Desfile durante el Movimiento Antiderechista en China alrededor de 1957

Desfile durante el Movimiento Antiderechista en China alrededor de 1957

La Campaña de las Cien Flores: cuando Mao pidió críticas al régimen y después persiguió a sus autores

Los historiadores siguen debatiendo sobre si el líder chino quería realmente escuchar las sugerencias del pueblo sobre su gobierno o si la Campaña de las Cien Flores fue una trampa desde el principio para identificar a los disidentes derechistas

En 1956, Mao Zedong, el mayor genocida de la humanidad, invitó a los intelectuales del país a que expresasen abiertamente sus opiniones sobre el régimen. El líder chino consideraba que la discusión cultural y artística contribuiría a fortalecer el régimen al tiempo que permitiría la expansión definitiva de las ideas marxistas.

Así, lanzó la Campaña de las Cien Flores, cuyo eslogan principal pronunció Mao en uno de sus discursos: «Permitir que cien flores florezcan y que cien escuelas de pensamiento compitan es la política de promover el progreso en las artes y las ciencias y una cultura socialista floreciente en nuestra tierra».

Pero esta no fue la primera vez que se comentó esta iniciativa. Ya en una reunión del Politburó maoísta, el primer ministro Zhou Enlai defendió arduamente la necesidad de una crítica externa, por lo que propuso las campañas intelectuales con el objetivo de poner el foco de la atención pública e internacional en el pueblo chino.

De acuerdo con la doctrina marxista más pura, que recalcaba la necesidad de eliminar la dominación de una única clase y prestar atención a las demandas de toda la sociedad, se pretendía favorecer la libertad de expresión de la intelectualidad para extenderla posteriormente al grueso de la población.

Y aunque en un primer momento Mao no mostró gran interés por la propuesta del primer ministro, finalmente, entre 1956 y 1957, fomentó que se criticara al nuevo Gobierno y que se comunicaran al Gran Timonel y a su gabinete los diferentes fallos del sistema o las formas de mejorarlo.

Sin embargo, el resultado no fue el esperado. Según narra el documental Mao Tse Tung: el emperador campesino de China, de Nick Davidson para la serie Biography de A&E, aparecieron numerosos carteles que criticaban al Partido Comunista.

En las universidades, los estudiantes crearon un «muro democrático» en el que pegaban cartas y letreros en los que se criticaban precisamente la falta de libertad intelectual, la dureza de la represión anterior contra los líderes de la oposición, la estricta adhesión a las ideas soviéticas y el nivel de vida mucho más elevado del que gozaban los dirigentes del Partido en comparación con los ciudadanos comunes.

El documental, publicado en 1998, advierte que a Mao le afectó mucho la severidad de los comentarios: «Mao estaba muy nervioso. A medida que aparecían más y más carteles, [Mao] estaba cada vez más intranquilo y uno de mis amigos —que era su secretario— incluso me dijo que había enfermado debido a la preocupación», recuerda Su Shachi, exoficial comunista.

Personas leyendo las críticas al gobierno de Mao. Captura del documental

Personas leyendo las críticas al gobierno de Mao. Captura del documental

Esta fue la última vez que el dictador chino consultó al pueblo. En junio de 1957, Mao decretó el final de la Campaña de las Cien Flores y puso en marcha otra serie de campañas antiderechistas que buscaban acabar con todos aquellos que habían participado en este brevísimo intercambio de opiniones.

Un ejemplo fue el periodista Liu Bin Yan, que sugirió que el Partido Comunista debería ser más responsable. Tras aquella crítica, el periodista fue objeto de artículos acusatorios publicados por su propio periódico e incluso fue enviado a trabajar al campo, pero la manipulación del Gran Timonel era tal que Liu Bin Yan pensaba que el equivocado era él: «Me declaré culpable porque no podía pensar que Mao se equivocaba y pensé que era yo el que me equivocaba», relata el periodista chino en Mao Tse Tung: el emperador campesino de China.

El largometraje de Davidson señala que más de un millón de familias se vieron afectadas por la denominada «limpieza antiderechista». La esposa de Liu Bin Yan narra que, cuando enviaron a su marido al campo de trabajo, pensó, al igual que su marido, que era ella quien se estaba equivocando «porque Mao no podía equivocarse». Por ello, confiesa, se resignó a la idea de que su esposo tenía que ser de derechas.

La represión envió a cientos de destacados pensadores chinos a campos de trabajo para su «reeducación» o a prisión. Los historiadores siguen debatiendo sobre si el líder chino quería realmente escuchar las sugerencias del pueblo sobre su gobierno o si la Campaña de las Cien Flores fue una trampa desde el principio para identificar a los disidentes derechistas.

Esta última hipótesis se ve alentada por las palabras que declaró Mao en 1966 ante la prensa: «Algunos dicen que esto es una conspiración. Nosotros decimos que es una estrategia abierta. Porque informamos al enemigo con antelación: sólo permitiendo que los monstruos y demonios salgan de sus guaridas podremos exterminarlos; sólo dejando que las malas hierbas venenosas broten de la tierra podremos arrancarlas fácilmente. ¿Acaso los agricultores no desyerban varias veces al año? La mala hierba, una vez eliminada, todavía puede usarse como fertilizante».

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