Jesús (en la derecha) siendo acusado por los fariseos, al día siguiente de la Última Cena, de Duccio
Semana Santa
Fariseos, zelotes y saduceos: las facciones que dividían Judea en tiempos de Jesús
Lejos de ser un bloque uniforme, el judaísmo del siglo I estaba dividido en distintas corrientes con visiones enfrentadas sobre la ley y el poder. Estas tensiones marcaron el contexto en el que se desarrollaron los acontecimientos más decisivos de la época
Los evangelios hacen referencia a varios grupos de judíos que el cronista Flavio Josefo describe en sus escritos a finales del siglo I. Josefo, que era judío, vivió de primera mano la guerra judeo-romana, que termina con la destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70 d. C. Obtuvo después la libertad y la ciudadanía romana, y nos dejó una detallada descripción de la historia de Judea.
Los fariseos son frecuentemente señalados por Jesús como ejemplo de religiosidad vacía y con un excesivo apego a las normas. Constituían una de las corrientes más influyentes del judaísmo del siglo I y se mostraban especialmente críticos con la influencia helenística, que percibían como una amenaza para la identidad religiosa judía.
Los saduceos, por su parte, constituían una de las élites del judaísmo del siglo I. Asociados al sacerdocio y al control del Templo de Jerusalén, representaban a los sectores más acomodados y estaban, en términos generales, abiertos a la influencia helenística.
Mantuvieron una estrecha relación con el poder político y adoptaron una posición pragmática frente al dominio romano, lo que les permitió conservar su influencia. Eran saduceos Anás y Caifás, los sumos sacerdotes que presidían el Sanedrín, la asamblea de rabinos, en el momento de la muerte de Jesús de Nazaret.
Cristo ante el sumo sacerdote. Obra de Gerard van Honthorst
Los fariseos aceptaban tanto la Torá escrita como la tradición oral, creían en la vida después de la muerte y en los ángeles y espíritus, mientras que los saduceos se limitaban a la Torá escrita y rechazaban estas creencias. Los fariseos eran más cercanos al pueblo llano y algunos de sus miembros se integraron en las primeras comunidades cristianas, como ocurrió con Pablo de Tarso. Tras la destrucción del Templo en el año 70, los saduceos desaparecen, mientras que los fariseos desempeñaron un papel clave en la reorganización del judaísmo.
Un grupo muy diferente a estos rabinos y sacerdotes fue el de los zelotes. Surgen en el siglo I bajo el liderazgo de Judas el Galileo, como un movimiento político y nacionalista decidido a resistir el dominio romano en Judea.
Se enfrentaron a Roma, pero también a otras corrientes del judaísmo como los fariseos y saduceos, a los que tachaban de colaboracionistas y traidores. Con el tiempo, su nombre se convirtió en sinónimo de intransigencia y fanatismo militante.
Una rama especialmente extrema, los sicarios, destacó por ataques selectivos contra judíos que consideraban colaboradores de Roma, utilizando el homicidio como herramienta de intimidación. El nombre de sicarios viene de la sica, una letal daga curva fácil de ocultar bajo la capa. Uno de los discípulos de Jesús de Nazaret, Simón el Zelote, podría haber sido miembro de este movimiento.
Barrabás en un dibujo del libro La Biblia y su historia enseñada por medio de mil lecciones ilustradas
También se ha especulado que Barrabás, el preso que Poncio Pilato liberó en lugar de Jesús, podía ser un zelote o pertenecer a algún grupo revolucionario similar, ya que el evangelio de Marcos y el de Lucas dicen que era «un preso famoso» que estaba condenado por homicidio.
Los zelotes lucharon encarnizadamente en la primera guerra judeo-romana (66-73 d. C.). Controlaron Jerusalén hasta que los romanos tomaron la ciudad y destruyeron el Templo. Huyeron a la fortaleza de Masada, en el desierto de Judea, que fue sitiada hasta que sus defensores, ante la inminente derrota, se suicidaron colectivamente.
Un último grupo religioso judío, los esenios, pasó desapercibido hasta que su nombre se descubrió en 1947 en Qumrán, en la actual Cisjordania, cuando se encontraron los Manuscritos del Mar Muerto. Los esenios surgieron durante el periodo de la dinastía asmonea como un grupo aún más radical que los fariseos.
Rechazando las concentraciones de poder en Jerusalén, decidieron retirarse al desierto. Se establecieron en las cuevas del valle del mar Muerto, llevando una vida austera y comunitaria, dedicados a la oración, la disciplina y la espera del Mesías. Algunos estudios sugieren que figuras como Juan el Bautista podrían haber tenido vínculos con esta secta, e incluso se han señalado similitudes entre sus prácticas y ciertos episodios de la vida de Jesús descritos en los evangelios.
Gracias a los esenios se conservaron en las cuevas de Qumrán los rollos del Mar Muerto, un valioso legado de textos bíblicos. La comunidad desapareció tras la destrucción romana de Jerusalén en el año 70.