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Retrato de Carlos V sentado atribuido a Lambert Sustris y a Tiziano

Retrato de Carlos V sentado atribuido a Lambert Sustris y a Tiziano

Las dos visitas de Carlos V a Inglaterra que casi nadie recuerda y que llevaron a la guerra con Francia

Carlos I de España y V de Alemania visitó Inglaterra en dos ocasiones en momentos clave de su ascenso al poder, en unos viajes marcados por la diplomacia, las alianzas y el pulso político con Francia

Nuestro rey Carlos I —el César, el emperador Carlos V— por dos veces pisó suelo inglés, algo que muchos ignoran, ya que apenas se menciona en los libros de historia. La primera visita la realizó el 26 de mayo de 1520. Ese día desembarcó con su séquito en el puerto de Dover, siendo recibido por el cardenal arzobispo de York, Thomas Wolsey, canciller del reino, que le alojó en el castillo.

Fue un viaje sobre la marcha. Carlos estaba de camino hacia el Sacro Imperio Romano Germánico, cuya corona codiciaba; el reino de Inglaterra era un pequeño desvío para negociar acuerdos comerciales y plantear futuras alianzas contra Francia. A fin de cuentas, la reina Catalina de Inglaterra era hermana de su madre, Juana de Castilla.

Carlos llegó cuando la corte inglesa se estaba preparando para trasladarse a Francia, ya que Enrique había acordado reunirse con Francisco I, cerca de Calais, en lo que se conocería como «el Campo de la Tela de Oro», por la abundancia de telas tejidas con hilos de ese metal.

Campo de la Tela de Oro

Campo de la Tela de Oro

Al día siguiente cabalgaron hasta Canterbury, donde se reunió con el rey Enrique VIII, la reina Catalina y María Tudor, hermana de Enrique, viuda de Luis XII y entonces casada con Charles Brandon, duque de Suffolk. Durante dos días festejaron los monarcas y sus séquitos, mientras se negociaba la revisión de los acuerdos comerciales existentes entre Inglaterra, Castilla y los Países Bajos.

Se firmaron nuevos acuerdos a satisfacción de ambas partes y se despidieron con grandes muestras de afecto. Carlos embarcó en el puerto de Sandwich con destino al puerto de Flushing, en los Países Bajos, y de allí a la corona imperial. Enrique VIII volvería a encontrarse con Carlos en junio de ese año; el lugar sería en un punto cerca de la población de Gravelinas, muy cercana a Calais.

Enrique volvía a Inglaterra tras reunirse en «el Campo de la Tela de Oro» con Francisco I. Esta reunión no fue tan fastuosa, pero sí mucho más productiva. Enrique estaba disgustado, pues apenas había conseguido nada con Francisco, excepto gastar una fortuna en la extravagante reunión; ahora, con su sobrino Carlos, ya flamante emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, acuerda permanecer en una benevolente neutralidad si este declara la guerra a Francia. Y es que Enrique considera a Francia como un rival y un mayor e inmediato peligro.

En mayo de 1522, Carlos se embarcó de regreso a España para cumplir con la promesa que hiciera a las Cortes de Castilla de no estar ausente más de tres años. Aprovechará el viaje para una segunda y última visita a Inglaterra, de la que he encontrado una relación que les resumo.

El domingo 25 de mayo arribó el monarca castellano al puerto de Calais, entonces posesión inglesa. Allí le recibió Thomas Grey, marqués de Dorset (único marqués de Inglaterra entonces), a quien ya había conocido el año anterior cuando se reunió con Enrique en Gravelinas. Carlos y su séquito fueron alojados en el castillo de la ciudad, donde fueron festejados.

El lunes 26 de mayo parte de Calais con destino a Dover, donde desembarcará a las 16:00 horas. Como la otra vez, le estará esperando para darle la bienvenida el canciller del reino, junto con sir Edward Guilford, guardián de los Cinco Puertos y mariscal de Dover, quien alojará en la fortaleza de la que es alcaide al canciller y al visitante imperial.

El martes lo pasarán descansando en el castillo, mientras son festejados y nobles locales acuden para presentar sus respetos, como fue el caso de Henry FitzAlan, XII conde de Arundel (lo que, por cierto, sentó a Enrique VIII como una patada, ya que tenía que haber estado en su séquito y no presentarse por su cuenta).

El miércoles 28 llegó cabalgando desde Canterbury el rey Enrique VIII. Ese día lo pasaron festejando y el jueves lo dedicarían a la caza, con una gran cena en el castillo.

El viernes 30, Enrique llevó a su sobrino al puerto, donde ambos pasaron revista a una flota allí reunida para la ocasión. Tras la revista se trasladaron a Canterbury, donde Carlos sería alojado en el palacio episcopal.

El sábado 31 parten en dirección a Greenwich. Harán parada para pernoctar en Sittingbourne y Rochester. El lunes 2 de junio embarcan en la población de Gravesend y navegarán por el río Támesis hasta Greenwich. Llegaron a las 18:00 horas.

En la ciudad les aguardaban la reina Catalina de Aragón, junto con toda la corte. Es, precisamente, en la capilla del palacio real de esta ciudad donde se habían casado Catalina y Enrique. El martes se dejó descansar a los visitantes.

El miércoles día 4 de junio y el jueves día 5 disfrutarán de justas y torneos organizados en honor de Carlos. Durante el desarrollo de estas, el embajador de Francia comunicó a Enrique que Francisco I se negaba a aceptar la revisión de las condiciones acordadas en la reunión de «el Campo de la Tela de Oro» y que había recibido orden de abandonar Inglaterra inmediatamente. Durante las justas del jueves por la mañana, entre lanzas rotas y algún hueso también quebrado, Enrique anuncia a su sobrino que Inglaterra está en guerra con Francia. Ambos brindan.

El viernes 6 de junio se llevará a cabo la entrada oficial de Carlos V en Londres. Ambos monarcas cabalgaron uno junto al otro, bajo palios de telas tejidas con hilos de oro y plata. La anónima Descrypcion of pageantes y una relación escrita por Edward Hall dan cumplido detalle de la entrada en la ciudad.

Carlos será alojado en el priorato de los Dominicos (Blackfriars) y su séquito en el recién construido palacio de Bridewell. Se construye una galería cubierta que une ambos alojamientos para comodidad de los invitados.

Palacio de Bridewell

Palacio de Bridewell

El sábado 7 de junio ambos reyes dieron un gran espectáculo al protagonizar varios partidos de tenis, en la modalidad entonces existente y que hoy se conoce como royal tennis.

El domingo fue una jornada intensa: misa en la catedral de San Pablo, banquete en el palacio real de Bridewell. Tras el opíparo almuerzo, viaje en falúas hasta Westminster para visitar la abadía. La jornada terminaría con otro banquete oficial en Bridewell.

Al día siguiente, ambos séquitos, el de Enrique y el de Carlos, fueron acogidos y festejados por el duque de Suffolk (cuñado de Enrique VIII). Después viajaron hasta Richmond, donde pernoctaron. El martes 10 de junio llegan a Hampton Court y el jueves 12 a Windsor, donde pasarán los siguientes días cazando, festejando y descansando. Además, se representarán obras de teatro especialmente escritas en honor de la visita.

El lunes, martes y miércoles siguientes —días 16, 17 y 18 de junio— serán jornadas de trabajo. Se completan los acuerdos matrimoniales entre Carlos V y su prima María Tudor, hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón. También se firman nuevos acuerdos comerciales y de libertad de navegación, pero lo más importante es que Carlos se compromete a declarar la guerra y atacar a Francia en 1524.

El jueves 19 de junio ambos reyes asisten a misa y comulgan juntos. Tras esto, se hacen juramentos de cumplir los acuerdos acordados. Gran banquete de despedida —no me extraña que Carlos V sufriera de gota desde muy joven— y partida de los invitados.

El viaje será tranquilo, haciendo parada en Winchester y en el castillo de Waltham. A primeros de julio llegan al puerto de Southampton, donde se apiñan los navíos aprestados para llevarles a España.

Embarcarán el domingo 6 a las diez de la mañana, después de misa. Por precaución, Carlos V firmó e hizo oficial su último testamento, cuya redacción se había encargado el 22 de mayo pasado en la ciudad de Brujas. Esta solía ser una precaución lógica. Así terminó la estancia de Carlos V en Inglaterra.

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