en diferentes lugares del territorio nacional, aunque la caída de Berenguer le apartó temporalmente de los focos principales de acción. Inesperadamente recibió el nombramiento de agregado militar en la embajada española de París, y más tarde en la de Berlín. Gracias a ello, Beigbeder se familiariza y participa directamente de las ya tensas relaciones internacionales entre las principales potencias europeas, lo que le prepara para su próximo cargo, que le lleva de nuevo a Marruecos.
Con el estallido de la guerra civil española, su apoyo a Franco es abierto y sólido, interviniendo personalmente en el alzamiento y los primeros movimientos del conflicto. Del Caudillo no tarda en recibir una nueva misión, que le nombra Alto Comisario del ya mencionado protectorado marroquí.
En esta posición permanece hasta 1939, años en los que se dedica a cultivar las relaciones españolas con las autoridades árabes de la zona. Su íntima amistad con el Jalifa, y sus contactos con algunas de las figuras marroquíes más influyentes de la época hacen de este territorio uno de los más estables durante todo el conflicto.
Gracias a Beigbeder y a sus habilidades diplomáticas, enfatizadas por su interés personal en el mundo árabe, Marruecos se convierte en una de las principales zonas de reclutamiento de estos años. Esta labor le vale la atención y reconocimiento de Franco, quien decide nombrarle Ministro de Asuntos Exteriores de su nuevo gabinete en agosto de 1939, haciéndole así partícipe de la toma de decisiones y creación de la Nueva España.
Como ministro defendió el plan que abogaba por la neutralidad española dentro del marco de la Segunda Guerra Mundial, siendo consciente de la necesidad económica y del estado de destrucción en que se encontraba nuestro país. Una de sus principales líneas de trabajo consiste en iniciar contactos con Reino Unido para garantizar la continuidad del comercio, así como en dialogar con Estados Unidos para permitir la asistencia de la Cruz Roja internacional a España.
Perseguido por las malas lenguas, Beigbeder es acusado de aliadófilo en un ambiente político extremadamente tenso, que en su momento barajaba la posible alianza con Alemania. Fruto de ello sale a la luz su relación íntima con Rosalinda Fox, una conocida mujer británica de la alta sociedad, sospechosa de trabajar como espía en suelo español.
Retrato de Rosalinda Fox
Junto a ello comienzan a exponerse otros detalles de su vida privada, que le granjean la fama de ser «amante de señoras exóticas» y tildan sus encuentros personales de «escándalos sexuales». A todo ello se suma la constante mirada con lupa de Serraño Suñer, «el Cuñadísimo», en ese momento Ministro de Gobernación, y quien cada vez intervenía más en las relaciones exteriores de nuestro país. Todo ello lleva a la destitución forzosa de Beigbeder en 1940, quien se entera de ello al leerlo en los propios medios de comunicación nacionales.
Después de esta estrepitosa caída, sus esperanzas se vuelcan en una posible y futura restauración de la monarquía, causa por la que trabaja hasta su muerte en 1957 (Madrid), cuando apenas contaba con 69 años de edad.
Su persona es rescatada en la ficción histórica de Dueñas, donde la relación Beigbeder-Fox es uno de los ejes sobre los que pivota la trama. Este rescate, que nos permite aproximarnos a lo que fue su persona, no sirve sin embargo para despejar las dudas y misterios que le siguen rodeando a día de hoy, especialmente en materia de relaciones amorosas, pero también de relaciones internacionales.