Fundado en 1910
Batalla de Quebec

Batalla de Quebec

El invierno que encendió la independencia de Estados Unidos con ayuda encubierta de España

La fecha que suele considerarse la que marcó el inicio de la guerra de independencia de Estados Unidos es el 19 de abril de 1775, cuando se libraron las primeras batallas en Lexington y Concord

El año 1776 marcó un punto de inflexión en la historia de las Trece Colonias británicas situadas en la costa este de América del Norte. No obstante, los primeros enfrentamientos armados entre milicias coloniales y tropas británicas habían tenido lugar algo antes. La fecha que suele considerarse la que marcó el inicio de la guerra de independencia de Estados Unidos es el 19 de abril de 1775, cuando se libraron las primeras batallas en Lexington y Concord, en el condado de Middlesex, Massachusetts.

Aquellos enfrentamientos inauguraron una guerra que se prolongaría hasta 1783, año en que el Tratado de París reconocería oficialmente la independencia de las colonias.

De cualquier forma, en sus comienzos, la guerra contra Gran Bretaña no se planteó como una lucha abierta por la independencia. Los colonos buscaban defender sus derechos frente a las imposiciones británicas. Sin embargo, la sangre derramada pronto transformaría el objetivo: lo que comenzó como resistencia se convertiría en revolución.

El camino hacia la independencia

Tras las primeras escaramuzas, en mayo de 1775, un golpe audaz dio esperanza a los patriotas. Benedict Arnold y Ethan Allen, al frente de un puñado de hombres, tomaron el fuerte Ticonderoga, asegurando un arsenal vital para la causa. Meses después, en el invierno de 1775/76, Henry Knox protagonizó una legendaria hazaña: arrastró 59 piezas de artillería a lo largo de 300 millas, cruzando montañas nevadas y ríos helados, para emplazarlas en Dorchester Heights. Desde allí, Boston quedó bajo el alcance efectivo de los cañones rebeldes, una amenaza que hizo insostenible la posición británica y precipitó su retirada en marzo de 1776.

Una yunta de bueyes transporta cañones hacia Boston como parte del «Noble tren de artillería» de 1775-76.

Una yunta de bueyes transporta cañones hacia Boston como parte del «Noble tren de artillería» de 1775-76.

Pero no todo fueron gestas heroicas y triunfos para los patriotas. El 31 de diciembre de 1775, la batalla de Quebec terminó en desastre para los estadounidenses; en ese momento fue patente que la guerra sería larga y cruel. Fue la primera gran derrota del ejército continental, que perdió hombres, moral y la esperanza de sumar Canadá a la causa.

Mientras el rey Jorge III y el Parlamento británico se mantenían inflexibles en sus políticas, la idea de reconciliación entre las colonias y la metrópoli se desvanecía. Cada carta enviada por el Congreso Continental pidiendo diálogo se estrellaba contra un muro de arrogancia imperial.

La chispa ideológica

Fue en este contexto cuando Thomas Paine, un inmigrante inglés recién llegado a Filadelfia, sacudió las conciencias con un texto que cambiaría la historia: Common Sense (Sentido común). Publicado en enero de 1776, el escrito de 47 páginas no solo denunciaba los agravios y las injusticias británicas, sino que atacaba directamente la monarquía y cuestionaba los fundamentos mismos de la relación entre las colonias y la metrópoli. Paine escribió lo que hasta entonces era impensable: que la dependencia de Londres era absurda y que la independencia no solo era deseable, sino inevitable.

La portada original de Common Sense

La portada original de Common Sense

Su estilo fue revolucionario. Paine evitó el lenguaje jurídico y académico, optando por frases simples y contundentes que cualquier colono podía entender. Esa claridad convirtió el texto en un arma política: en apenas tres meses se imprimieron más de 100.000 copias, una cifra extraordinaria para una población de unos dos millones de habitantes. Common Sense no fue solo un opúsculo; fue un catalizador que transformó la opinión pública y empujó al Congreso Continental hacia la ruptura definitiva con Gran Bretaña.

El impacto fue tal que líderes como George Washington y John Adams reconocieron su influencia en el giro hacia la independencia. Paine no se limitó a criticar; ofreció una visión de futuro basada en la soberanía popular y la creación de una república, ideas que resonarían en la futura Declaración de Independencia.

España: un discreto aliado

Desde los primeros compases del conflicto, España jugó un papel crucial, aunque discreto, en la lucha por la independencia estadounidense. Para evitar una guerra abierta con Gran Bretaña, la Corona canalizó dinero y suministros militares —mosquetes, pólvora, uniformes—mediante una estructura encubierta llamada Roderigue Hortalez y Cía., creada en mayo de 1775 por Luis de Unzaga, representante de España, y gestionada por el francés Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais, con el respaldo conjunto de Francia y España. A esta red se sumó la influyente familia Gardoqui, con sede en Bilbao, que facilitó envíos de armas y fondos hacia las Trece Colonias.

Este apoyo encubierto fue vital para sostener el esfuerzo bélico estadounidense en sus momentos más críticos. Sin los recursos españoles, la resistencia habría carecido de armas y pertrechos para hacer frente militarmente a las tropas británicas. Años más tarde, en 1779, España entraría oficialmente en la guerra, abriendo frentes en el golfo de México y el Caribe, debilitando así el poder británico y contribuyendo indirectamente a la victoria final en Yorktown (1781), que selló el destino definitivo de la independencia.

La derrota británica en Yorktown forzó el inicio de negociaciones de paz y marcó el principio del fin del dominio británico en América del Norte. Fue el golpe definitivo que llevó al Tratado de París en 1783.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas