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Abd el-Krim en una entrevista con Luis de Oteyza para el diario 'La Libertad'

Abd el-Krim en una entrevista con Luis de Oteyza para el diario 'La Libertad'

Conferencia de Madrid de 1925, la cumbre que selló el destino de Abd el-Krim

Durante más de un mes, altos dignatarios españoles y franceses trazaron el plan maestro que desembocaría en una de las operaciones militares más audaces de la historia moderna: el desembarco de Alhucemas

En el sofocante verano de 1925, Madrid se convirtió en el escenario de la cumbre diplomática que decidiría el destino de Marruecos y la hegemonía de España en el Protectorado. Durante más de un mes, entre el 17 de junio y el 25 de julio, altos dignatarios españoles y franceses trazaron el plan maestro que desembocaría en una de las operaciones militares más audaces de la historia moderna: el desembarco de Alhucemas. Lo que comenzó como un encuentro de negociación se transformó en el preludio de una ofensiva sin precedentes, un golpe definitivo contra Abd el-Krim y su soñado Estado rifeño.

En el otoño de 1924, la retirada estratégica ordenada por el general Miguel Primo de Rivera despertó reacciones encontradas. Para Abd el-Krim y el residente francés en Marruecos, Hubert Lyautey, fue un claro signo de debilidad. Dentro del Ejército español de África, la maniobra también generó división. Mientras el general Francisco Gómez-Jordana, jefe del gabinete militar del alto comisario, la consideraba un movimiento táctico necesario para afianzar posiciones clave, muchos oficiales y jefes de las tropas de choque —Legión y Regulares— la veían como una afrenta al honor militar. Sin embargo, a pesar de su descontento, en los combates librados en la zona occidental del Protectorado, donde la retirada sí se ejecutó, legionarios y regulares pelearon con la misma entrega y valentía de siempre. Pero para Primo de Rivera, aquella retirada no era un repliegue defensivo, sino una pausa calculada antes del golpe definitivo.

Los ataques rifeños no cesaban. La marea de la guerra se volvía cada vez más turbia cuando, en abril de 1925, las jarcas de Abd el-Krim desataron una ofensiva devastadora contra las posiciones francesas. Este ataque cambió el tablero. Francia, que hasta entonces había observado con cautela la lucha de España, comprendió que no había otra alternativa que unirse a su vecino del sur en una empresa común. Así nació la Conferencia de Madrid.

Conferencia Hispano-Francesa de colaboración con Marruecos de 1925

Conferencia Hispano-Francesa de colaboración con Marruecos de 1925Archivos de Rafael Gómez-Jordana

El 17 de junio, en los salones del Palacio de Villamejor, situado en el número 3 del paseo de la Castellana, donde se hallaba la sede del Gobierno de España desde 1914, los delegados de ambos países se reunieron para diseñar la estrategia definitiva. Entre los representantes españoles, el general Gómez-Jordana llevó la voz cantante, presentando un plan en torno a cuatro pilares: el bloqueo del Rif, la delimitación de fronteras, una oferta de paz y, en caso de fracaso, la guerra total. Primo de Rivera, aunque receloso de los franceses, aceptó la idea de una acción combinada. La sombra de la desconfianza planeaba sobre la cumbre, pero la urgencia del momento impuso la necesidad de una alianza.

La propuesta de paz enviada a Abd el-Krim fue un acto simbólico, un último intento de evitar la devastación. Sin embargo, el líder rifeño, seguro de su dominio, rechazó cualquier acuerdo. En ese instante, se selló su destino. El 25 de julio, ambos gobiernos acordaron la cooperación militar: una tormenta de fuego y acero se abatiría sobre el Rif.

El 8 de septiembre de 1925, la escuadra española, con el apoyo de la aviación y la marina francesa, desató el infierno sobre las playas del entorno de Alhucemas. Bajo un aluvión de artillería, las tropas de choque alcanzaron la costa, enfrentándose a la feroz resistencia rifeña. Las balas trazaban líneas mortales sobre la arena, mientras las olas teñidas de sangre atestiguaban el sacrificio de los soldados.

Durante semanas, la batalla se libró con una intensidad brutal. La determinación de los rifeños era formidable, pero la maquinaria de guerra hispano-francesa resultó imparable. Abd el-Krim, que había soñado con un Estado libre en el Rif, vio cómo su ejército se desmoronaba ante la implacable embestida.

El 2 de octubre, las tropas españolas entraron en Axdir, el bastión de la resistencia. Con ello, el destino de Abd el-Krim quedaba sellado. Su línea de defensa colapsó y, acorralado, no tuvo otra opción que rendirse en la primavera de 1926. La guerra del Rif, que había desangrado a España durante años, llegaba a su fin.

Primo de Rivera, que al inicio había dudado de la conveniencia de la alianza con Francia, terminó por admitir que la victoria habría sido más compleja sin su apoyo. En su exilio en París, años después, confesaría que los consejos del mariscal Pétain habían sido decisivos para el desenlace de la contienda.

La Conferencia de Madrid no fue solo una reunión de diplomáticos: fue la chispa que encendió la operación militar más ambiciosa del colonialismo español. En sus acuerdos quedó escrita la sentencia del Rif y el fin de Abd el-Krim. Hoy, este episodio nos recuerda que la guerra no se libra solo en los campos de batalla, sino también en los salones donde se toman las grandes decisiones. Y en Madrid, en aquel verano de 1925, se selló el destino de una nación y de un pueblo.

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