Fundado en 1910
George Washington tomando el mando del ejército, 1775

George Washington tomando el mando del ejército, 1775

El asedio de Boston: la primera gran victoria de los rebeldes que inició la independencia de EE.UU.

Cercada por milicias coloniales y ocupada por tropas británicas, la ciudad simbolizó el arranque de la guerra, mientras España comenzaba a apoyar discretamente la causa insurgente con financiación y suministros

Entre abril de 1775 y marzo de 1776, la ciudad de Boston (Massachusetts) se convirtió en el epicentro de un prolongado enfrentamiento entre milicias coloniales y tropas británicas. La operación militar mantuvo una presión constante sobre la guarnición británica y marcó el inicio de una guerra abierta entre las colonias y la Corona británica.

Años de fricciones acumuladas

El ambiente en las Trece Colonias británicas situadas en la costa este de América del Norte llevaba tiempo caldeándose. Las medidas impuestas por Londres —desde nuevos impuestos hasta el cierre del puerto de Boston— habían alimentado un descontento creciente que pronto desembocó en enfrentamientos abiertos. La chispa definitiva llegó en abril de 1775, cuando tuvieron lugar los primeros enfrentamientos en Lexington y Concord —en el condado de Middlesex (Massachusetts)—, lo que marcó el inicio efectivo de una guerra que se prolongaría durante más de ocho años.

Un mapa de 1775 de las batallas de Lexington y Concord y el asedio de Boston

Un mapa de 1775 de las batallas de Lexington y Concord y el asedio de Boston

En ese escenario de tensión creciente, las milicias de Massachusetts reaccionaron con rapidez y bloquearon los accesos terrestres a Boston, estableciendo un cerco que desde el primer día demostró su eficacia. La ciudad, ocupada por las tropas británicas, quedó prácticamente aislada por tierra, obligando a los soldados del rey a depender casi por completo del suministro marítimo para mantener su posición.

Las semanas siguientes dejaron claro que el conflicto iba mucho más allá de una serie de protestas aisladas. Los británicos disponían de entre 6500 y 8000 soldados profesionales, bien entrenados y con experiencia en combate. Por su parte, las fuerzas coloniales reunían a miles de milicianos sin formación militar. Sin embargo, estas milicias improvisadas pronto quedaron integradas en el Ejército Continental —creado en junio de 1775—, que pasaría a estar al mando de George Washington.

La batalla de Bunker Hill, Howard Pyle, 1897

La batalla de Bunker Hill, Howard Pyle, 1897

Se trató de un paso decisivo que transformó una resistencia espontánea en una fuerza organizada y capaz de sostener un asedio prolongado. Aquella transición resultó clave para mantener la presión sobre la ciudad y consolidar la ofensiva patriota.

Condiciones extremas

Pese a la actividad militar, la mayor parte del asedio transcurrió sin grandes batallas, caracterizado más bien por escaramuzas, intercambios de fuego a distancia y una creciente tensión estratégica.

Con el paso de los meses, la falta de alimentos, combustible y recursos básicos se hizo más aguda. Aunque los británicos conservaban el dominio del puerto, los retrasos en los suministros y las operaciones coloniales en los alrededores generaban un clima de constante incertidumbre.

Fuera de la ciudad, el Ejército Continental también enfrentaba carencias y limitaciones logísticas. Sin embargo, la determinación de mantener el cerco y encontrar una manera de acabar con la resistencia británica llevó al desarrollo de iniciativas cruciales, incluida la que resultaría decisiva para el desenlace del asedio.

La maniobra que rompió el estancamiento

En noviembre de 1775, George Washington encomendó al coronel Henry Knox una misión casi imposible. Debía transportar desde Fort Ticonderoga una batería de pesados cañones capturados a los británicos tiempo atrás. El transporte de las piezas, en pleno invierno, obligó a cruzar terrenos abruptos, zonas nevadas y ríos congelados. Cuando —a comienzos de 1776— los cañones llegaron a los alrededores de Boston, Washington dispuso al fin del recurso decisivo para inclinar a su favor la balanza.

El 4 de marzo de 1776, las fuerzas continentales fortificaron Dorchester Heights, una estratégica posición elevada desde la que podían dominar con su artillería tanto el puerto de Boston como parte de la ciudad y las rutas de abastecimiento. Al amanecer del día siguiente, las tropas británicas se encontraron frente a unas defensas que hacían insostenible su permanencia en la ciudad. Enfrentarse a ellas habría implicado pérdidas enormes. Ignorarlas equivalía, en la práctica, a abandonar la ciudad. Esta maniobra marcó el punto de inflexión definitivo del asedio.

Apenas trece días después, el 17 de marzo de 1776, las fuerzas británicas, al mando del general William Howe, abandonaron la ciudad y zarparon rumbo a la ciudad de Halifax, en Nueva Escocia (Canadá), poniendo fin a casi un año de bloqueo.

Un precedente para la independencia

El éxito del asedio no solo liberó la ciudad de Boston, sino que supuso también la primera gran victoria estratégica de los patriotas. Meses antes de la Declaración de Independencia de julio de 1776, la ciudad se convirtió en símbolo de resistencia y autogobierno. Quedó claro que la causa colonial distaba de ser una protesta espontánea: se trataba ya de un conflicto político y militar con objetivos de largo alcance.

La salida de las tropas británicas —conmemorada cada 17 de marzo como Evacuation Day— permanece como un símbolo del momento en que Boston recuperó su libertad y abrió el camino hacia la futura nación. Aunque coincide con el Día de san Patricio y ambas celebraciones suelen mezclarse por la fuerte herencia irlandesa de la ciudad, Evacuation Day es una festividad oficial propia, instaurada en la ciudad en 1901 y reconocida por el estado de Massachusetts desde 1938.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas